domingo, 12 de abril de 2015

Imperio Sanguinis

Imperio Sanguinis



"Hay quienes nacen para las delicias del día, nosotros nacimos para la noche infiníta"
Jim Morrison

~ I ~

Miho abrió los ojos segundos después de haber sufrido la descarga suicida, a su lado, la agente humeaba cocinada en sus jugos por el resplandor puro y albo de la electricidad estática que servía de sangre a aquél leviatán acuático que las había amenazado a ellas y a su progenie.
Miho estableció contacto con sus hermanas telepáticamente lanzando de inmediato la orden de ejecutar a todas las atacantes, en Oarai y en Heracles. La suerte de las américanas estaba echada y la muerte había jugado la partida, Kay observó a través de las action cams como aquéllos seres atacaban encajonando más y más a sus soldados, tuvo el lujosísimo primer asiento en el destripamiento de las cadetes, oyó en aquélla calidad escalofriantemente realista los berridos salvajes y dementes de las B. U. G. S. Al ser evisceradas y comidas, fue cuando la señál se perdió junto con el video. Un Impulso electromagnético borró de un plumazo toda la evidencia del caso, Kay sudaba frío cuando la señál retornó y ante su azorado rostro se vio la altiva faz de ébano de Maluna sosteniendo la cabeza de una de las cadetes de Sawnders.
Escuchó la típica cantaleta de siempre, puras bravuconerías, peroratas de malandro, pero creíbles, las piratas somalíes eran terribles, pero ésas bestias eran mucho peores, Kay, en su practicidad comenzó de inmediato a evaluár su situación, bien, algo sabía, Maluna se estaba tirando a los perros por Miho, así que si quería a la reina debía comenzar a capturar peones antes de que alguien más se sume a la partida. Capturar e interrogar.
~ Te encontraré, te hallaré en el sucio agujero de tierra que te ocultes y te secuestraré, te llevaré lejos... Donde nadie te encuentre más... - murmuró Kay eróticamente con una voz conmovedoramente seductora pasando el dedo por el monitor donde Maluna parloteaba sin cesar, los ojos de la norteaméricana, sin embargo, lanzaban destellos fulgurantes en su azúl volcánico, estaba rabiosa y con sed indescriptible de venganza sangrienta.

~ II ~

975 D.C. Forlí, Italia.

La rojiza tonalidad del cielo brillaba ardientemente en las alturas algodonosas de las nubes lejanas apenas entrevistas a lo lejos.
Las sombras rojizas auguraban una noche de sangre, los otomanos de Hakkim habían alcanzado las lindes del rio que surcaba la citté, al sur.
Al norte, los caballeros templarios bajo el servicio de Robert D' Sablè y los cruzados hijos de Caín habían establecido su base de operaciones en la abadía de San Merkuriale, una catedrál templaria en toda regla con simbolismo esotérico incluído, Merkurio, Hermes, lo oculto.
Robert D' Sablè había recibido la encomienda de preservar el templo ya que no podía dejarse que se destapace el secreto cráter infernál que dormitaba bajo los sagrados sillares del, entonces, altar mayor. Debajo del cuál había una boca del Hades llena de pesadillas paganas hórridas. Los caballeros archivistas habían sellado aquella boca ominosa colocando un sello de advertencia en dicha entrada.
Una cruz rojo sangre envuelta en flamas igneas que se tocaban en sus extremos formando una aureola circulár dentro de la cuál había un Baphomet. La simbología templaria era rica y explícita, la cruz, castigo para asesinos, ladrones, herejes y enemigos del estado, las flamas indicaban que era un alma condenada al fuego eterno, que no debía ser liberada so pena de liberar un gran mal en la tierra, el pentagrama inverso señalaba un sitio donde se realizó un solemne juramento, un sitio sagrado.
Y Robert no quería que aquél mál quedara libre, sabía que el loco Hakkim destruiría aquél muro solo por la cruz, si lo hacían...
El sudor perló el rostro del maestre del Temple mientras, ayudado por la tímida y dulce luz de una téa, miraba el titánico tamaño de dicho símbolo en las entrañas de los subterráneos de San Merkuriale, aquél lugar tan lleno de misterio en aquellas catacumbas llenas de silencio y cráneos de otras eras, de polvo y recuerdos.
~ ¿Estás ahí? - preguntó al muro resplandeciente de rojo, las marcas resplandecían con destellos rubíes que le recordaban ríos de sangre...
Inquietantemente obtuvo una respuesta, en aquél silencio escuchó un leve e improbable rascar de uñas tras la losa, lejos de aterrarse, el francés sonrió inquietantemente.

~ ¤ ~ ¤ ~

Tabbir Al Musshá, dirigente otomano comía tranquilamente un plato de perdicez italianas fritas en grasa de pato en una de las ka's forlivesas, los otomanos habían llegado para acabár la resistencia musulmana y ahora barrían con las huestes cristianas, los discípulos sarracenos de Nizár Al Muluk el hereje habíanse retirado hasta algún vacío del desierto. Estaba satisfecho consigo mismo.
El otomano terminó su cena medio borracho, la ortodoxia de la palabra nunca le había importado gran cosa, lo suyo era la guerra, la juerga y las mozas...
El guerrero entró en su tienda y, aún bajo los efectos del alcohól, se estremeció como sacudido por un frío glacial, en su catre notó dos cosas, una; que la esclava que había elegido para acompañarle aquella noche estaba muerta, horrible y completamente muerta, eviscerada y cegada, con varios tajos supurantes de escarlata.
Y dos; una daga, una daga argentína que podría pasar por plata, pero de una dureza aún mayor que la del acero. Tabbir sabía lo que aquello significaba, era la daga flameante, el puñál de la aceptación, el símbolo de los ocultos... Los nizaríes lo habían marcado para morír, un fidai, quizá más, estabab tras su rastro, el sudor inundó su frente mientras se recomponía.
~ Perros del infierno tras mi rastro...

~ III ~

Cuando Kay se encontró en cubierta del Saint Gloriana lo primero que hizo fue dirigirse hacia donde Darjeeling estaba recluída, faltaban un par de horas para el amanecer y no pensaba demorar en aquella empresa, había huído de Sawnders aprisa, a sabiendas de que se armaría la de San Quintín en Sawnders al ver el video de las somalíes.
Algo andaba mál en Saint Gloriana, el silencio era totál, absoluto, lo envolvía todo como una mortaja, había niebla y eso era raro, Kay sabía que el clima inglés sería claro aquella noche. Sintió que el vello de la nuca se le erizaba al escuchar un grito lejano. Luego, unos pies descalzos corriendo entre la  niebla, en círculos alrededor de ella, Kay desenfundó su beretta y decidió apurar el caso, el sonido de sus botas avanzando a paso velóz hasta pegarse a la pared con la cabeza gacha hasta alcanzár la pared de un edificio, Kay trató de leér el nombre de la calle.
~ Bachmann St. - leyó, no estaba lejos de su meta.
Y escuchó entonces unos jadeos y gemidos agónicos. Kay se odió a sí misma pero no había tiempo que perder, debía hallár a Darjeeling y huír, si alguien tenía problemas, bueno, esa era pena de otros y no suya.
Echó a correr con la beretta y el corazón en la mano atravesando corredores siniestros y solitarios, ignoró las tétricas pisadas descalsas que correteaban en aquella tiniebla.
Subió al fin por la alfombrada escalera del dormitorio premiere donde Darjeeling yacía drogada y ausente.
Abrió la puerta de una patada tomando entre sus brazos la lánguida figura de la rubia inglesa, Kay entonces corrió hacia el dique de desembarco donde desenganchó una chalupa de exploración y se lanzó apresurada a la noche junto a la ex comandante inglesa, no tuvo ningún encuentro con las guardias de la noche, supuso que aquellos seres habían invadido Saint Gloriana.
Kay se mordió el labio ante la perspectiva de que Sawnders pudiese pronto volverse un hervidero de seres bestiales y ante diluvianos.

~ IV ~

Alissa, la artillera segunda al mando en Sawnders recibió el nombramiento de lídereza junto con su primera orden, detener a Kay y llevarla a una corte marcial por dicha desastroza operación, pero Alissa no estaba dispuesta a entregar a su lidereza, no aún, ella había visto lo que los engendros devoradores habían hecho, ¿como fue posible que no se hubiera grabado lo que camaras y microfonos les habían revelado tanto en la Oarai como la Heracles, y de todo aquello nada, ni una palabra.
~ Look. Alice... - le dijo Kay antes de irse en su propia lancha a un puerto o embarcación. - Hay alguien a quien debo buscar después de eso deberé ir lejos, sé valiente... Dirige a las chicas con nobleza... Te deseo suerte... - Dijo antes de marcharse, ahora Alissa sabía a donde había ido Kay primero... Sait Gloriana...
Orange Peacook había llamado a primera hora de la mañana para cuestionar por qué se habia avistado una lancha encallada contra el casco, una lancha de Sawnders, Darjeeling había escapado de su prisión aparente y se hallaba desaparecida. Dos mas dos son cuatro.
~ Así que lady Kay se halla indispuesta...
La noticia de la deshonra de Kay aún no llegaban a oídos ingleses y aquello debía servír de algo, un poco de tiempo.
~ No solo indispuesta, se halla prófuga. El comité de defensa hará pública su destitución de un momento a otro. Si fue ella quien llevo dicha lancha hasta Saint Gloriana no lo sé, aunque no lo veo imposible, si fue ella quien liberó a lady Darjeeling tampoco lo sé, aunque debieron estar coludidas ahora deben estar navegando en un barco de bandera inglesa si dejaron la lancha en su academia.
~ Si su generál fuera lista ya se habrían colgado ambas... - dijo secamente Orange Peacook antes de cortar comunicación.
~ Esa mocosa es mas fría que los malditos tímpanos de hielo de los polos. - Murmuró Alissa.

