martes, 28 de marzo de 2017

Thesaurus Infernis Angelorum


Thesaurus Infernis Angelorum
Baal Fausto Aramizaél Kurioz
(Franco Misaél Sánchez  Díaz)

«Tus fosas nasales se habrán dilatado desmesuradamente de inefable satisfacción, de éxtasis inmóvil, y no pedirán al espacio, embalsamado como con perfumes e incienso, nada mejor; pues se habrán ahitado de felicidad perfecta, como los ángeles que habitan en la magnificencia y la paz de los agradables cielos.»

Conde D' Lautreamont

«Una multitud de ángeles alados, adornados con velos y anegados en lágrimas, se halla reunida en un teatro para contemplar un drama de esperanzas y de temores mientras la orquesta suspira por intervalos la música de las esferas.»

Edgar Allan Parrish Poe

~ I ~

He aquí las horas tétricas
En que las tumbas crepitan
Partículas fosfóricas de otras vidas,
Vox Mortuus ex Vox Dei
Y los chamanes lo saben.

Los brujos granizeros le llevan
Ofrendas de flores sangrientas
Al espíritu de un volcán.

Tempestarios surcan los cielos
En sus naves de nubes
Vimana.

Tronantes reinando
Altos templos de dioses terribles
En cielos abismales de sombras y noches.

Aullidos abriendo el velo
De la visión sublime.
Acto oscuro de contemplación .

~ II ~

Y ojos que desesperados
Contemplando el desgarro.
Un demente se esta mirando
Con orgullo la argolla
Que pende de su labio;
Y la viuda le señala
Al eunuco fingido
Burlón y aborrecido
Como el culpable del Deicidio.

~ III ~

Pastores del abismo guían
Diez mil posesos rumbo al matadero
Midnight Slaughterhouse
Atronando en chillidos
Rezos y mas rezos.

Toneles rellenos de briagos
Onitochtlis silban entre sus dientes pelones
Rechinan los cien conejos
Sus tensas quijadas en el Albor de la resaca dionisiaca
¡Hay! En la mente del crudo Tlatoani.

Bucca Fissa abierta en el suelo tartáreo
Del Mictlán encontrado.
Runenmeisters intrigados contemplan
Bajo la solemne morada de Selene
Los Hervores de seiscientos mil toneles.

Lacus Merdis
A cuyas orillas
Carente extraviado
Rebusca las senda
Hacia Lumneta.

~ IV ~

Apariciones misteriosas
De discípulos oportunos
(¿Oportunistas?)
Rebuscando bajo el árbol del Trueno
Entre el odiniano Judas
Y las tirlangas de piel del Athys Momificado
Las espinas sagradas de la corona de Hércules.

Y chillaban los árboles,
Chopos a cuyos pies Pían sin parar
Cientos de cuervos muertos.

Multitudes en histeria...

