El Mensaje del Proscrito Hijo de Eva
Original de Baal Fausto
Es difícil comenzar mi historia sin tener que hablar de las últimas décadas del siglo XX y de los avances tecnológicos posteriores al primer medio siglo XXI.
De los tecnicismos explicables a los programas de desarrollo de medios tecnológicos no hablaré, ya que son de todos conocidos, por la historia.
Es del aspecto orgánico de la composición de la I.O. (inteligencia orgánica o primaria) de la que he de tratar durante la ociosidad con que ocupo las horas sin tiempo de mi viaje eterno a lo desconocido.
Fuí orgánico alguna vez.
Como muchos sabrán, la revolución computacional de finales de los años ochenta y principios de los noventas del siglo XX estuvieron repletas de paranoicas visiones en apariencia imposibles. Los norteamericanos y japoneses estaban acostumbrando a su gente al entretenimiento inmediato de la ciencia ficción barata en un bravo resurgimiento de tópicos ya en desuso desde la crisis de los treinta. Pero, gracias a los gurúes informáticos y chamanes del ciberespacio, lo que antes parecía ficción demencial lejana a la realidad comenzó a fundirse en una bruma incierta. Los autómatas, sí bien habían estado entre los humanos desde hacia siglos como artificios irrepetibles de algunos artesanos estamos en la genialidad, ahora comenzaban a ser armados y despachados en cantidades industriales. El sueño de una transhumanización instrumental comenzaba a esbozarse.
Miles de autómatas impulsados por vapor, gasolina y otros efluvios terráqueos servían en silente esclavitud a sus amos humanos en fábricas de ensamblaje y demás usos de la creciente industria, robots haciendo robots.
Poco a poco se fue confiando más en los sistemas operativos cada vez más complejos en su encriptación y más fáciles de usar que en la mano de obra humana.
Los trabajos más pesados se vieron desplazados a una mano de obra que jamás se quejaría y que sería mucho más rentable que la de un frágil organismo humano.
Obreros de construcción fueron siendo desplazados poco a poco gracias a bots cada vez más complicados en sus articulaciones y funciones, yendo desde los humanoides hasta algunos drones que rayaban la ciencia ficción más desbocada, los japoneses introdujeron a los aracnodrones tras el sismo de 9.2 que arrasó la prefectura de Kanto. Los artilugios se movían imparables y ligeros en medio de escombros y ruinas salvando a miles de sus egocéntricos amos de piel delicada gracias a sus fuertes mecanismos hidráulicos y ligeros cuerpos de aleaciones experimentales y sistemas de radar y mapeo láser.
Los norteamericanos compraron el diseño e innovaron cuanto pudieron haciendo gala de su sempiterno ingenio a la hora de «mejorar» lo ya creado.
Y se hizo el drone.
Originalmente, su creación se enfoco en el aspecto militar de los nuevos siervos sin mente, extensiones mecánicas de humanos cada vez más confiados en los avances imparables de una tecnología cada vez más presente.
El Spirit y su hermano rival el Oportunity surcaron valles marcianos demostrando una tenacidad insospechada de los serviles exploradores, incluso para sus diseñadores. El humano contempló que hermanando su ingenio a una armazón reforzada de aleaciones podría ser imparable.
O al menos, el orgulloso hijo de Eva creía eso.
Los drones, antes de uso militar, estaban al alcance del bolsillo para los aficionados a la observación aviar y el habitual fisgoneo a las alcobas ajenas. Por pocos cientos de dólares se comenzó un nuevo juego de rol y un nuevo modo de vida. El asunto aquello derivo en una regulación forzosa de la adquisición de aquellos ingenios que se volvio mas severa cuando se uso uno de dichos juguetes de novedad por un desequilibrado para ultimar a una docena de personas desde la comodidad de una sala de estar mugrosa, atestada de basura.
Nadie como el ser humano para hallar el modo eficaz de asesinar a otro congénere.
Las voces se dividieron entre los que veían a la tecnología como un arma que acabaría a la larga con la humanidad o la llave que le abriría las puertas a la eternidad.