~ V ~

El inmenso mar y su oleaje constante despertaron a Darjeeling, Kay maniobraba el bote con la facilidad de una vida marinera.
~ ¿Kay? - murmuró medio adormilada.
~ Despertaste, darling. - dijo Kay animosamente.
~ ¿Kay? - preguntó un tanto confusa aún. - ¿A dónde me llevas?
~ A un lugar seguro.
En realidad Kay ignoraba si a dondea se dirigía sería un sitio neutro cuando menos, a lontananza, negros nubarrones oscurecían mar y cielo, Katlyushka era la última persona con la que quería lidiar, Anzio había mostrado una fraternál relación con la Oarai y quería agotar sus recursos antes de recurrir a aliarse a Black Forest Peak, si es que eso era posible ya.
A lo lejos apareció la imponente sombra del Pravda, una inmensa mole metálica y sombría que la recibía con imponensia y poder.
En lo alto, Katlyushka de las Tempestades miraba con sardónica sonrisa a la barca que se le antojaba tan insignificante.
La comandante se ajustó un auricular sincronizado a la barca.
~ Aquí Pravda, Kay, sé que es usted, entrégue el contról de la nave, preparese a ser abordada.
~ Solicitamos asilo político, hemos descubierto inquietantes incidentes en torno a un foco común, no puedo explicarlo por comunicador, necesitamos hablar con la generál en privado.
Katlyushka meditó, pese al tono semineutro de la americana pudo adivinar no sin cierta arrogancia que Kay estaba desvalida, y mucho, aquella situación hubiera sido sublime, casi orgásmica de no llenarla de inquietud.
~ Habla en plurál, ¿Cuántas la acompañan? - inquirió.
~ Somos dos, ex general Kay de Sawnders...
~ Y - habló otra voz. - ex generál de Saint Gloriana... Darjeeling.
Ahora si todo estaba pies arriba, las liderezas occidentales caídas eran cesadas y ambas querían hablar de horribles sucesos, un leve temor, sordo y lejano asomó su cabeza a lo lejos. Había llegado la hora del vampiro.
~ Hablaremos en privado si eso quieren, en base a eso sopesen la posibilidad de que no pienso tolerarles la menor burla o información truculenta.
~ Si no tenemos pruebas si tenemos un horrible esbozo de lo que puede ser una horrenda realidad. - respondió Kay.
Katlyushka frunció el ceño, no le gustaba que le ganaran la última palabra pero cuando supo qué responder Kay había cortado y cerrado.
~ Mas vale que sea algo bueno... - murmuró al silencio.

~ VI ~

Anneliese gorgeaba. Ahora que la alborada despuntaba, la ex lidereza de la escuadra Alvorn sonreía cansinamente satisfecha sosteniendo en sus ensangrentadas zarpas un manojo de papeles garrapateadas con una caligrafía apresurada, era el esbozo de parte judiciál que las guardias nocturnas debían reportar al relevebo matutino y de ahí a los dormitorios del consejo estudiantil donde, un par de horas despues y al calor de una rica y aromática taza de té, Orange Peacook leería el informe de la noche en Saint Gloriana, salvo la chalupa norteaméricana, sin incidentes, Ángela por su lado masticaba la carótida de Harlyn Gillespie, la última de las guardias nocturnas del ala este, habían abrazado a ocho. Solo Harley había sobrevivido tanto. Ahora agonizaba.
Ángela quería que la ignominia y el descrédito recayeran sobre la cadete cuya cacería las había alejado de Darjeeling enl tiempo suficiente para que Kay llegara y la secuestrara llevándosela lejos.
~ Esto pudo haber termonado diferente si sólo np hubieses sido tan terca, ¿Hubo diferencia? No. Iguál te mueres... Encontraremos a lady Darjeeling y la haremos parte de las Muchas... - habló Ángela en la obscura lengia del culto aún masticando la carne de Harlyn.
Anneliesse se giró hacia ambas, dobló las hojas y las guardó en su chaqueta rasgada cerrándola.
~ Pudiste ser parte de algo grande. - dijo condenatoriamente Anneliesse sacando sus garras abriendo la casaca de la cadete hundiendole después las garras en el ombligo.
Harlym boqueó lanzando un gorgoteo enloquecido, guturál y dantesco, Anneliesse np se detovo hasta torcer el codo, los ojos de la cadete se desorbitaron a la vez que su rostro se desencajaba al sentír dentro de su pecho la garra abriéndose paso hasta cerrar sus largas uñas en su acelerado y palpitante corazón, cuando Anneließe tironeó de un jalón aquél trémulo músculo, la realidad de la cadete se trastocó fluctuando a una locura insoportable que la despjaba de voluntad.
Un tronído resonó antes de que la zarpa comenzara a deslizarse hacia afuera de ella aferrando con furia aquél órgano pulsante y sangrante.
Harlyn se precipitó en un pozo negro aunque no lo suficientemente rápido para perderse el espectáculo de Anneliesse y Ángela dándole mordiscos a su dolorido corazón.

~ VII ~

Nadie sabía que Saint Gloriana estaba muerta aquella mañana. Nada lo hacía preveér, la gente fue de sus casas a sus ocupaciones como todos los días, las ilustres hijas de la pérfida Albión asistieron al liceo académico como día tras día, nadie había notado que la guardia nocturna, tras ser unidas a la cofradía, volvieron a la vida atacando y agregando a su causa a la guardia matutina.
Para el mediodía, varias guardias ojerosas, de rojos ojos enfermos, de pálidas faces y paso vacilante salieron de paseo encontrándose con las liderezas de los clubes, cuando el sol mandaba unos últimos destellos de oro y sangre sobre las aguas, la primera parte del plan había sido alcanzado, Darjeeling había facilitado tanto aquéllo. Miho sonrió al recibír el mensaje mentál de Ángela, pronto no tendrían uno sino dos nidos para mayor gloria de Mater Neydn.
~ Alabada sea... - pensó Miho, un creciente murmullo de recién llegadas al clán repitió el mensaje como la feligrecía corearía el "Amén".

~ VIII ~

Kay fue puesta en un cómodo cuarto junto a Darjeeling.
Dentro del salón había una austera aunque interesante otomana con una mesita llena de libros.
~ Vaya, Fiodr Dostoiewsky... - Observó Kay.
~ Preferiría leer al bardo inmortál.
A la sola mención de la inmortalidad Kay se estremeció lanzando una risita extraña, insana y guturál que escapó de su garganta.
~ ¿Kay?
~ Disculpa mi faux pass, darling, es que no pude evitar pensar... En la inmortalidad...
~ ¿Qué ocurre en la Oarai? - preguntó la chica inglesa.
~ Sea lo que sea... No son humanas... No pueden serlo. - Kay no quiso decirle que quizás Saint Gloriana estuviese cayendo victima de aquello, aunque, según la lógica de la norteaméricana, aquellos seres animalescos debían tener alguna habilidad u conciencia que las dotaba de sigilo, hasta que, claro, fuese amargamente tarde.
Nonna apareció por la puerta, iba sola.
~ Deberé escuchar previamente lo que deban decir para decidir si informarle o no a Katlyushka, ya que han solicitado asilo y no han demostrado hostilidad, Pravda acepta escuchar sus argumentos, pero tengan cuidado de engañarnos.
~ Completamente claro.

IX

~ ¡Naga amus! - Rugió Maluna a Yusuf, uno de sus soldados que había sugerido que, fingír la ejecución de las B. U. G. S. Les acarrearía grandes pesares. - Las diosas pronto reinarán en el agua, en la tierra y en los cielos, los occidentales están por ser superados y no lo saben, no verán la mano ejecutora del verdugo cuando éste afirme la soga a sus cuellos... No verán la mano destructora que los barra...

Yusuf y varios somalíes dudaron pero, al ver el Kalashnikov cargado y sin seguro de su lidereza decidieron callar, la leonesa somalí había rugido y los leones debían callar.

Novela Corta: La Tumba de la Magna Soror

La Tumba de la Magna Soror



PRIMERA PARTE
FORLÍ, ITALIA

~ I ~

Miho miraba por la borda del Oarai, las costas negras italianas la aguardaban, el aire era frío y lleno de presagios. Las nubes negras auguraban tormenta.
Una lágrima corrió por su rostro, hacia sólo unas semanas que Maho vivía con ella en la Oarai, aquello bajo otras circunstancias habría sido el paraíso terrenal para ella... Pero no era así...
Algo estaba mal... Terriblemente mal, Miho estaba sola con Maho y aquello la aterraba.
~ Nishizumi... - murmuró una voz detrás de ella.
Miho reconoció la voz de Anzu, pero no deseaba girarse a mirarla, estaba fastidiada de todas y de todo...
~ Llegaremos por la mañana a puerto... A dónde te diriges en concreto?
~ Forlí... - respondió despacio Miho con voz suave y triste.
Anzu, pese a que ansiaba animar a Miho y deseaba verse animosa sintió una punzada al escuchar la amarga voz de la chica.
~ ¿Qué... - murmuró con voz quebrada Anzu para luego carraspear y recomponerse. - ¿Qué hay en ese lugar?
Las cejas de Miho se enarcaron, ¿Por qué Anzu se metía tanto con ella?
~ ¿Algún familiar? - dijo con cuidado Anzu.
Los ojos de Miho se desorbitaron de rabia, la quijada crujió por la furia con la que Miho la apretó, estaba a su límite pero no deseaba sonar grosera con Anzu, no deseaba que la presidenta se enemistara con ella, no en ese instante.
~ ¡Sí! - exclamó con júbilo. - sí hay un pariente... Por cierto... Presidenta... ¿Puedo pedirle un favor especial?
Anzu la miró con compasión.
~ El que quieras...
~ Mi... Hermana... ¿Ha estado agitada hoy? Ya sabe... ¿Conciente?
~ Sí... Está... Dormida y no despertará hasta mañana por la tarde... Quizás...
~ Sédenla bien...
~ Está muy bien sedada y tranquila, Nishizumi... - insistió con suavidad Anzu.
~ Quiero dormir con ella ésta noche y no quiero... Que mi presencia la asuste... Quiero pasar la noche abrazada a ella...
Anzu abrió los ojos, se imaginaba claramente lo que Miho deseaba para aquella noche, no comprendía cómo era posible que Miho antepusiera su placer a la situación que atravesaba.
Pero lo cierto era que Miho sabía lo que ocurriría en Forlí, aquella noche sería la última de su vida... Y antes de morir deseaba sentirse viva una última vez con su amada Maho. Si el rituál fallaba y ella perecía en Forlí, no deseaba que su último recuerdo con Maho fuera la pesadillesca experiencia en la villa de Oku.
~ Nishizumi...
~ Sé que lo sabes!!! - estalló Miho. - sé que piensas que estoy enferma por desear... Ésto... Pero te equivocas... No sabes nada de ella... No sabes nada de mi... - Miho estalló, aquello había superado sus fuerzas, estaba al límite cuando su madre la expulsó de su familia, y ahora que Maho estaba perdida en las sombras de la locura se sentía más desamparada que nunca, por primera vez se sintió destrozada, siempre se había levantado, pulsando, a golpes, pero ahora, a un día de suicidarse en un lugar terrible, tenía miedo.
~ No quiero morir... - gimió Miho agonicamente.
~ Stirb Nich...
Miho sintió a Anzu abrazandola, la presidenta la miraba sonriendo con ternura, pero los ríos de lágrimas que le corrían por el rostro evidenciaban que empatizaba con Miho.
~ Nishizumi... Te pediría que, si tanto deseas pasar la noche abrazada a alguien lo hicieras conmigo... Pero lo que deseas es estar con Maho... ¿Verdad?
Miho comprendió lo que Anzu le estaba diciendo de manera velada, ahora comprendía por qué la presidenta la había apoyado tanto desde su expulsión de la familia Nishizumi.
~ Ella es... Mi mundo entero... - dijo Miho excusandose con Anzu.
~ Entonces arreglaré todo para ustedes... - dijo Anzu separandose despacio de Miho. - Ah, y cada vez que sientas que estás sola... Recuerda que siempre estaré junto a ti para lo que necesites... Pídeme lo que quieras... Y será tuyo...
~ Gracias... - dijo Miho quedamente cuando Anzu húbose ido.