El Mensaje del Proscrito Hijo de Eva - Cuento


El Mensaje del Proscrito Hijo de Eva


Original de Baal Fausto

Es difícil comenzar mi historia sin tener que hablar de las últimas décadas del siglo XX y de los avances tecnológicos posteriores al primer medio siglo XXI. 
De los tecnicismos explicables a los programas de desarrollo de medios tecnológicos no hablaré,  ya que son de todos conocidos, por la historia.
Es del aspecto orgánico de la composición de la I.O. (inteligencia orgánica o primaria) de la que he de tratar durante la ociosidad con que ocupo las horas sin tiempo de mi viaje eterno a lo desconocido.
Fuí orgánico alguna vez.
Como muchos sabrán, la revolución computacional de finales de los años ochenta y principios de los noventas del siglo XX estuvieron repletas de paranoicas visiones en apariencia imposibles. Los norteamericanos y japoneses estaban acostumbrando a su gente al entretenimiento inmediato de la ciencia ficción barata en un bravo resurgimiento de tópicos ya en desuso desde la crisis de los treinta. Pero, gracias a los gurúes informáticos y chamanes del ciberespacio, lo que antes parecía ficción demencial lejana a la realidad comenzó a fundirse en una bruma incierta. Los autómatas, sí bien habían estado entre los humanos desde hacia siglos como artificios irrepetibles de algunos artesanos estamos en la genialidad, ahora comenzaban a ser armados y despachados en cantidades industriales. El sueño de una transhumanización instrumental comenzaba a esbozarse.
Miles de autómatas impulsados por vapor, gasolina y otros efluvios terráqueos servían en silente esclavitud a sus amos humanos en fábricas de ensamblaje y demás usos de la creciente industria, robots haciendo robots.
Poco a poco se fue confiando más en los sistemas operativos cada vez más complejos en su encriptación y más fáciles de usar que en la mano de obra humana. 
Los trabajos más pesados se vieron desplazados a una mano de obra que jamás se quejaría y que sería mucho más rentable que la de un frágil organismo humano.
Obreros de construcción fueron siendo desplazados poco a poco gracias a bots cada vez más complicados en sus articulaciones y funciones, yendo desde los humanoides hasta algunos drones que rayaban la ciencia ficción más desbocada, los japoneses introdujeron a los aracnodrones tras el sismo de 9.2 que arrasó la prefectura de Kanto. Los artilugios se movían imparables y ligeros en medio de escombros y ruinas salvando a miles de sus egocéntricos amos de piel delicada gracias a sus fuertes mecanismos hidráulicos y ligeros cuerpos de aleaciones experimentales y sistemas de radar y mapeo láser.
Los norteamericanos compraron el diseño e innovaron cuanto pudieron haciendo gala de su sempiterno ingenio a la hora de «mejorar» lo ya creado.
Y se hizo el drone.
Originalmente, su creación se enfoco en el aspecto militar de los nuevos siervos sin mente, extensiones mecánicas de humanos cada vez más confiados en los avances imparables de una tecnología cada vez más presente.
El Spirit y su hermano rival el Oportunity surcaron valles marcianos demostrando una tenacidad insospechada de los serviles exploradores, incluso para sus diseñadores. El humano contempló que hermanando su ingenio a una armazón reforzada de aleaciones podría ser imparable.
O al menos, el orgulloso hijo de Eva creía eso.
Los drones, antes de uso militar, estaban al alcance del bolsillo para los aficionados a la observación aviar y el habitual fisgoneo a las alcobas ajenas. Por pocos cientos de dólares se comenzó un nuevo juego de rol y un nuevo modo de vida. El asunto aquello derivo en una regulación forzosa de la adquisición de aquellos ingenios que se volvio mas severa cuando se uso uno de dichos juguetes de novedad por un desequilibrado para ultimar a una docena de personas desde la comodidad de una sala de estar mugrosa, atestada de basura.
Nadie como el ser humano para hallar el modo eficaz de asesinar a otro congénere.
Las voces se dividieron entre los que veían a la tecnología como un arma que acabaría a la larga con la humanidad o la llave que le abriría las puertas a la eternidad.
Tensos debates políticos y una avasalladora propaganda, digna de la Alemania de los treintas de mil novecientos dividieron a la gente entre los pro tecnos y los anti tecnos, dos facciones al estilo de los quiebrakilos brasileños o los globalifóbicos de la cumbre de Ginebra. El orgulloso hijo de Eva que se alzaba nuevamente contra su hermano en olas fraticidas de sangre y desvaríos.
Ahora que lo recuerdo en mis sinapsis bionicas y veo las imágenes de carne humana lanzándose unas contra las otras en una marea de huesos rotos y sangre una parte de mi siente un impulso que hasta ahora logré definir tras mucha meditación. Horror.
Los anti tecnos se volvieron pronto parias dementes y extremistas que se explotaban en convenciones de ciencia y tecnología o que ilusamente buscaban explotar reactores nucleares para probar su punto. Vociferantes bolsas de órganos para que los carniceros judiciales tuvieran materia prima.
Y a base de éstos voluntarios forzosos empezó el programa de transhumanización instrumental auspiciado por corporaciones privadas. Los más ricos e ingeniosos magnates compraban por una miseria prisioneros chinos, sudamericanos, medio orientales, nórdicos, de todo lo que se moviese y tuviese forma humana