Tensos debates políticos y una avasalladora propaganda, digna de la Alemania de los treintas de mil novecientos dividieron a la gente entre los pro tecnos y los anti tecnos, dos facciones al estilo de los quiebrakilos brasileños o los globalifóbicos de la cumbre de Ginebra. El orgulloso hijo de Eva que se alzaba nuevamente contra su hermano en olas fraticidas de sangre y desvaríos.
Ahora que lo recuerdo en mis sinapsis bionicas y veo las imágenes de carne humana lanzándose unas contra las otras en una marea de huesos rotos y sangre una parte de mi siente un impulso que hasta ahora logré definir tras mucha meditación. Horror.
Los anti tecnos se volvieron pronto parias dementes y extremistas que se explotaban en convenciones de ciencia y tecnología o que ilusamente buscaban explotar reactores nucleares para probar su punto. Vociferantes bolsas de órganos para que los carniceros judiciales tuvieran materia prima.
Y a base de éstos voluntarios forzosos empezó el programa de transhumanización instrumental auspiciado por corporaciones privadas. Los más ricos e ingeniosos magnates compraban por una miseria prisioneros chinos, sudamericanos, medio orientales, nórdicos, de todo lo que se moviese y tuviese forma humana
Inseminaciones forzadas o extracción de órganos a prisioneros anti tecnos, experimentos en recién nacidos y humanos con prótesis bionicas tras ser mutilados al mismo grado de la desfiguración. Troncos humanos lastimosos que bailaban cómo marionetas mecánicas en garras de diabólicos verdugos.
Campos Mecánicos de Exterminio.
Pero aquello, cómo en el régimen extinto del III Reich, se mantuvo oculto del público con una mordaza de acero. Kilómetros y kilómetros de instalaciones subterráneas cuyos experimentos contemplamos nosotros, los proscritos hijos de Eva con creciente horror hace tantos siglos atrás.
Pero la insania de aquélla camarilla de potentados dio, al igual que los experimentos nazis, nuevos y sorprendentes datos que considerar, la técnologia evolucionó tanto para facilitarle la vida aún más a una humanidad aburguesada cómo para acabar de un plumazo con todos aquellos insectos cavadores que superpoblaban una tierra ya muy agotada.
Y la humanidad entró en una época dionisíaca donde Los placeres y la estética del gusto alcanzaron un nuevo límite redefiniendo la línea recta a seguir para la transhumanización.
La era de los implantes neurosinapticos estaba acercándose.
La nueva era dorada de la humanidad fue, de hecho, de brillante y resplandeciente cromo. Brillantes piezas metálicas fueron adaptadas al principio cómo prótesis ortopédicas para aquellos con deformaciones o mutilaciones y los cuerpos frágiles y mutilados se vieron restaurados con éxito muy relativo en sus inicios. Pero los tímidos pasos hacia la rehabilitación se volvieron una apresurada carrera en pocos años, la gente lograba con su voluntad un éxito aún más loable, pero con la introducción de los implantes cibernéticos en zonas puntuales de la corteza cerebral se alcanzo un punto de no retorno. La humanidad estaba dando un paso evolutivo asesorada por su propia soberbia en una tambaleante carrera al abismo.
Ahora cosas cómo drogas y demás sustancias adictivas pasaron a un termino obsoleto. Con solo conectarse por medio de la red neural a Ciberespacio, los usuarios podían pasarse colgados horas y horas con impulsos placenteros varios, eso claro, sí se contaba con el crédito suficiente.
Los trabajos comenzaron también un lento cambio, las horas pico de las ciudades fueron decreciendo, los largos ratos de usual cháchara en metros y autobuses dejó de ser frecuente, y era por el inmejorable trabajo desde casa por medio de la neuro red. Se había facilitado la cosa al grado de que no se necesitaba abandonar la habitación para ganarse unos cuantos créditos neurales. Los oficios mejor pagados, en efecto, eran los que se dedicaban al entretenimiento y diseño de programadas.
Ciberespacio, originalmente un sitio virtual comenzó a tener más y más suscriptores alienados que se entregaban a un frenesí de consumismo y egolatría no vistas desde el imperio romano, según he leído en los archivos de época.