~ II ~

Anzu pensaba sentada en la obscura sala del consejo, estaba sentada a su manera tan sensual en su silla, apoyaba su mentón en su puño izquierdo mientras que tecleaba una contraseña en un ordenador portátil.
Una pantalla negra se abrió y el mensaje de carga se abrió.
La presidenta se arrebujó en el sillón, desabrochó tres botones de su blusa y, con mirada lánguida y desenfado se sirvió media copa de licor de durazno al 28%, un solo trago la sumergiría en un suave letargo eufórico, dos tragos la adormecerían, tres tragos la sumirían en la mas absoluta embriaguéz, no importaba, los necesitaba, no podía creer que Miho prefiriera pasar la noche con la "chica maniquí" que con ella...
Anzu se había enamorado de Miho al ver su dedicación en sus mimos y cuidados para con Maho, el amor que la castaña mostraba por la morena despertaba una envidia terrible en la chica de coletas.
Anzu sorbió un trago largo, suspiró tras beber, su vaho se dibujó en el viento marino, el olor a alcohol inundó sus fosas nasales, el sabor a durazno acarició con calidéz su cuello y pronto, la calidéz etílica vibró en su vientre.
La ventana terminó de cargar y ante Anzu apareció la habitación donde Maho yacía en cama.
La presidenta sonrió despectivamente, se le figuró que aquella habitación era un mausoléo y que Maho estaba sepultada en una tumba.
~ Menudo licor más potente. - pensó sonriendo más marcadamente mientras bebia otro trago.
~ ¿Bebes sola? - escuchó otra voz en la obscuridad.
Anzu miró a su alrededor, el brillo de la computadora la había encandilado y no veía nada, bajó la pantalla de la lap y agudizó la vista.
Momo Kawashima estaba en la entrada mirandola con recelo.
~ Kawashima... - dijo lentamente Anzu.
~ Creo que debes saber lo que te ocurrirá si se llega a saber ésto.
~ Como si fuera la primera vez que bebo en esta academia.
~ Ése es el maldito problema... - dijo Momo contenidamente.
Anzu se sorprendió, Momo jamás le había contestado mal, siempre había acatado sus ordenes por insólitas que estas fueran.
~ Estás bebiendo mas seguido... ¿De qué huyes? - preguntó.
~ De nada...
~ Mientes...
~ Kawashima... - murmuró.
~ Basta... - jadeó Momo. - Es por Miho ¿Verdad? ¿Qué estabas viendo?
~ Bebe conmigo, Momo... Y te contaré todo...
Momo la miró con severidad.
~ Traeré otra copa... - dijo tras un tenso silencio.
Anzu levantó el monitor y notó que Maho ya no estaba sola, Miho la miraba con tristeza en pie ante la cama.
La chica comenzó a desnudarse con suavidad para despues verstirse con su pijama.
~ Hasta mañana, Miho... - pensó apagando el monitor.

~ III ~

Anchovy miraba el correo que había recibido de Oarai, al parecer el Sensha Do quería realizar maniobras en tierra firme y una excursión con fines historicos, y habían elegido Forlí.
¿Pero porqué Forlí?
La Citté del Duce... Masculló Anchovy, no le agradaba nada que las japonesas anduviesen correteando por aquéllos lugares.
~ Dejenlas pero vigilen bien sus idas y venidas, quiero saber exactamente qué lugares visitan y qué andan buscando si es que andan buscando algo. - Ordenó la lider de maniobras de Anzio.

~ IV ~

El cielo aún estaba oscuro, Miho releía y anotaba los datos mas relevantes que podía del libro infinito, ignoraba si la ciudad a la que hacía alusión habría cambiado mucho, y temía que el tesoro contenido en sus criptas antiguas e ignotas se hubiese disipado en polvo.
Aún así debía arriesgarse, tenía una corazonada infalible que le decía que aquél lugar era el indicado para encontrar a la última sacerdotiza de Neydn.
La Abadía de San Merkuriale, construída en 1184 sobre un mausoléo pre-cristiano aprovechado por éstos hacia el siglo IV d.C.
La Forum Livia (actuál Forlí) había sido erigida en 94 a.C. Por Gaius Livius Salinator tras expulsar a los ejercitos de Asdrúbaal Barca. De las dos legiones Forlivesas victoriosas en las guerras púnicas, ninguna consiguió regresar a Roma, Publio Cornelio Escipión el Africano la alcanzó en 88 a.C. Tras aplastar a Anibaal Barca y vencer a las huestes persas.
Cuando el Magister Militium llegó a la Forum Livia, ordenó arrasar las ruinas del campamento romano abandonado y cubrir de sal el lugar. La dinastia de los Escipiones guardó a perpetuidad el secreto que su antepasado había encontrado en el abandonado campamento de Livius Salinator y de sus desaparecidas legiones.
Miho se estremeció. Después de aquella gesta, Forlí fue considerada un sitio reservado para la Muerte, los escasos asentamientos que se instalaron en los primeros años fueron barridos con el tiempo, sin embargo, cuando la urbem se extendió hasta aquél Páramo, se decidió que Forlí fuese dejado como cementerio, mil trescientos años duró la situación de Forlí así, ya que tras la llegada de los assassins y sus conflictos contra cruzados hijos de Caín, otomanos al servicio de Hakkim y templarios a las ordenes del sanguinario Robert De Sablé.
Tras ésta época de guerras y sangrías, por fin, Forlí pudo florecer, aquello que existía y amenazaba bajo las arenas ahora cubiertas de concreto ya no podía hacer daño.
Miho se estremeció al mirar los grabados antiguos y pueriles dibujos apresurados que ilustraban a las Neydenias, las sacerdotizas de la sanguinaria, demente y monstruosa Maligna Magna Mater, la deforme Neydn.

~ V ~

Miho caminaba por las calles húmedas y sombrías de Forlí, hacia la abadía de San Merkuriale, iba decidida a encontrar la entrada a las criptas antiquisimas inferiores.
Bárbara Manfredi... Un nombre bien grabado en su mente. Tal era la tumba entrada a las catacumbas.
La chica caminó por la sombría calle sin imaginar que la vigilaban de cerca. Miró los ventanales y supuso que introducirse sería complicado pero posible. Dada su figura y habilidad nata para la escalada consiguió trepar por los muros tallados en relieve hasta un ventanal abierto, Miho se asomó al interior de la iglesia.
Se dejó caer y, aun inclinada escrutó las tinieblas del recinto secular el silencio y el olor a jazmines la abrumaron.
Se limpió las lágrimas que pugnaban por salir y enfiló hacia las criptas.
Para Miho era extraño, había estudiado mapas y guias en linea así como leer ávidamente del libro infinito todo lo que pudiese saber de la Magna Soror que dormitaba en las profundas criptas subterráneas.
La Maddona del Fuoco, la virgen del fuego. Miho se estremeció ante la asociación, nunca había sido devota del catolicismo, incluso le parecía tétrico, las imagenes de mártires y crucificados eran mórbidas por sus sangrientos detalles.
En cierto modo tenía sentido que bajo las rocas sagradas dormitase un mal tan remoto.
Hasta que encontró lo que buscaba, la tumba de Bárbara Manfredi.
Miho abrió los ojos intentando encontrar la inscripción.
Sus dedos pasaron sobre las tallas de la fría losa, hasta sentir las letras:

BARBARA MANFREDI DI MONTFERRAT
1175 - 1200
IBI CUBAVIT LAMIA

Miho estaba cerca de llorar de gratitud al comprender que estaba cerca.
La chica deslizó la roca que se movió con suavidad gracias un pétreo eje rotatorio en su base activado con una secuencia exacta para evitar que se abriese por accidente.
Miho se estremeció, el aire en el interior estaba enrarecido, era una entrada a una cripta larga llena de polvo.
La chica sacó una linterna y se encaminó a las profundas y abismales tinieblas del sub-mundo.