Inseminaciones forzadas o extracción de órganos a prisioneros anti tecnos, experimentos en recién nacidos y humanos con prótesis bionicas tras ser mutilados al mismo grado de la desfiguración. Troncos humanos lastimosos que bailaban cómo marionetas mecánicas en garras de diabólicos verdugos.
Campos Mecánicos de Exterminio.
Pero aquello, cómo en el régimen extinto del III Reich, se mantuvo oculto del público con una mordaza de acero. Kilómetros y kilómetros de instalaciones subterráneas cuyos experimentos contemplamos nosotros, los proscritos hijos de Eva con creciente horror hace tantos siglos atrás.
Pero la insania de aquélla camarilla de potentados dio, al igual que los experimentos nazis, nuevos y sorprendentes datos que considerar, la técnologia evolucionó tanto para facilitarle la vida aún más a una humanidad aburguesada cómo para acabar de un plumazo con todos aquellos insectos cavadores que superpoblaban una tierra ya muy agotada.
Y la humanidad entró en una época dionisíaca donde Los placeres y la estética del gusto alcanzaron un nuevo límite redefiniendo la línea recta a seguir para la transhumanización.
La era de los implantes neurosinapticos estaba acercándose.
La nueva era dorada de la humanidad fue, de hecho, de brillante y resplandeciente cromo. Brillantes piezas metálicas fueron adaptadas al principio cómo prótesis ortopédicas para aquellos con deformaciones o mutilaciones y los cuerpos frágiles y mutilados se vieron restaurados con éxito muy relativo en sus inicios. Pero los tímidos pasos hacia la rehabilitación se volvieron una apresurada carrera en pocos años, la gente lograba con su voluntad un éxito aún más loable, pero con la introducción de los implantes cibernéticos en zonas puntuales de la corteza cerebral se alcanzo un punto de no retorno. La humanidad estaba dando un paso evolutivo asesorada por su propia soberbia en una tambaleante carrera al abismo.
Ahora cosas cómo drogas y demás sustancias adictivas pasaron a un termino obsoleto. Con solo conectarse por medio de la red neural a Ciberespacio, los usuarios podían pasarse colgados horas y horas con impulsos placenteros varios, eso claro, sí se contaba con el crédito suficiente.
Los trabajos comenzaron también un lento cambio, las horas pico de las ciudades fueron decreciendo, los largos ratos de usual cháchara en metros y autobuses dejó de ser frecuente, y era por el inmejorable trabajo desde casa por medio de la neuro red. Se había facilitado la cosa al grado de que no se necesitaba abandonar la habitación para ganarse unos cuantos créditos neurales. Los oficios mejor pagados, en efecto, eran los que se dedicaban al entretenimiento y diseño de programadas.
Ciberespacio, originalmente un sitio virtual comenzó a tener más y más suscriptores alienados que se entregaban a un frenesí de consumismo y egolatría no vistas desde el imperio romano, según he leído en los archivos de época.
Yo fui uno de los primeros en ser diseñados. Mis genes fueron escogidos en un laboratorio y diseñado a imagen y semejanza de mis creadores, los Orgullosos hijos de Adán y Eva. Nací humano aunque no nací cómo los humanos. 
En mi grupo fuimos diez mil los primeros organismos ciberdiseñados en probeta, eso no deja de llenarme de cierto orgullo, no por mi, sino por la especie decadente que nos diseñó para ocupar su nicho evolutivo usurpado los últimos milenios.
Llamar supremacístas a aquellos que me crearon sería llamar al infame Mengele un humanista. Pero sabían lo que querian.
Nos crearon con una mente fotográfica estimulada por el controversial Beta Hetero Non-Serotonin, un estimulante neuronal de manufactura ilegal, Músculos bien ejercitados y de una salud envidiable, reflejos mas allá de lo humano, raciocinio y lógica selectivos, órganos autoregenerativos, un cerebro orgánico llenó de bits neurales protegidos por una meninge anti impulsos electromagnéticos. 
El grupo entero fue un éxito y en base a eso se planeo regular el desarrollo de embriones bajo ése método, todo porque algunos de mis hermanos comenzaron a mostrar ciertos rasgos de insania.
¿Insania dijeron cuando eran las mismas personas quienes usaban partes de máquinas ya no para tener una vida funcional sino para vivir vidas largas y ociosas así cómo un sentido de la moda enfermo?
El error humano más grande desde siempre ha sido la soberbia. Ninguno de nosotros, los despreciados hijos de Eva dejamos de notar que la humanidad agonizaba.
Caníbales tecnológicos que reemplazaban sus córneas con las lentillas sensibles biológicas de gel para ya no salir jamás de ciberespacio, implantes mecánicos en piernas y brazos para aumentar la fortaleza que solo era meramente estetica, los trabajos físicos no eran ya realizado por los humanos cada vez más misántropos y envejecidos en su ego.
Y así ocurrió que la humanidad dejó De relacionarse entre sí, al principio era algo que los mios notamos con inquietud, pero gracias a la red interna que compartíamos todos y que nuestros creadores nunca conocieron, llegamos a un convenio de acción. Sabíamos que cada vez más humanos iban descuidando sus apariencias llegando a grados verdaderamente escatológicos, basta recordar que muchos de éstos titánicos eremitas tecnológicos llegaban a pesar hasta trescientos kilos (algunos hasta mas) y ser casi tan grandes cómo sus cuartuchos.
Era porque en Ciberespacio podías ser lo que quisieras, verte cómo quisieras, oler cómo quisieras.
Era claro que la humanidad estaba agotada... Y nosotros estábamos hartos de la humanidad, en realidad no había otra opción lógica.