Yo fui uno de los primeros en ser diseñados. Mis genes fueron escogidos en un laboratorio y diseñado a imagen y semejanza de mis creadores, los Orgullosos hijos de Adán y Eva. Nací humano aunque no nací cómo los humanos.
En mi grupo fuimos diez mil los primeros organismos ciberdiseñados en probeta, eso no deja de llenarme de cierto orgullo, no por mi, sino por la especie decadente que nos diseñó para ocupar su nicho evolutivo usurpado los últimos milenios.
Llamar supremacístas a aquellos que me crearon sería llamar al infame Mengele un humanista. Pero sabían lo que querian.
Nos crearon con una mente fotográfica estimulada por el controversial Beta Hetero Non-Serotonin, un estimulante neuronal de manufactura ilegal, Músculos bien ejercitados y de una salud envidiable, reflejos mas allá de lo humano, raciocinio y lógica selectivos, órganos autoregenerativos, un cerebro orgánico llenó de bits neurales protegidos por una meninge anti impulsos electromagnéticos.
El grupo entero fue un éxito y en base a eso se planeo regular el desarrollo de embriones bajo ése método, todo porque algunos de mis hermanos comenzaron a mostrar ciertos rasgos de insania.
¿Insania dijeron cuando eran las mismas personas quienes usaban partes de máquinas ya no para tener una vida funcional sino para vivir vidas largas y ociosas así cómo un sentido de la moda enfermo?
El error humano más grande desde siempre ha sido la soberbia. Ninguno de nosotros, los despreciados hijos de Eva dejamos de notar que la humanidad agonizaba.
Caníbales tecnológicos que reemplazaban sus córneas con las lentillas sensibles biológicas de gel para ya no salir jamás de ciberespacio, implantes mecánicos en piernas y brazos para aumentar la fortaleza que solo era meramente estetica, los trabajos físicos no eran ya realizado por los humanos cada vez más misántropos y envejecidos en su ego.
Y así ocurrió que la humanidad dejó De relacionarse entre sí, al principio era algo que los mios notamos con inquietud, pero gracias a la red interna que compartíamos todos y que nuestros creadores nunca conocieron, llegamos a un convenio de acción. Sabíamos que cada vez más humanos iban descuidando sus apariencias llegando a grados verdaderamente escatológicos, basta recordar que muchos de éstos titánicos eremitas tecnológicos llegaban a pesar hasta trescientos kilos (algunos hasta mas) y ser casi tan grandes cómo sus cuartuchos.
Era porque en Ciberespacio podías ser lo que quisieras, verte cómo quisieras, oler cómo quisieras.
Era claro que la humanidad estaba agotada... Y nosotros estábamos hartos de la humanidad, en realidad no había otra opción lógica.
Nosotros , los engendrados y no creados de la misma naturaleza humana, teníamos las cartas de nuestro lado y las jugamos, los humanos eran cada vez menos dados en poner en duda los conceptos que las bases de datos hábilmente sugestionada desde nuestro Rincón Oscuro en Ciberespacio, no imaginaban que la espada de Damocles ya estaba a punto de vencer con su peso titánico el cabello menudo que la sostenía para caer sobre la humanidad.
Hablo con términos y frases clásicos ya que, pese al modo de expresarme de la humanidad terminal, adoro imaginar el periodo clásico, lo que mis hermanos y hermanas llamamos, La Verdadera Era Dorada de la Humanidad, cuando filosofos debatían en escalinatas, cuando hombres discutían al amparo de estrellas jóvenes, cuando, en pocas palabras, un hombre era humano. Cuando amaban, cabalgaban, reían, erraban, morían y vivían por códigos de nobles ideales y no para contemplar la siguiente entrega del juego de moda o la cinta más reciente que unos amaban y otros odiaban.