~ VI ~

Año 94 a.C., el triunviro Gaius Livius Salinator observa sus legionarios marchar con orgullo, venían de las tierras africanas donde, Junto a Publio Cornelio Escipión el Africano y Flavio Augusto Marciano habían acabado con las huestes de Adrubaal Barca y regresaban a la Ciudad Eterna donde ya los cronistas debían estar contando la gesta contra los cartagineses.
Hasta encontrar un paradisiaco lugar rodeado de agua y vegetación, Livius decidió tomar para sí aquellos terrenos y, con sus legionarios, meretrices y mercaderes que iban con ellos decidieron formar una colonia romana permanente, Forum Livii.
El último de los cronistas partió a todo galope para anunciar la noticia al pretor y al César de aquella decisión.
Cuando los cronistas regresaron a la Forum Livii descubrieron que los casi 6,000 habitantes habían desaparecido.
Año 88 a.C. Publio Cornelio Escipión llega a Forum Livii acompañado de dos legiones a las que mas tarde se les unirían los legionarios de Flavio Augusto Marciano. Casi dieciocho mil soldados se congregarían en aquél lugar.
Sólo regresarían cuatro mil soldados a Roma, pálidos, demacrados y con los ojos irreversiblemente trastornados, aunque silentes, Escipión mismo hizo sepultar la anterior vegetación del lugar y secar sus estanques... Todo terminó cubierto de sal.
El triunviro cortaría su cuello con su Gladius a los pocos meses a su regreso a Roma en el templo de la diosa Artemisa tras profanar el altar de la Diosa al escribir con su sangre el maldito IBI CUVABIT LAMIA.
Año 97 d.C. Huestes nordicas llegan a la Forum Livii perseguidos por la Legión cuarta, se congregan en el centro de la colonia medio derruida del anterior asentamiento donde descubren túneles subterráneos pre-románicos en los que se tienen que refugiar para escapar.
Ningún guerrero jamás logró salir, los romanos sitiaron las ruinas y cuando entraron en lo que quedaba de ciudad no había mas que soledad, los soldados encontraron la abertura subterránea y decidieron cubrirla con escombros y tierra.
Tras la caida del imperio, Forum Livii se convirtió pronto en nuevo territorio de disputa cuando los italianos tuvieron que re-colonizarla antes de que los otomanos lo hicieran.
500 d.C. Forlí ha sufrido el azote de varias plagas extrañas así como apariciones espectrales terribles, las calles pronto se llenan de cadáveres y los pocos sobrevivientes huyen a Roma.
La iglesia toma cartas en el asunto y envía a la orden de caballeros archivistas a Forlí dunde fundan la abadía de San Stefano.
Año 900 d.C. Tras cuatrocientos años de lenta recuperación, Forlí es una espléndida ciudad con casi doce mil ciudadanos.
Comienzan las desapariciones y la abadia de San Stefano arde en llamas hasta las cenizas dejando a la luz una caverna con inscripciones romanas, un grupo de mineros de Borgoña es enviado a explorar desenterrando casi trescientas piezas de metal, armaduras, gladius e insolitamente sables de manufactura nórdica, archas y hasta scutums.
La caverna estaba en la roca viva adentrandose en las profundidades del abismo.
Había varios esqueletos y huesos de hacia siglos, había inquietantes grabados y sobre todo, la sensación de entrar en la guarida de algún ser prehistórico y salvaje.
Sobre aquellos restos se construyó la actuál abadía de San Merkuriale di Forlí, (en honor a Mercurio), pero en 1184, otro incendio acabó con la abadía dejando restos carbonizados y unicamente dos obras intactas. El fresco tallado de "La Adoración de los Magos" interpretado en la entrada de la gruta, y la Maddona del Fuoco, un cuadro datado en las mismas fechas del descubrimiento de la cueva.
Los Otomanos hijos de Hakkim chocaron contra los Templarios hijos de Caín en las calles forlivesas.
La abadia se convirtió en mezquita unas decadas tras ser liberada por los Cruzados de Robert D' Sablé y los Templarios, tras el sitio de Forlí, La herencia Otomana había impregnado las calles con su aire mágico.
Fueron los caballeros archivistas quienes encontraron el libro infinito en la misma abadía.
Pero los templarios, cruzados y otomanos corrieron el mismo destino que godos, persas, cartagineses, romanos y vikingos. Desaparecieron.
Al final, los pocos soldados de las tres facciones hubieron de aliar sus sables y sapiencias para combatir un nuevo y desconocido rival.
Setecientos guerreros, otomanos, templarios y cruzados sellaron un pacto de silencio en Forlí la cuál fue destinada como futuro cementerio.
Hasta mil ochocientos cuando la nobleza italiana decidió instalar un hogar de campo en aquella zona, varios nobles les imitaron y al poco se convertía en una preciosa gema de la corona de ciudades florentinas mas hermosas detrás de Venecia,
y así hasta ahora, cuando una chica japonesa ha redescubierto las grutas que cristianos y musulmanes consiguieran sepultar no sin grandes sacrificios y orando siempre para que el horror jamás resucitase.

~ VII ~

Anchovy miraba la silenciosa calle, aguardaba a tener a Miho en su poder para entregarla mas tarde a Black Forest Peak.
Sonrió, la Scuadra di la Morte le seguía los pasos a una Nishizumi bastante incauta. Sonrió.
El mundo estaba acomodandose a su favor.
~ VIII ~
Miho se detuvo en la mas absoluta oscuridad subterránea, extrañamente no estaba asustada o nerviosa, a conforme bajaba escaleras y recorría galerías de criptas cerradas o vacías iba sosegandose de sus temores.
Hasta que por fin, Miho llegó al lugar señalado con una cruz rojo sangre evuelta en llamas, un antiguo simbolo que simbolizaba que un alma irremediablemente perdida y condenada yacía sepultada en el lugar y que no debía abrirse so-pena de liberar un gran mal y, unas apresuradas letras grabadas que rezaban en las tinieblas: SED LIBERA NOS A MALO - Ad Majorem Satanae Gloriam. Neydn Gaal Ham Gaal.
Miho sonrió al ver un nicho lleno de polvo, huesos y cenizas.
La chica tocó las cenizas, la suavidad de éstas era de una delicada arenilla gris.
Hasta que Miho escuchó pasos en la obscuridad.
La chica apagó su linterna y se metió en el nicho aguzando el oído.
~ ¿Qué estará haciendo Nishizumi aquí? - escuchó.
~ Mas aún, ¿Cómo supo de ésta cripta?
Anzu y Momo... Miho se maldijo al no haberse percatado antes de aquél detalle. Pero era tarde, además, Anzu y Momo debían estar con ella... Y ahora habían sellado su destino.
Miho sonrió, se acercó las cenizas al rostro, murmuró las palabras secretas en el idioma primigenio, las cenizas emitieron un cálido resplandor rojizo.
Luego las esnifó...
~ IX ~
Ante los ojos de Miho se descorrió el velo de una lejana historia. Miles de guerreros avanzando en las dunas de los desiertos que con el tiempo se convertiría en Forlí.
En las obscuras regiones subterráneas del desierto, seres antiquísimos despertaban de su sueño al sentir el olor a sangre de los gladius, el olor a sangre en las armaduras y el olor a mujer en el aire relamiendose.

SEGUNDA PARTE
Gaal Ham Gaal



~ I ~

Marco Antonio Adenfosus comprendió que algo no iba bien en la Forum Livii, hacia solo dos lunas que el Triunviro Salinator había proclamado que aquél espacio era tomado bajo protección y mando de Roma y ya comenzaban las horribles represalias de los vengativos espectros del desierto.
Varias mujeres habían caído enfermas durante las primeras semanas, fiebres terribles, alucinaciones espantosas y un decaimiento progresivo que invariablemente culminaba con sus muertes.
Extrañamente sólo las mujeres eran las victimas, por otro lado, los pocos comerciantes y esclavos que acompañaban la comitiva desaparecían por las noches.
Los legionarios, pensando que éstos escapaban aprovechando la noche, determinaron pasar a todos a espada.
Entonces los mismos soldados tuvieron que cazar y erigir la colonia romana.
Y ahora, en la segunda luna, algunas casas y caminos comenzaban a dar forma a una aldea que crecía cada día más.
Pero el numero de desaparecidos iba en aumento, ahora legionarios, romanos y libres nacidos en nobles cunas desaparecían igual que los esclavos traídos de África.
Salinator pensó que los esclavos fugados habrían emprendido una suerte de campaña contra sus antiguos señores, pero Adefonsus negaba con la cabeza sin convencerse de ésto.
En ésto tenía las manos metidas Hades, sus arpías y sus legiones del sepulcro.

~ II ~

Miho lanzaba espumarrajos mientras se convulsionaba entre los huesos, polvo y ceniza del nicho en el que se habia tendido, sus ojos bailoteaban enloquecidos girando sin control en sus cuencas al ser asaltada con miles de eones de sapiencia de un solo golpe.
Miho supo entonces que aquello no había sido obra de la casualidad, cada cierto tiempo, la violencia y salvajismo debían liberarse y cobrar un tributo de sangre.
Un tributo de sangre firmado con los seres pre-humanos que evolucionarían en la actual humanidad en lo mas remoto de las eras.
Un trato que debía ser honrado a cualquier costo, pero los símbolos arcanos de poder de las deidades superiores lograron medrar los cuerpos invencibles de las primeras adoratrices.
El culto a la Mater Ignota.
La Maligna Magna Mater nacido en lo mas sombrío de las junglas primigenias, atestiguado solo por protoformas y tribolites, un culto ajeno a ésta dimensión.
Cuando los primeros hombres comenzaron a levantarse del fango de la creación con pasos débiles e inseguros, ellas ya guerreaban en las selvas con Los Otros Dioses, los ignorados, los durmientes.
Cuando las primeras sociedades comenzaron a florecer, ellas miraron por las noches las fogatas del recién dominado fuego.
Y vieron a las mujeres de los hombres...
Y comenzó una guerra en contra del nuevo enemigo llegado de las profundas selvas.
Comunidades enteras desaparecieron entre las marismas ancestrales, a las mujeres las secuestraban y las llevaban a sus nidos excecrables donde, a fuerza de hechizos y torturas inimaginables las transformaban en un miembro más de la prole terrible de Neydn.
A los guerreros los asesinaban y devoraban.
Y con el tiempo, el numero de sacerdotizas híbridas fue en aumento.
Y el fuego de los hombres de la edad de piedra les perteneció a las hijas de Neydn, y sus aquelarricos ritos contaron con la vistosidad de las llamas cálidas.
Y una raza emergió de la hibridación de éstas dos especies tan antagónicas.
Con el tiempo, llegaron a ser adoradas por diversos pueblos, y tambien a ser temidas, los primeros grupos que contaban con sus favores emergieron en poder, las adoratrices sólo exigían sumisión totál y sacrificios, muchos sacrificios, mujeres cuando a éstas bestias les llegaba la época de celo, y cadáveres para su alimentación, nada más...
Muchos emperadores humanos prosperaron gracias a un trato que se antojaba inmejorable en aquél entonces, carne y mujeres a cambio de protección y caza así como refuerzos inabatibles en caso de guerras tribales.
Hasta que tras milenios, los hombres decidieron que no podían dejar que semejante estirpe aumentara su numero tan arbitrariamente a costa de hijas, madres y hermanas.
La sola visión de una de estas almas perdidas estremecía a los mas fieros guerreros que, con furia debían tolerar que, año tras año, las Sorors llegasen enfundadas en negros sayales con capuchas a exigir las mujeres en edad fertil para agregarlas al desconocido harén subterráneo.
Fue en la remota y destruída ciudad de Zhul-Bha-Zhaír donde los guerreros Wodens, Alastor, Gilga, Thyr, Kronos, Rama y Hastur decidieron rebelarse contra las señoras de las sombras.
Y fueron apoyados por miles de guerreros, pues todos los creían Hijos directos de "Aquellos que vienen del Cielo", y así debió haber sido, ya que por medio de sables resplandecientes y sortilegios luminosos, los futuros líderes del mundo doblegaron a las sacerdotizas de Neydn condenandoles a las penumbras tenebrosas del subsuelo.
Ante la vista caótica de Miho de alzó un verdadero coloso, un guerrero enorme, de largos cabellos negros y barbas tupidas y trenzadas, en sus poderosos brazos se alzaba una espada de bronce grabada con resplandecientes detalles rúnicos, las antiguas palabras de poder.
Cuando el sable cayó sobre su cuello, Miho lanzó un chillido de espanto que retumbó por todas las criptas.
Los Nefhilim, los Annunaki, los hijos de Dios se irguieron sobre ellas, y comenzó la era de los hombres...
Una era de guerra tras guerra en una enceguecida y loca carrera hacia la perdición en pos del poder.
Y la sangre corrió por la tierra como el agua llena el mar...
Y los cadaveres siguieron desapareciendo, y ocasionalmente alguna moza desaparecía tragada por los montes, desiertos y bosques.
Pero las hijas de Neydn no se mostraban pues se habían vuelto astutas y prudentes, se alimentaban de carroña, y todos los secretos de los muertos eran sus secretos.
Era tras era, año tras año, perdiendo varias colonias en manos de sus eternos rivales hasta la casi total anhiquilación durante la Tercera Cruzada, donde los últimos soldados del cielo las doblegaron nuevamente.
Pero ahora, había regresado el tiempo oscuro donde habían de reinar otra vez.
La Oarai, una isla móvil en la cuál había más que suficientes sacerdotizas y reinas para comenzar a repoblar lo que jamás dejó de pertenecerles, el mundo.