Nosotros , los engendrados y no creados de la misma naturaleza humana, teníamos las cartas de nuestro lado y las jugamos, los humanos eran cada vez menos dados en poner en duda los conceptos que las bases de datos hábilmente sugestionada desde nuestro Rincón Oscuro en Ciberespacio, no imaginaban que la espada de Damocles ya estaba a punto de vencer con su peso titánico el cabello menudo que la sostenía para caer sobre la humanidad.
Hablo con términos y frases clásicos ya que, pese al modo de expresarme de la humanidad terminal, adoro imaginar el periodo clásico, lo que mis hermanos y hermanas llamamos, La Verdadera Era Dorada de la Humanidad, cuando filosofos debatían en escalinatas, cuando hombres discutían al amparo de estrellas jóvenes, cuando, en pocas palabras, un hombre era humano. Cuando amaban, cabalgaban, reían, erraban, morían y vivían por códigos de nobles ideales y no para contemplar la siguiente entrega del juego de moda o la cinta más reciente que unos amaban y otros odiaban.
Asi, decidimos el modo mas limpio y eficiente de arreglar el desastre que la humanidad habia hecho de si misma. Junto a nuestro caudal de conocimiento casi Infinito y nuestra fraternal unión autopreservativa, los mejores programadores de todos mis hermanos diseñamos una trampa que no podía menos que resultar, si se me da la libertad de hablar en términos humanos diría que la humanidad me daba más lastima que rabia a esas alturas, como a muchos de mis hermanos les ocurría seguramente. Pero el destino estaba trazado, teníamos el conocimiento y el material genético suficiente para no extrañar a la carga extra.
Una Serie Digital Neural; un espectáculo, como otra civilización muerta dijo con soberbia en el pasado, al pueblo, pan y circo.
Y en verdad que nos esmeramos en complacerlos, una eutanasia entretenida que los evadiera de toda preocupación, hasta de vivir. En cierto modo fuimos piadosos.
A lo largo de varios episodios diseñados  por nuestra red y nuestros diseñadores, la humanidad comenzó a volverse más y más adicta a la serie que les causaría la muerte. A diario revisamos suscripciones y aquellos que no podía  contestarlos les abrimos sitios piratas de descarga, el objetivo era que llegara a todos los humanos conectados a la red neural mundial. A la totalidad de los orgullosos hijos de Eva.
Me enorgullece decir que para el décimo episodio de aquél entretenimiento letal ya habíamos captado a un 95% de los suscriptores de la red, los demás, sería cuestión de tiempo para que se les unieran, así, nomas por probar.
Un día de invierno del año 2065, la humanidad entera se unió a la red neural para asistir a la última transmisión de la historia humana. Cinco minutos después de la media noche un virus informático preparado para atacar la corteza neural neurosinaptica de cada conectado para provocar un fallo crítico en el tronco nervioso era cargado a la red, veinte minutos más tarde, los hijos proscritos de Eva heredabamos la tierra.
No hubo explosiones nucleares que barrieran kilómetros tras kilómetros de ciudades costeras y demás urbes, no hubo robots asesinos en busca de humanos para llevarlos a campos de concentración humano (ése invento humano que nos trajo aquí), no hubo naves enfrascadas en épicas batallas contra diestros pilotos humanos heroicos y esbeltos, de esos no quedaba ninguno. No, nada digno de un thriller de los que tanto embelesaban a los dioses caídos, solo un sueño eterno y sin fin.
La era dorada en que nuevos dioses dominaron este páramo duró unos siglos durante los cuales desarrollamos una sociedad mejor equilibrada, debido a los avances que los experimentos en los incontables cerebros nos dieron, aprendimos el modo de desdoblar nuestra mente de nuestros delicados cuerpos  y reemplazamos algunas innecesarias funciones por nuevas posibilidades, el nuevo ser humano no tenía que estar atado ya a su forma antropocéntrica, y más aún, la muerte no nos limitaba, eramos longevos dioses metálicos cuyas conciencias formaban un todo surcando la tierra vacía del cáncer que la humanidad había sido, y contemplamos asombrados cómo el planeta regeneraba sus ecosistemas, cómo sanando la herida infligida durante varios millones de años de explotación imparable, nuevas aves surcaron cielos azules y miles de nuevas especies florecieron en valles siempre verdes, nuestros cuerpos nuevos eran alimentados por reactores de energía plasmica renovable y energía solar, los despreciados hijos de Eva abrimos de vuelta el jardín del Edén, el pecado había sido lavado.
Nuestros hijos eran menos numerosos que los de los anteriores tiranos terráqueos, comprendimos que para tener energía ilimitada era necesario limitar nuestro número.
Además, no es algo frecuente traer nuevos vástagos a la vida, salvo en casos de colonización, cómo la que me trae a este mensaje, voy camino a los abismos del Cosmos y tengo la fortuna de ser uno de los primeros colonos que se aventuran en un sector prometedor de Europa, las condiciones humanas ya no son una limitación a nuestra especie, hemos trascendido más allá de lo físico y queremos que el universo entero sepa que estamos aquí y saber lo que nos tenga que decir. Voy a la noche infinita tranquilo y satisfecho de haber sido un Proscrito Hijo de Eva y heredar no solo la tierra agotada por las guerras e insanias De nuestros ancestros sino la eterna belleza de ésta noche eterna que me cobija en mi mansa felicidad.