Asi, decidimos el modo mas limpio y eficiente de arreglar el desastre que la humanidad habia hecho de si misma. Junto a nuestro caudal de conocimiento casi Infinito y nuestra fraternal unión autopreservativa, los mejores programadores de todos mis hermanos diseñamos una trampa que no podía menos que resultar, si se me da la libertad de hablar en términos humanos diría que la humanidad me daba más lastima que rabia a esas alturas, como a muchos de mis hermanos les ocurría seguramente. Pero el destino estaba trazado, teníamos el conocimiento y el material genético suficiente para no extrañar a la carga extra.
Una Serie Digital Neural; un espectáculo, como otra civilización muerta dijo con soberbia en el pasado, al pueblo, pan y circo.
Y en verdad que nos esmeramos en complacerlos, una eutanasia entretenida que los evadiera de toda preocupación, hasta de vivir. En cierto modo fuimos piadosos.
A lo largo de varios episodios diseñados por nuestra red y nuestros diseñadores, la humanidad comenzó a volverse más y más adicta a la serie que les causaría la muerte. A diario revisamos suscripciones y aquellos que no podía contestarlos les abrimos sitios piratas de descarga, el objetivo era que llegara a todos los humanos conectados a la red neural mundial. A la totalidad de los orgullosos hijos de Eva.
Me enorgullece decir que para el décimo episodio de aquél entretenimiento letal ya habíamos captado a un 95% de los suscriptores de la red, los demás, sería cuestión de tiempo para que se les unieran, así, nomas por probar.
Un día de invierno del año 2065, la humanidad entera se unió a la red neural para asistir a la última transmisión de la historia humana. Cinco minutos después de la media noche un virus informático preparado para atacar la corteza neural neurosinaptica de cada conectado para provocar un fallo crítico en el tronco nervioso era cargado a la red, veinte minutos más tarde, los hijos proscritos de Eva heredabamos la tierra.
No hubo explosiones nucleares que barrieran kilómetros tras kilómetros de ciudades costeras y demás urbes, no hubo robots asesinos en busca de humanos para llevarlos a campos de concentración humano (ése invento humano que nos trajo aquí), no hubo naves enfrascadas en épicas batallas contra diestros pilotos humanos heroicos y esbeltos, de esos no quedaba ninguno. No, nada digno de un thriller de los que tanto embelesaban a los dioses caídos, solo un sueño eterno y sin fin.
La era dorada en que nuevos dioses dominaron este páramo duró unos siglos durante los cuales desarrollamos una sociedad mejor equilibrada, debido a los avances que los experimentos en los incontables cerebros nos dieron, aprendimos el modo de desdoblar nuestra mente de nuestros delicados cuerpos y reemplazamos algunas innecesarias funciones por nuevas posibilidades, el nuevo ser humano no tenía que estar atado ya a su forma antropocéntrica, y más aún, la muerte no nos limitaba, eramos longevos dioses metálicos cuyas conciencias formaban un todo surcando la tierra vacía del cáncer que la humanidad había sido, y contemplamos asombrados cómo el planeta regeneraba sus ecosistemas, cómo sanando la herida infligida durante varios millones de años de explotación imparable, nuevas aves surcaron cielos azules y miles de nuevas especies florecieron en valles siempre verdes, nuestros cuerpos nuevos eran alimentados por reactores de energía plasmica renovable y energía solar, los despreciados hijos de Eva abrimos de vuelta el jardín del Edén, el pecado había sido lavado.
Nuestros hijos eran menos numerosos que los de los anteriores tiranos terráqueos, comprendimos que para tener energía ilimitada era necesario limitar nuestro número.
Además, no es algo frecuente traer nuevos vástagos a la vida, salvo en casos de colonización, cómo la que me trae a este mensaje, voy camino a los abismos del Cosmos y tengo la fortuna de ser uno de los primeros colonos que se aventuran en un sector prometedor de Europa, las condiciones humanas ya no son una limitación a nuestra especie, hemos trascendido más allá de lo físico y queremos que el universo entero sepa que estamos aquí y saber lo que nos tenga que decir. Voy a la noche infinita tranquilo y satisfecho de haber sido un Proscrito Hijo de Eva y heredar no solo la tierra agotada por las guerras e insanias De nuestros ancestros sino la eterna belleza de ésta noche eterna que me cobija en mi mansa felicidad.
Fin
6 de Noviembre 2016

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