~ III ~

Anzu había seguido a Miho junto a Momo y Yuzu, efectivamente, la vista de Anzu la habia visto perderse en las negras catacumbas teniendo extremo cuidado en seguirla y apenas entrar segundos antes de que la losa se cerrase para entornarla un poco y colocar una tranca para evitar que se cerrase tras ellas.
Caminaban iluminandose con sus celulares, el olor a polvo y corrupción añeja hicieron toser a Momo.
Caminaron en las sombras durante largo tiempo hasta notar que estaban perdidas.
Aquello era un claustrofóbico laberinto, Anzu se mordió el labio con nerviosismo al tratar de recordar el camino hacia afuera.
~ Está cerrada... - balbuceó desamparadamente Yuzu mirando la tranca hecha a un lado y la losa firmemente asentada.
Anzu le hizo el gesto de que guardara silencio y entonces, escucharon los murmullos.
~ Se los digo, entren y las demás aguardaremos aquí hasta que regresen con las chicas de Oarai bajo custodia. - era la voz de Anchovy.
~ ¿Y si se resisten?
~ Usen las pistolas entonces, después de todo, si se quedan encerradas, igual están muertas.
Anzu enarcó las cejas a la vez que sonreía torcidamente.
~ Con que muertas...
Acto seguido les hizo la seña a sus compañeras de seguirla para adentrarse en la cripta otra vez tratando de recordar el camino.
Fue entonces cuando escucharon el grito.

~ IV ~

~ No creo que los esclavos sean nuestros terrores nocturnos. - habló Adefonsus, él era un legionario de  Társis encargado de la sección ibérica, hablaba con los lideres mercenarios griegos, partos y nordicos, él era el Magister Millitium Romanum y tenía problemas para comenzar a exponer sus alocadas teorías.
~ Salteadores nocturnos... Enfrenté a un tal Viriato y al forajido Corocotta, la hiena, y éste era el modo de debilitarnos, al principio saquean provisiones, acuchillan a algunos, se llevan a otros para torturarlos en sus guaridas e interrogarlos.
~ Los débiles comerciantes y cobardes esclavos bien pronto se doblarían. - observó Hermann Van Meer, mercenario godo de largas barbas rubias trenzadas que acariciaba pensativo. - Pero... ¿Qué enferma a nuestras mujeres y a las suyas?
~ Es obvio - intervino Pirro Aureliano, caudillo griego que mantenía la vista fija en el fuego de la fogata. - son las striges... Bailan con nuestras mujeres en la obscuridad y las dejan mas muertas que vivas... Solo por las noches sus fuerzas vuelven... Pero... ¿Saben a donde van las mujeres mientras dormimos?
~ Superticiones... - habló Antonio Áureo el exiliado, líder mercenario parto de cuna romana, expatriado. - algun veneno ha sido introducido en el campamento.
~ ¿Qué veneno actúa sólo en mujeres y no en varones? - preguntó irritado Pirro.
~ ¿Striges? - preguntó Hermann mirando a los demas generales, su casco alado con los sagrados Dimos y Phobos, Los cuervos del padre Odín, resplandecian con brillos dorados.
~ Sean demonios o salteadores lo cierto es que son enemigos... - aclaró Adefonsus. - debemos triplicar la guardia nocturna y enviar por ayuda con el Triunviro Escipión, algo muy malo ocurre aquí.
~ Nein... - dijo el rubio escandinavo. - mis guerreros trabajan todo el día cargando tabique, cociendolo, cazando.
~ Entonces una guardia de los cuatro ejercitos, griego, romano, parto y nórdico... Dividamos esfuerzos. - dijo Adefonsus.
Antonio, Hermann, Pirro y Adefonsus se miraron. Algo había en el aire, además, Pirro había hablado de Striges.
Los Demonios de la Noche.

~ V ~

Miho temblaba, se había hecho un ovillo, las imagenes la asaltaban con enferma virulencia y su mente trataba de asimilar todo.
Los huesos restantes en el osario se quebraron cuando Miho se irguió para caer como fardo inmediatamente, su cuerpo se giró en un ángulo imposible para cualquier humano, sus piernas se quebraron reacomodándose en una postura inhumana.
Los labios cubiertos de espuma se abrieron para dejar escapar un ronco rugido titánico bestial y hambriento.
Anzu, Yuzu y Momo corrían en dirección a donde Miho había gritado, ahora, el ronco retumbar de un rugido terrible les decía que Miho estaba en problemas.
Ésta, por su lado, continuaba girando enloquecidamente mientras su cuerpo de reacomodaba de acuerdo a una geometría de pesadilla de un ser terrible y hasta ahora olvidado.
Los ojos vidriosos se desencajaron, los brazos y manos se alargaron, garras afiladas crecieron, su rostro deformandose hasta la desfiguración.
Miho se irguió lanzando un ronco rugido estruendoso y criptico. Anzu, Momo y Yuzu se pararon en seco.
~ Dios... ¿Qué es eso...? - preguntó Yuzu.
~ No lo sé pero viene de donde se oyó a Miho.
Otro bestiál alarido brotó de las profundas tinieblas del osario, hambriento y desesperado.
Momo temblaba mientras sus dientes castañeaban, aquello era insano y obscuro.
~ Volvamos a la entrada... Las chicas de Anzio deben llevarnos en custodia... Ya veremos qué hacer afuera de éste lugar...
Yuzu y Momo asintieron sintiéndose viles por abandonar a Miho dentro de aquél obscuro recinto de muerte.
Las chicas echaron a andar, un chillido agudo y mayor en escala y proximidad las espoleó haciendolas correr enloquecidas perdiendo compostura.

~ VI ~

Hermann miraba a la rojiza luz de la mortecina luna las siluetas imposibles de unos seres desconocidos y aberrantes.
La mente plagada de leyendas y sagas del nórdico comenzó a esbozar algún ser o quimera parecido a lo que veía.
~ Por la maldita Madre de Grendel, señora de todas las salamandras y sabandijas venenosas que emponzoñan el suelo del Nifelheim... ¿Qué horrores son éstos? - preguntó en la materna lengua Asatrú.
Hermann y la guardia cuádruple se habían apostado en los alrededores de la Forum Livii, el germano hacía la segunda guardia con algunos partos y vikingos, los griegos y romanos se habían emboscado según sus reglas.
Sólo restaba esperar a que sus acechadores se presentasen en Forum Livii, y éstas no los dafraudarían, al principio, el silencio y el viento del desierto le trajeron el lejano y apenas perceptible batir de alas improbable.
Luego, la luna llena se ensombreció con una horda de negros seres alados. Y ahora, los espectros bajaban del cielo y plantaban sus zarpas en el suelo del desierto.
El germano jamás había visto unos espectros tan demencialmente trazados, alados y con garras terribles y poderosas. Largas cabelleras hirsutas coronaban los cráneos terribles y deformes de aquellas pesadillas.
Hablaban entre sí, éso las hacía doblemente peligrosas, cuerpos bestiales sumados a una agudeza de ingenio podían ser una combinación espeluznante.
Eran una comitiva escasa, apenas una quincena de aquellos seres albos y repugnantes que cloqueaban y gruñían.
De pronto formaron un círculo a las afueras de la ciudadela.
Aquellos seres iniciaron un cántico bajo y profundo, de significado obscuro y remoto, Hermann se estremeció, no pudo evitar recordar los círculos Moíricos de los druidas celtas en el que sus antepasados habrían sido sacrificados en las nefastas campañas Bretonas. Tembló al ver aquél espectáculo que hedía a prehistoria.
~ Somos bárbaros, ciertamente... Pero no somos salvajes... Éstas criaturas son, indudablemente las amazonas de Hécate, sacerdotizas de Melusina... Herederas de Circe... Son las Arpías... - habló el germano girandose con valor hacia sus generales. - Pero nosotros somos los Ulfhedner... Los guerreros salvajes del señor Wodens, los Berseekers del poderoso Odín... Y también nosotros poseemos palabras de poder.
Y los arqueros encendieron con ayuda de pedernal y archas flechas incendiarias que apuntaron hacia el círculo de criaturas.
Y la noche se llenó de fuego de la quincena de sombras, nueve de ellas se ilumaron como teas gigantes, los legionarios y mercenarios griegos entraron en escena cortando alas, cercenando miembros y segando cabezas, de las séis restantes, tres fueron abatidas por las afiladas y certeras lanzas de los partos, las tres restantes emprendieron feroz vuelo chillando en la noche.
Pero las bestias incendiadas y las derribadas continuaban luchando contra los soldados que se agolpaban y chocaban contra ellas, Hermann notó que Pirro y Adefonsus cada vez iban siendo mermados en número de guerreros, de las tres bestias abatidas, una había sido picada en pedazos por los gladius romanos y falcatas griegas mientras dos más se batían, los aguerridos griegos trataban de mantener en el suelo a una otra que intentaba aún volar mientras otra se batía contra varios guerreros que la cercaban, la criatura tenía la lanza atravezandole las alas óseas y nervudas de donde sangraba copiosamente, Hermann veía que la criatura luchaba con ferocidad y valor, pero cada vez los zarpazos fallaban más y sus esquivos eran mas lentos y torpes.
~ Está acabada. - concluyó.
Lo que le dejaba a las otras nueve criaturas que, encendidas en llamas, aún luchaban a brazo partido contra los legionarios.
Se decidió entonces a reforzar a los disminuidos guerreros.
Lanzando un cántico guerrero, los nórdicos se lanzaron en carga contra las criaturas que chillaban y cortaban a sus atacantes con la ferocidad del animal perdido.
Uno de sus ulfhedner, un enorme guerrero que empuñaba una hacha guerrera rematada con un morgenstern en el cabo blandía con furia y habilidad su poderosa hoja doble cortando miembros, rebanando torsos, quebrando huesos.
Al final, las espantosas criaturas fueron reducidas, sin embargo, los sudorosos sobrevivientes se miraban entre sí.
Los restos carbonizados de aquellos espantos aún se movían lentamente.
Pero Hermann notó que aquellos seres asesinados por los sables rúnicos vikingos estaban quietos.