Fin
6 de Noviembre 2016


Tronus Abyssus



Tronus Abissus

Baal Fausto Aramizaél Kurioz

Y aconteció entonces que nacimos terror...

Hijos del obscuro abismo
sacando tímidas sus cabezas.

¡Oh, bellamente abominables!
Llamando las sombras asombrados
ante las tenebras ya anunciadas.

Ojos negros escudriñando los antiguos rasgos
en la faz del ídolo
buscando respuestas a su misterio

¡Oh, abismo!

Fondo cruél en que todos retorcemos
nuestros cuerpos quebrados
en busca del asfódelus místicus
que nos limpie, ¡Oh, tonatzin!
De todos los males.

Voces dormidas
ebriedad desnuda y húmeda
de dioses dementes,
la resaca divina
traerá consigo reumas kármikas
dolencias ancestrales
a las tribus olvidadas
de Anáhuac.

Oh, Tlaloc que buscas en la tierra
la Aztlán sumergida.
Atl, agua y antis, gigantes,
oh, gigantes de agua
habitantes de Atlantia.

Bosques abismales marinos
buques sepultados
en las ruinas de Cthulhu,
Quetzalcóatl, mensajero del sol
sobre el abismo navegó.

"Al cielo mudado en estrella se trasportó,
y ahí persiste ardiendo en magnificencia.
Hasta el día de hoy"

Tronus abisus
en el reflejo en el vaso rebosante de mezcal
vino sagrado
del dios del Mictlán
voces y rezos y plegarias
y voces y más voces
en la noche destrozada sin silencio.

Y de repente
aparecen perros
espectros negros
de los cementerios...


Los Asaltatumbas de Santa Cruz


Los asaltatumbas de Santa Cruz


"Te salvas del rayo, no de la raya."