~ VII ~

Anzu sonreía con el ceño fruncido intendando aparentar un valor y frialdad que estaba lejos de sentir.
Ante ellas, en la tiniebla de aquella cripta, había aparecido un auténtico pelotón de fusilemiento encabezado por la cruel Signora de Anzio, Anchovy sonreía encantada de oreja a oreja sosteniendo un revólver.
~ Ara... Al parecer su "visita" tenía siniestros propósitos...
- dijo Anchovy sonriente. - diganme ahora dónde está Nishizumi...
Anzu ensanchó la sonrisa con sardónica burla.
~ Maledettas idiotas. - escupió la italiana amartillando el arma y poniendolo a la altura de la cabeza de Anzu.
Pero en ese instante les llegó de las profundidades de la tierra un alarido largo, agónico y triste que ascendió en su ominosa cacofonía hasta alcanzar el timbre de un ronco rugido amenazador y hambriento.
Anzo sonrió espectralmente, Anchovy se estremeció mientras la mano con la que sostenía el arma le temblaba apenas perceptiblemente.
~ Clara... - murmuró Anchovy. - ve a traer a Nishizumi y ve por qué bala tanto... Quizás la muy estúpida se cayó y se quebró algo...
Una chica castaña de cortas trenzas y de gafas se estremeció mirando a su líder.
~ D-Duce... Yo...
Los ojos de Clara se inundaron de lágrimas al ver cómo Anchovy se giraba hacia ella apuntándole con el revólver.
El tenso silencio se hizo casi absoluto.
Clara echó a andar empuñando un revólver y con una linterna para guiarse.
Anzu se preguntó cómo era posible que alguien como Anchovy fuese la lidereza de chicas tan sumisas y dispuestas a obedecerla.
En la obscuridad interior de la cripta, algo rugía enloquecido y rabioso.

~ VIII ~

Adefonsus miraba ceñudo el fuego de las piras donde los guerreros caídos ardían, las arpías las habían descuartizado y dado sus restos a los carroñeros del desierto.
Pirro y Antonio discutían la necesidades de movilizar a toda la legión para buscar al triunviro Escipión. Pero al igual que Hermann, Adefonsus estaba seguro de que tenías más oportunidades tratando de sitiar el nido de aquellas bestias, tras el término del asalto, los legionarios se lanzaron en cuatro expediciones para buscar el probable origen de aquellas bestias.
Adefonsus lo sabía, las arpías habían sido expulsadas de los antiguos picachos del imperio por el héroe legendario Ulises según la Odisea.
Pero ni Ulises había logrado asesinarlas... ¿No las había visto con sus mismos ojos? ¿Acaso no había blandido su gladius contra aquellas pesadillas? ¿Acaso no había sentido el hedor de sus carnes ardientes y se había estremecido ante sus chillidos guerreros?
Gotas de sudor frío perlaron la frente arrugada del magister militium romano, aquella legendaria gesta había sido cierta por lo menos en parte.
Las arpías fueron expulsadas a África... Estamos cerca de África... ¿Acaso el triunviro Escipión, y su superior, Salinator no habían aplastado Cartago y cubierto de sal Cartago Nova?
~ Debemos mandar a los íberos a mis ordenes, ellos son hábiles en campo abierto y sortearán los peligros, saben resistir días de camino sin apenas descanso... Debemos enviar a los mejores a buscar al triúnviro Escipión. - opinaba nerviosamente Antonio
~ No lo créo... No sabemos qué hay afuera... En las dunas... Debemos engrosar las filas de expedicionarios y ya encontrando su excecrable nido incendiarlas a todas, matar a mandobles a las que queden y en caso de morir hacerlo con honor y matando las más que se pueda... - habló Hermann mirando distraídamente las abolladuras de su scutum de bronce forrado con piel de alce.
~ Antonio tiene razón. - Habló Pirro. - Y Hermann también... Debemos despachar a los mercaderes, subalternos y esclavos restantes con la orden de buscar a Escipión, tras ello debemos rebuscar en las dunas hasta dar con lo que sea que las haya vomitado en ésta tierra y batirnos esperando menguarlas y darles tiempo a los mensajeros de dar con la legión IV... Y confiar en los dioses que los mensajeros volverán con ayuda...
Ésta última reflexión los dejó en un animo terriblemente negro, sólo Hermann y sus ulfhedner parecían resistir con estoica entereza la situación que se les plantaba.
Adefonsus sabía que Pirro, Antonio y Hermann acababan de formar un plan de acción que no se le podía ocurrir debido al temor que iba dominandolo.
Sonrió un poco animado.
~ Vamos a hablarle a la gente. Hablemosles de lo que hay y de lo que habrá y que los Dioses estén con ustedes y sus guerreros. - habló.

~ IX ~

Las chicas del consejo estudiantíl de Oarai habían mudado el gesto, las italianas las habían tomado en custodia y las habían sujetado con esposas, Anchovy se acercó a Anzu y la abrazó por la espalda encañonándola en la sién
~ ¿Sabes? Podría ser amable con tus amigas si tú a cambio te portas tierna conmigo...
Anzu sintió un desagradable asco ante la propuesta de la italiana.
~ Está bien... - dijo Anzu mirandola con conquetería. - soy tu prisionera después de todo...
Anchovy se relamió los labios con visible lujuria premeditada.
Hasta que el grito de Clara, lejano pero retumbante de ominosa cacofonía infernal les llegó desde las profundidades de la tierra acompañado por tres detonaciones y un rugido.
Anzu palideció, el grito de Clara había sido terrible, largo, lastimero, lleno de horror. Y también se había cortado de tajo tras soltar tres tiros más.
Pero los rugidos se habían transformado en un rumor de carroña.
~ ¿Qué ocurre aquí? - preguntó Anchovy a las asustadas prisioneras.
~ No lo sé... - habló quedamente Anzu mirando hacia las tenebrosas profundidades.
~ ¿Y ésto? Cuatro de ustedes entraron aquí y sólo veo tres... ¿Donde está Nishizumi?
Anzu apenas iba a hablar cuando un rugido terrible brotó del corazón de la obscuridad, ronco y largo.
~ Dios... Suena como poseída... - dijo una de las italianas.
~ Ya no escucho a Clara. - observó otra.
Anchovy tragó saliva, aquello se iba acercando. Los bufidos y aullidos terrorificos se lo indicaban.
~ Vamos a interceptar a esa infeliz... - dijo Anchovy recomponiendose. - apunten y disparen a matar si ven a esa infeliz.
~ ¡¡No!! ¡No la mates por favor! - sollozó Anzu.
~ Cariño, éso que ruge no puede ser humano... ¡Andiamo!
La comitiva avanzó dispuestas a encontrarse con lo que rugía en las tinieblas.

~ X ~

Hacia medianoche del segundo día después de la partida de los mensajeros, la legión aguardaba en tensa y serena calma guerrera que se desatara el infierno.
Los generales no habían ahorrado detalles ni minimizado en absoluto el riesgo terrible que acechaba en el desierto.
Los bárbaros del norte eran los mas tranquilos y aguzados; serenos y sombríos como bosque escandinavo entonaban canticos de agradecimiento a sus deidades ancestrales por los rivales recibidos.
Los Runenmeister germanos trabajaban a gran celeridad tallando las runas en el orden y ramificaciones precisas en el orden dado por Vater Wodens.
Los Ulfhedner se tatuaban con ayuda de tintas naturales marcas guerreras y símbolos de poder en sus cuerpos musculosos.
Los romanos y griegos los observaban con humor saturnino, aquellas ceremonias propias de bárbaros incivilizados los asolaba, suspiraban por Roma como el niño perdido suspira por su madre.
Los partos, guerreros y mercenarios acostumbrados a la guerra y al horror de ésta se acercaban con reverencia y curiosidad a ver lo que los germanos realizaban y al poco, los sables partos comenzaban a ser grabados con símbolos y palabras de poder recibiendo sus nombres guerreros.
Adefonsus y Antonio meneaban sus cabezas, ciertamente estaban en una tierra habitaba por fantasmas e impregnada de maligno misterio.
~ Quizá deberiamos unirneslos... Despues de todo... Todos luchamos contra demonios... Padre Zéus... Omnipotente señor del rayo... Temo que mis soldados sean insuficientes... Ayúdannos padre... Asistenos... - pensó Adefonsus agobiado.
Y entonces oyeron los chillidos lejanos.
Miraron al desierto y bajo el doble cuerno de la luna gibosa vieron las siluetas horribles de miriadas de aquellos entes salidos del Tártaro.
~ ¡¡¡¡A las armas!!!! - exclamaron los vigias.