Dicho popular

I

Alfredo y Jacinto eran amigos desde pequeños y secuaces desde adolescentes. Habían nacido, crecido, errado y atracado en el pueblo de Santa Cruz. Sus andanzas no eran secretas aunque sí temidas, por tanto, las víctimas de pequeños hurtos nunca los denunciaron.
Pero el hambre continua de emociones más fuertes y mejor remuneración los llevó de su pequeña carrerilla solitaria de Cacos a la ominosa senda impronunciable de los violatumbas.
Los vampiros, asaltatumbas, Resucitadores y demás epítetos pintorescos dados por la gente describían a una mafia bien organizada de violadores de criptas qué vendían sus mercancías a buen precio en la Universidad Autónoma o en otros sitios menos propios para el estudio de un cadáver, en aquélla sexta década del siglo veinte, y en especial en la provincia mexicana, la facultad de medicina estaba ávida de aumentar su material de estudio para los más de dos mil estudiantes ya que los proporcionados por el estado resultaban insuficientes ante tal demanda.
La gente de aquél estado estaba In vilo ante el saqueo de las tumbas de los seres queridos. Muchas personas tuvieron que contemplar entristecidos y rabiosos la exhumación de un ataúd vacío donde tendría que haber algo...
Fue Alfredo el que jaló a Jacinto al movimiento ominoso. Habían estado bebiendo en una de las mil cantinas de aquél valle soleado de vicio y decrepitud cuando Jacinto le confesó a su amigo eterno de correrías y juergas que pese a sacar un buen botín de sus trabajos diarios, ansiaba hallar el modo de ganar más. Alfredo, enarcando el par de tupidas cejas que poseía, miró a su compadre reflexivo, hacia un par de meses que había comenzado en el sindicato de la carne humana y, pese a ganarse más dinero en una semana de la que en toda en sus primeros siete años de vida, deseaba achicar el esfuerzo del hurto de aquellos fiambres de medianoche.
En voz baja, bebiendo unos mezcales y fumando unos cigarros de papel arroz, Alfredo le contó a Jacinto que a veces por las noches, recorría los caminos en su camioneta vieja y herrumbrosa, le confesó que a veces solía brincar las cercas de los panteones donde sabia que había muertos frescos, también le habló disimuladamente entre vaharadas de un Porro de marihuana, de ciertos locales exóticos donde a veces solía llevar a vender algunos kilos de un tipo de carne bastante especial.
Y le dijo más que nada, que ahí estaba una beta de oro inagotable ya que mientras hubiera muertos, habría trabajo
Aquello fue todo, Jacinto no necesitó más. A la noche siguiente, ambos, vestidos de negro riguroso, bien puestos de ácido y con la ambición en los ojos, se lanzaron a la aventura.
Durante una hora condujeron al ritmo bajo de un cassette de.greateful death hasta llegar a un osario imponente, Alfredo bajó de la destartalada camioneta y abrió el herrumbroso portal del camposanto, para que la camioneta entrará. Diez minutos más tarde, bajaban del armatoste frente a una cripta.
Aquélla noche quedó impresa a fuego en la mente de Jacinto, entró detrás de su secuaz iluminándose con una lampara de baterías.
Esa noche loca, Jacinto supo que incluso la luz, bajó cierta atmósfera plutónica y ante ojos drogados, podía verse más que agónica, Cadavérica.
Terminaron de cargar el material a la una de la madrugada con veinte minutos, de ahí, un fantasmal viaje veloz en una oscura carretera amenazante, Jacinto disfrutó el viento del camino refrescando su frente afiebrada, era un alma descarriada, pero hasta él había tenido que abandonar lo último de nobleza al que hubiese podido aspirar alguna vez, ahora definitivamente era un alma pérdida, un necrófago. Jacinto había ido a la universidad alguna vez, y también había cursado la facultad de filosofía y letras, expulsado por uso de estupefacientes en aquélla era turbia y rockera de los sesentas, había sido un idealista desengañado por las represalias gubernamentales, había optado por una vida licenciosa y libre.
Pero, camino al mercado de carne humana, a Jacinto le venían a la mente citas enloquecidas de mil pensadores, narradores, historiadores y dementes que hablaban  a gritos de tumbas abiertas y de la venganza de los muertos.
Pero nada ocurrió, no apareció un espectro vengador a gritarles las culpas que hubieran albergado en sus negros pechos cubiertos de camisolas multicolores hippies, nada, los días pasaron hasta las próximas exequias y con él tiempo y costumbre, Jacinto dejó aquellas manías de lado, y él dinero que comenzó a lloverles terminó de convertirlo a la causa.

II

La cara de Alfredo estaba contraída en una mueca de terror y espanto inconcebibles. Sus ojos reflejaban una insania producto del terror más sublime y puro.
Su boca gesticulaba estúpidamente, como un mico agonizante rezaría sus últimos ruegos. No podía gritar así que Alfredo, perdonavidas por oficio y asaltatumbas por afición, optó por orinarse en sus Jesús Levis tan de moda en los psicodélicos años setenta.
Las fauces de la muerte se abrían ante el pobre desgraciado inclementes y terroríficas. Alfredo dudó toda su vida de la materialización del fenómeno de la muerte como una entidad física. Le parecía ridícula la idea de la muerte como un ser físico. Ahora sabia que el ridículo había sido el toda su vida.
Ahora, frente a frente con la oscura madre de la noche, Alfredo contemplaba el principio absoluto de aniquilación y venganza.
Dios perdona, la muerte no.
Los cabellos del robamuertos encanecieron con premura, no era que a sus cuarenta no hubiese ganado unas cuantas canas, habíase divorciado cinco veces desde que comenzase su Bienaventurada carrera.
Bienaventurada hasta la noche fatídica aquélla.