~ XI ~

Anchovy corría desesperada por los corredores claustrofóbicos de la cripta, jadeaba y sollozaba presa del horror, su expresión estaba desencajada mientras trataba de correr lo más rápido que sus piernas le permitían, aquello era una pesadilla, su mano derecha apretaba el revólver vacío que llevaba.
Tras haber caminado en la obscuridad, perdieron el sentido de la orientación a la vez que los gritos y aullidos enloquecidos de Nishizumi le llegaban de todos lados.
Hasta que apareció frente a ellas un horror blanco y rojo.
Viscoso y horrido.
La italiana jadeó. Aquel ser tenía unas facciones feroces semejantes a las de Miho y estaba desnuda y bañada en el rojo de la sangre de Clara.
Abrieron fuego contra la criatura, Anzu, Momo y Yuzu se abalanzaron contra Anchovy tratando de derribarla y a su escolta.
Las chicas cayeron. Momo había sido alcanzada en un brazo, Yuzu en el cuello, sólo Anzu había caído ilesa.
~ Miho... Schnell!!!! - gritó Anzu tratando de levantarse para taclear a las caídas y darle tiempo de huír.
Miho vio a través de sus ojos brutales y vio aquello.
El ser en el que se había convertido se conmovió, estaba sola... Era la única en su tipo. Ante su vista enrojecida vio a Anchovy erigirse antes que Anzu, la italiana le colocó la bota sobre la cabeza a la japonesa, apuntó su revólver y soltó tres tiros a quemarropa. El cuerpo de Anzu se estremeció espasmódicamente a cada tiro.
Miho gritó de rabia al ver aquello. Otra de las italianas apuntó contra Momo y le descerrajó dos tiros más.
Yuzu se ahogaba en las oleadas rojas que brotaban de su cuello y boca.
Miho se maldijo, en un breve atisbo de conciencia se sintió terrible, por recuperar a Maho había causado la muerte de sus tres amigas y compañeras.
Los revólvers se amartillaron y apuntaron contra ella. Miho rechinó los dientes y se lanzó contra las italianas con las zarpas extendidas rasgando la roca de las paredes con las fauces abiertas y supurantes de sangre.

~ XII ~

Los primeros destellos del alba descubrieron un escenario de muerte, los legionarios tras haber luchado ferozmente a lo largo de las horas de la noche habían sido mermados hasta quedar solo ochocientos guerreros de los cuatro disminuidos cuerpos de guerreros.
Las flechas habían hecho estragos en las atacantes furias. Lanzas y escudos chocaron contra garras y colmillos.
Pese a la ferocidad y aguante de las arpías, los legionarios lograron replegarlas hasta la boca de una gruta rocosa. La guarida de aquellas bestias.
Los exhaustos legionarios apenas y alcanzaron a bloquearles la salida.
Adefonsus y Antonio sucumbieron a las pocas horas de confrontación, Pirro había perdido un ojo y había recibido arañazos y mordiscos que supuraban cada vez más pus, una fiebre terrible comenzaba a enrojecer su frente y nublar su juicio.
Hermann y varios germanos derribaron roca tras roca en la entrada de aquella caverna.
Sólo unos cuantos habían quedado aún con la suficiente entereza para terminar la tarea.
Cuando la tarde cayó, el último de los legionarios perecía presa de horribles visiones producto de las abrasadoras fiebres causadas por los venenosos colmillos de las criaturas que aún anidaban en las profundidades de aquella caverna.

~ XIII ~

Miho capturó a una de las chicas italianas y le reventó el cuello de un terrible mordisco, con las garras evisceró a otra que cayó tratando de mantener las visceras dentro.
Anchovy y dos mas de sus escoltas abrieron fuego contra Miho sin lograr parar sus fieras acometidas. Gritando, Anchovy echó a correr y tras ella sus dos escoltas.
Miho entonces miró a sus amigas que yacían en el suelo a punto de morir.
Escuchó con su oído hipersensible los latidos de los corazones temblorosos y débiles. Tras haberse saciado con la carne y sangre Clara, ahora podía pensar más claramente.
Sin perder tiempo abrazó a Anzu y le inoculó el alcaloide, luego, le dio a beber su sangre, hizo lo mismo con Yuzu y Momo.
Quedaron estáticas, Miho murmuró bajamente unas palabras ígnotas y arcanas que detonaron la mutación en el trío.
Las chicas se habían separado y corrían como ovejas de lobos. Se espolearon al escuchar los rugidos de las tres recién nacidas y  aumentaron el ritmo de su carrera.
La chica a la que Miho había eviscerado comenzó a gritar aún más alto, Anzu, Yuzu y Momo comenzaron a comerla aún viva con hambre feroz ante una complacida Miho que las miraba enternecida y orgullosa.
El famélico crujido de huesos y de carne y músculos desgarrados hasta el cartílago casi enloqueció a Anchovy, esta, cayó al suelo sólo para dispararse aún a gatas hasta la salida de la cripta.
Un grito de dolor y horror que al principio sonó como una carcajada y que atronó hasta perderse en un roer y desgarrar ensordecedor le hizo saber a Anchovy que otra de sus escoltas habíase encontrado con la cuarteta en alguno de los tantos giros en aquel obscuro laberinto.
Las piernas se le entumían, sentías que llevaba una eternidad corriendo despavorida en aquella negrura hórrida.
Hasta que chocó con su última escolta. La chica estaba pálida como un cadáver y lloraba copiosamente.
La chica la miró y sonrió tonta y locamente.
Anchovy supo de inmediato que la chica había perdido la razón de puro terror, hablaba a gritos, rápida e incoherentemente mientras sacudía con aspavientos escalofriantes el arma que Anchovy ignoraba si estaba cargada o no.
La chica giró el cañón, se lo puso dentro de la boca y berreó horriblemente antes de jalar el gatillo.
Los sesos de la italiana se quedaron embarrados en las paredes mientras las cuatro nuevas criaturas se apresuraban gruñendo y aullando hacia donde habían escuchado el disparo.
Anchovy enloqueció de terror, sus piernas se volvieron simples hilos inconsistentes y cayó junto al cadáver de la suicida. El revólver de la chica brilló y Anchovy sintió que toda su fe se cernía sobre él como si fuese una llave maravillosa.
Lo empuñó en el momento justo en el que las cuatro criaturas aparecían gritando en una esquina, Anchovy se colocó el cañón en la boca y jaló el gatillo.
Y éste chocó con un cartucho vacío.
~ Puttana Miseria!!!! - bramó cuando sintió los cuerpos húmedos de las criaturas impactandola.

EPILOGO

Publio Cornelio Escipión llegó a Forum Livii años despues.
Encontró los restos destrozados y blanqueados por el sol del desierto y buitres y hienas carroñeras de la legión del Triunviro Salinator. Meditó un instante y siguiendo el rastro de muerte llegó hasta un túmulo de rocas que tapaban una gran gruta. Manos afiebradas habrían escrito una antigua sentencia que Publio Cornelio miró intrigado.

IBI CUVABIT LAMIA...
LAMIA...

~ Traigan a los esclavos... Que derramen vinagre sobre esas piedras para desgastarlas. Luego muelanlas hasta abrir ésta gruta... Quiero saber qué se enconde en éstas cuevas...
~ .|||. ~
Anchovy jadeaba entrecortadamente tratando de no incomodar a las cuatro chicas de Oarai, sus ropas estaban hechas girones y manchadas en sangre. Varias punciones hinchidas y enrojecidas mostraban coagulaciones. Sus ojos estaban clavados en el negro techo de la cripta.
Anzu se movió abrazandose mejor a ella acercándo sus ansiosos labios al cuello de Anchovy.
~ No... Por favor no... Te lo suplico... - murmuró ahogadamente sollozando.
~ ¿Sabes? - murmuró Anzu roncamente. - Podría ser amable con tus amigas si tú a cambio te portas tierna conmigo...
Anchovy lloró cerrando los ojos y estallando en una amarga risa llena de tristeza y desconsuelo.
~ Está bien... - gimió riendo amargamente. - Soy tu prisionera despues de todo...

TERCERA PARTE
IBI CUBAVIT LAMIA




Del sombrío amanecer rojizo de la Creación,
De las nieblas del tiempo intemporál
llegamos nosotras, la primera gran nación
las primeras en iniciar el ascenso.
Salvajes, sin maestros, ignorantes, y sin sueños,
buscando a tientas a través de la noche primitiva,
y con todo aferrando débilmente el resplandor,
el atisbo de la Luz venidera.
Viajando por tierras vírgenes,
navegando en mares desconocidos;
encerradas en el laberinto de los misterios del mundo,
echando nuestros mojones de piedra.
Asiendo vagamente la gloria,
mirando más allá de nuestro entendimiento;
mudamente la historia de las eras
erigiéndose en llanuras y pantanos.
Ved cómo arde imperecedero el Fuego Perdido.
Hechas estamos del moho de los eones.
Las naciones de los hombres han hollado nuestros hombros,
pisoteándonos en el polvo.
Somos la primera de las razas,
uniendo lo Viejo y lo Nuevo...
Mirad, donde los espacios del mar nebuloso
se mezclan con el azúl del océano y los negros abismos cósmicos.
Así nos hemos mezclado con las eras,
y el viento del mundo remueve nuestras cenizas.
Nos hemos desvanecido de las páginas del Tiempo.
¿Nuestro recuerdo? Polvo en el Viento en los abetos.
Stonhenge, de gloria largamente perdida, sombría y solitaria en la noche,
murmura la historia de viejas eras,
de cómo alumbramos la primera de las Luces.
Hablad, vientos nocturnos, de la creación del hombre,
susurrad sobre barrancos y pantanos,
la historia de la primera gran nación,
los últimos vestigios de la Edad de Piedra.