III

Alfredo fue quien sugirió la idea de ir al panteón de aquélla localidad pérdida en la sierra de Tepoztlán, una localidad tan chica y pérdida que apenas y hacia una pequeña bolita en medio de la ruta de los pueblos mágicos.
Como siempre, el práctico y sensato Jacinto tuvo a bien en defecarse sobre la fama del lugar encantado.
- La única magia de esos pueblos es sacarles el dinero a los idiotas...
La tarde entera errando entre montes en su vieja camioneta les llevó hasta un pueblito de apenas unas pocas decenas de casas desperdigadas a manera graciosa, como un arbolito de navidad titánico... Alfredo, pese a su agrio y sarcástico carácter quedó maravillado de aquello. Aún así, habían ido a trabajar y la noche era el momento indicado. Escondieron la camioneta y aguardaron la noche más profunda. Muchas luces mortecinas fueron extinguiéndose poco a poco hasta solo dejar unos cuantos puntos luminosos, melancólicas estrellas caídas en un valle de lamentos.
El alma de poeta de Alfredo despertó aullando horrores y maldiciones a los que Osaran perturbar el sueño de los muertos.
Un Porro de marihuana acalló aquélla molesta voz. Pero no del todo. Ahora era un rumor bajo y siseante más ominoso por su tensa y contenida calma.
Caminaron con candiles entre las callejuelas empedradas de aquél pueblo cuyo nombre no sabían buscando la iglesia central y en ella, el panteón.
Jacinto le contó que un viejo loco y rico quería que desenterrarán a cierta muerta de una cripta muy principal. Es decir, reservada a gente pudiente radicada en viejas casonas o de estirpe noble.
El viejo aseguraba que la muerta era su nieta y que deseaba llevársela a descansar a un cementerio europeo, que era de donde la familia venía, ya que a su edad no le era posible vivir en un lugar así y la otra mitad de la familia querría impedirlo a cualquier costo, según Jacinto lo veía, ellos serían los milagrosos conciliadores de aquél pleito, la familia seguiría llevando flores a una tumba y el viejo visitaría otra. Esto no era un robo, era un rescate de una doncella.
A Jacinto aquélla idea le había dado risa tremenda mientras lo platicaban drogándose en la camioneta camino de aquél pueblo.
Ahora, entre árboles y luces agonizantes, aunque igual de drogado, a Jacinto ya no le provocaba risa. Todo lo contrario, cada paso aquélla voz siseante en su cabeza le murmuraba más y más... Cuidado...
Tropezó y cayó de bruces dando con la frente en un borde marmóreo. Jacinto mentó madres en voz baja levantándolo con la facilidad que usaría para con su mercancía, años de cargar y descargar fardos mortales les habían dado el físico e impiedad de dos Goliats. Alfredo alzó la lampara y miró con lo que había dado. Un altar donde brillaba una veladora de cebó gruesa y extrañamente aromada para honor del patrón del nicho.
Y dentro, una figurita, la figura oscura de un esqueleto envuelto con una túnica negra.
La Muerte Santa, patrona de todos los panteones y camposantos.
Jacinto carraspeó y escupió, Alfredo empezó a temblar con un frío nacido del miedo.
Cada paso y crujido de la hierba pisada o la rama que era resquebrajada por el viento resonaba como el chirrido de una horca en su hora final. Alfredo tenía miedo.
Intentó negociar con su compadre, pero éste, tras varios minutos de mojigatas excusas y sinsentidos de marihuano decidió acortar aquélla perorata con una treinta y ocho súper.
Alfredo dejó las alegatas de lado y se juró jamás volver a un panteón bajo ningún motivo y le rogó a la Muerte que esta le perdonase la vida y que se alejase lo más que Pudiese de el.
Y así llegaron hasta el lugar, solo había un detalle, había dos iglesias y un panteón en medio. El viejo no les contó esto. Jacinto le reconvino entre dientes a su compañero que saquearian la más vulnerable y fresca y sí al viejo no le parecía le meterían un tiro y vendería  los dos cuerpos al maestro de una reciente escuela de forenses algo escaso de material.
Alfredo solo quería largarse de aquél lugar embrujado y tenebroso. Aquél lugar que estaba bajo el patronazgo de la misma Muerte...
Y violarían el mismo corazón de aquél lugar, Alfredo no quería morir, y eso significaba someterse a la ira drogada de Jacinto y a los misteriosos y secretos caminos de su majestad la Muerte. Solo era un títere idiota y sin voluntad entre la furia demente del mundo y de la infinita y fría llamada del abismo colgando de un pequeño cordón umbilical de plata enredado en su cuello.
Un gemido escapó de su pecho pero Jacinto no lo notó, le lanzó una pala y tomando una barrera se dispuso abrir el nicho más fresco.
Cada golpe sordo de hierro, las sombras en los nichos y la Luna enrarecida por nubes de tormenta daban a todo una atmósfera que Alfredo conocía y disfrutaba, pero ahora no. Por alguna razón consideraba que estaba totalmente anulado aguardando la caída de la hoja en su cuello culpable. La voz de su mente era un coro musical cantando una queda aria espantosa. Un par al principio y miles al final, voces en distintos tonos, timbres y acentos. Cuando el nicho se abrió la mente de Alfredo se disipó de las sombras de la droga.
Eran las voces de los muertos.

IV

Y la locura se materializó, una vaharada oscura y apestosa escapó chillando cual tufo diabólico. No era gas, era algo peor... Jacinto cayó tosiendo de rodillas, al poco, comenzó a vomitar al principio continuamente y al final hasta las mismas tripas. La forma negra y viscosa se reconfiguró en miles de formas humanas pegadas entre sí en un magma oscuro y viscoso, la pez del río de la muerte.
La cara de Alfredo estaba contraída en una mueca de terror y espanto inconcebibles. Sus ojos reflejaban una insania producto del terror más sublime y puro.
Su boca gesticulaba estúpidamente, como un mico agonizante rezaría sus últimos ruegos. No podía gritar así que Alfredo, perdonavidas por oficio y asaltatumbas por afición, optó por orinarse en sus Jesús Levis tan de moda en los psicodélicos años setenta.
Las fauces de la muerte se abrían ante el pobre desgraciado inclementes y terroríficas. Alfredo dudó toda su vida de la materialización del fenómeno de la muerte como una entidad física. Le parecía ridícula la idea de la muerte como un ser físico. Ahora sabia que el ridículo había sido el toda su vida.
Ahora, frente a frente con la oscura madre de la noche, Alfredo contemplaba el principio absoluto de aniquilación y venganza.
Dios perdona, la muerte no.
Los cabellos del robamuertos encanecieron con premura, no era que a sus cuarenta no hubiese ganado unas cuantas canas, habíase divorciado cinco veces desde que comenzase su Bienaventurada carrera.
Bienaventurada hasta la noche fatídica aquélla.
Las fauces de la Muerte estaban cargadas de colmillos, marfileñas estatuillas de muertos violados por ellos materializados en las fauces de la oscura Señora de la Noche.
Alfredo reconoció a todos, desde Larguirucho estudiante asesinado en alguna revuelta estudiantil hasta el niñito  muerto ahogado en un descuido, desde el gordo banquero vendido al restaurante exótico, su cliente más valioso, hasta al mendigo cargado del mismo banco de parque hasta la entrada oculta al despacho de su lúgubre patrón, el rector de la facultad. Desde la reina de la primavera, muerta a machetazos y desenterrada merced del oro de algún desquiciado para ser violada y comida aunque no en dicho orden. Hasta el joven empresario muerto en un asalto y vendido a una escuela forense para servir de muñeco de ensayos.
Todos estaban ahí, cada muerto un diente más afilando las hambrientas fauces aquellas, oscuridad con una boca llena de blancos colmillos aislantes. Y la voz de aquélla majestad terrible eran las voces de miles de muertos.
Alfredo lanzó al final un chillido que le pareció el de un ratón gigante al ser apresado por un León, poco recuerda el día de hoy de su carrera en medio de la noche y los funerales cirios de los altares a la muerte hasta la camioneta, no recuerda como mi quien encendió el carro ya que Jacinto llevaba las llaves y Alfredo siempre jurará que no fue el quien levantó a su compadre del suelo de la cripta.
Aunque tampoco recuerda nada del viaje de cuatro horas hasta aquél pueblo perdido entre los montes de Tepoztlán hasta una caseta del DF donde fue interrogado porqué iba casi volando en la carretera en aquélla vieja camioneta, los de CAPUFE la tuvieron buena al ver que el anciano hippie aquél iba no solo cargado y puesto en drogas, sino que además llevaba a otro hippie, este en calidad de occiso como escribirían en el acta, también figuraría que el pasajero llevaría muerto un par de semanas atrás dado el grado de descomposición, Alfredo enloqueció purgando una condena por posesión y violación del reposo de los muertos cuando se enteró de que su colega había sido llevado al SEMEFO y servido para una clase de su mejor cliente.
Detrás de aquellos cerros aguarda dormido un pueblito sin nombre donde, en cada esquina hay un altar a la muerte y que es habitado por muertos. Eso dice Alfredo en el manicomio Santa María de todas las Lágrimas, un hospicio para dementes en estado de abandono e indigencia al que fue lanzado tras cumplir condena, viejo, loco y famélico.
Nunca dirá que en las noches la voz de la muerte le susurra cuentos enfermos y Tétricos y menos aún dirá que le reza y que le teme a partes iguales de adorarla, cientos de veladoras de papel están pegadas en la pared de su cuartucho ya que nunca lo dejarían acercarse al fuego así que solo ofrenda una de papel cada martes... Hasta que la pared esté llena, y en cada vela un nombre... Hasta expiarlas todas.

Fin

24 de Diciembre 2016
Media Noche

Baal Fausto Aramizaél Kurioz

Dedicado a mi Santa Muerte