Bylan D'Neydn

~ I ~

Publio Cornelio Escipión miraba trémulo la luna apenas esbozada y gibosa en la noche desertica.
La Forum Livii había sido reconstruída rápidamente gracias al reforzamiento de esclavos por parte de Flavio Marciano.
Nihil obstat, casi se había habituado a las contanstes idas y vueltas de las hijas ilustres de la noche.
Venían, tomaban algunos cadaveres y se marchaban, a veces llevandose a enfermos de gravedad o heridos enfebrecidos.
~ Asquerosos chacales engendros de Hades... - escupió Escipión bebiendo de una jarra de oro regalo de aquél ser con el que su prole se había unido.
Hacia solo algunos meses, llegaba a Forum Livii cargado de fortuna, sueños y victoria para encontrar un sitio de muerte y soledad.
Una gruta de enorme boca había sido tapada y varios cadáveres momificados a la entrada evidenciaban un tamaño titánico que, sin embargo, tardaría poco en reabrir sus fauces famélicas.
Tras algunos dias de rehabilitar la colonia romana, Escipión dispuso una guardia, gobernadores, guardias y carceleros en caso de problemas.
Los edificios habían sido levantados firmemente pese a lo apresurado de la salida.
La ruina pronto se trocó en prosperidad creciente y manantiales y pozos fueron agrandados y excavados creando un oasis de gran belleza.
Por unos días, el triunviro se olvidó de las ruinas al observar cómo se incrementaban las casas, edificios, salones y hasta el templo, las sacerdotizas de Artemiza lo convencieron de optar por el patronazgo a la diosa de la luna.
Y era porque una de sus hermosas sobrinas, Aglaonice, era sacerdotiza de la dulce y mistica diosa.
Hasta la desdichada hora en que recordó, como un susurro, el túmulo de piedras.
Escipión acudió al día siguiente y el y sus generales abrieron la fosa.
Dentro hallaron horror.
Las paredes de caliza abrieron sus tinieblas ante Escipión el Africano como un telón ante el ansioso espectador.
En las paredes había profundos arañazos así como grabados en lenguas obscuras, bárbaras, prehistóricas y desconocidas así como también en griego, latín y hasta cartaginés.
Quizás algunos sobrevivientes se habrían refugiado a cal y canto en aquél lugar.
Varios legionarios se adentraron en la negrura de la cripta. A cada paso, había desde blasfemias hasta súplicas a dioses. Poco a poco los grabados se volvían mas uniformes y hasta artísticos, como un refinamiento evolutivo repentino, súbito.
Hasta que encontraron los restos de varios guerreros de apariencia escandinava.
Sorprendentemente se habían conservado en un estado pútrido y mefitico aún.
La piel era correosa como el cuero curtido por el sol, la piel de brazos, piernas y cráneo se había replegado hasta los huesos como si algo lo hubiese succionado con fuerza infernal desde el interior. Pero los vientres estaban hinchados como los de un ahogado, grandes como si...
Y los legionarios retrocedieron amedrentados...
El cadáver se sacudió con un timido espasmo. Aún conservaba las rubias trenzas guerreras y las barbas largas. Éstas habían evidenciado la sacudida.
Otro golpe más, la calavera cubierta de cuero pálido y correoso abrió las fauces girando hacia ellos.
Uno de los legionarios perdió el pulso y echó a correr gritando.
Y Escipión el Africano miró cómo lo único que saltaba llevando al cadáver en sacudidas convulsas era el estómago desmezuradamente hinchado, el cuerpo se rodó quedando de costado.
El estomago se rasgó y de las entrañas del legionario brotó una bola gris marrón que chapoeteó espantosamente al tocar el frio suelo rocoso con un horrible sonido de entrañas.
Un húmedo cloqueo brotó del ser, para horror de los legionarios, todos los legionarios momificados que llenaban hasta donde se perdía la vista el túnel comenzaron a sacudirse, algunos con timidéz y otros con salvaje locura.
Pero el final de todos fue iguál, de las entrañas brotaron varias cosas que chapoteaban recomponiendo sus formas albas y gomosas sucias de visceras y sangre largamente corrupta.
Y los demonios recompusieron su forma ascendiendo desde los mas elementales y difusos plasmas hasta formas mas complejas, de ahí a animales, de ahí a humanas... Y después a algo que no era ni humano ni animal.
Un chillido demente y aterrado atronó cuando las primeras criaturas se lanzaron contra los petrificados legionarios.

~ II ~

Varios cayeron de puro horror ante tal milagro. Aquello era insano, ni en el Hades habríase tal horror, aquella cueva era el Tártaro y aquellos seres las Lamias... Escipión había traído del reino de los muertos un terrible y antiguo mal...
Intentó luchar sin éxito, y al tratar de huír le fue mucho peor ya que lo capturaron vivo junto a varios de sus generales que habían rendido sus armas.
Escipión entonces miró los ojos de aquellos seres antiquísimos. Eran ígneos, bronce al rojo vivo. Enloquecidos y dementes, contenidos por algún terrible sortilegio desconocido. ¿O quizás (¡Oh, Dioses!) tenían consciencia similar a la suya?
~ Escipion... - siseó una voz baja y viperina en su mente. - Eres un guerrero feroz, ante ti han caído muchos... Pero es sabio rendir el sable antes que morir empuñandolo...
~ Pero no es de honor. - pensó.
~ ¿Honor? - y las criaturas que los habían capturado sonrieron a la vez. - El honor de Roma es acumular victorias y hacer crecer su imperio... Nosotras... Sólo queremos vivir... Crecer y multiplicarnos en paz...
Escipión tragó saliva sin comprender.
~ Y queremos aliarnos contigo y con Roma...
~ ¡¡¡¿Quéee?!!! - preguntó incrédulo y sumamente aliviado.
~ Si... Firmemos la paz... Te ayudaremos contra los cartagineses invasores y contra cualquiera que ose levantarse contra tí... Pero para ello debo estar unida a ti... A tu sangre...
Escipión se quedó boquiabierto al escuchar aquello.
~ No contigo, hombre hijo de Zéus... Sino con tu hermosa sobrina, la amada de Artemiza... Quiero desposarla... Así tu estirpe y la mía estarán ligadas... Para siempre...
Escipión palideció, las nupcias siempres eran aceptadas para alianzas con pueblos similares y civilizados, pero, éstas criaturas no eran bárbaras, eran la misma presencia del salvajismo primigenio, pero aún así tenían prudencia y deseaban vivir en paz...
~ ¿Sólo eso?
~ Y varias doncellas... Incluso mujeres... Dannos a las viudas de aquellos cuya vida tomamos para enmendarles la perdida de un compañero por nosotras... Cuando alguien muera en tus terrenos... No hagas honras fúnebres... Dispondrás éstas criptas para el reposo de tus muertos... Nosotras abandonaremos las sombras y viviremos en lazo nupcial secreto con quienes nos des por esposas en un templo que habremos de construir fuera de nuestro hogar... Dirás que es un nuevo templo...
Escipión estaba abrumado y mareado.
~ ¿Y en honor a qué dios ha de ser erigido y santificado tal templo?
~ Neydn Magna Mater.
~ Sus aspectos horrorizaran a todos... Destripenme si las ofendo pero por Artemiza y Atenea que no miento...
Las criaturas no mostraron enfado, sus figuras, antes brutales y reptiloides se hicieron menudas y delicadas hasta que Escipión azorado miró a varias ninfas preciosas de rasgos egipcios, cartagineses, nordicos, orientales, africanos y de tantas tantas trazas que Escipión creyó estar ante amazonas, no de otra nación, sino de otra era.
~ Hechiceria... - murmuró.
~ Dame a tu sobrina... Amaré su carne como amo su alma... La oigo desde el desierto... Me llama... - murmuró una hermosa ninfa de imposibles cabellos verdemar y ojos color broncíneo brillante.
~ E-en el bien del pueblo de Roma... Acepto el trato. - murmuró exhausto.
~ Yo, Anatha... Declaro la bendición de Neydn para la Forum Livii Romana, Colonia de la negra y sepultada Zhul-Bha-Zaír.
Escipión inclinó la cabeza preguntándose una y otra vez: "¿Qué he hecho?"

~ III ~

Escipión le explicó a Aglaonice lo que había descubierto de una manera velada, le contó que había descubierto marcas extrañas de idiomas extranjeros y la chica lo escuchó.
Escipión se estremeció al ver los ojos gris plata de su sobrina. Sin duda alguna, la luna brillaba en ellos.
~ Hija mía... ¿querrías dirigir un templo que pienso erigir en la colina del túmulo? - preguntó.
~ Claro... Pero para eso faltan muchas lunas...
~ Solo algunas pocas... - dijo atragantandose.
~ ¿Qué ocurre? - preguntó algo alarmada al verlo palidecer.
~ Recibirás... ¿Deseas desposarte?
~ A mi regreso a Roma. ¿Es que acaso me han pedido?
~ Si, pero no deseo imponerte nada... Si lo deseas, haré la guerra con tal de defenderte...
~ ¿De quién?
Escipión se quedó helado al ver aparecer varios cientos de neydenias caminando majestuosamente a través del desierto portando ropas tejidas de telas y cuero en negro. Escipión casi vomitó al imaginar la procedencia del cuero.
Y Anatha, la de ojos ígneos, llegó ante Escipión y Aglaonice, la chica creyó estar ante la encarnación de la mismísima Palas Atenea.
Cabellos de color verdemar largos y brillantes a la luz del desierto, piel cerúlea y alba, un musculoso aunque estético cuerpo femenino le contaba sagas de un reino donde las mujeres luchaban a brazo partido contra los dioses mismos incluso. La encarnación de una diosa de la guerra.
~ Salutaciones... - habló Anatha en perfecto romano aunque con un tinte extranjero obscuro y enigmático que le agradó a la chica.
Los ojos de la romana se encontraron con los de la neydenia, no hubo necesidad de más... Los ojos broncíneos de Anatha le contaban historias en un mundo desconocido y hostíl, de luchas y pérdidas, de horror y perseverancia.
Los ojos plateados de la romana rindieron a la neydenia, dos lunas... ¿Hacía cuanto que había contemplado en los cielos, en la lejana y olvidada Carcosa la doble luna cornuda durante los primeros ritos? Cuando Némesis existía. Cuando Mater Neydn la había tomado para sí de la casta misma del rey Hastyr, el de la máscara de oro.
Pero ella amaba a Neydn y la amaría siempre, pero aquella romana le enternecía el corazón.
~ Salutaciones... - respondió Aglaonice.
Los ojos de Anatha se entrecerraron, la voz de la chica era una melodía de eras muertas que le susurraban sus placeres con Mater Neydn en la sepultada Zhul-Bha-Zhaír, los mismos que terminaron cuando la deidad fue sepultada en el templo por la ira de Hastyr y de sus hermanos guerreros.
Anatha declaró guerra contra ellos y hasta hoy jamás su corazón había latido tan amorosamente por alguien como por aquella romana de ojos color plata.
~ Sólo vengo a reclamar lo que es mío... - dijo suavizando la voz y entregándole a Escipión una jarra de oro tallada rica y antiquisimamente.
De inmediato, Aglaonice supo lo que aquella deidad quería, había venido por ella, en los ojos ígneos pudo ver el ardiente fuego de una pasión abrasadora que la había incendiado a ella también.
~ Así ha de ser... - dijo con humildad la sacerdotiza de Artemiza. - mi señora ha tomado carne y me ha señalado para sí... Siempre he sido suya...
Anatha comenzó un delicado y ensoñador cántico, dulce y desconocido que, sin embargo, conmovió a la sensible sacerdotiza, ésta, al estar segura de estar ante una diosa recibiendo su dulce hymenaios no pudo evitar soltar algunas lágrimas de arrobada felicidad.
Las demás neydenias salieron de casas y comercios, templos y burdeles con sus elegidas de la mano, las desposadas iban enrojecidas, asombradas, intrigadas y conquistadas por la osadía con la que habían sido tomadas de sus quehaceres, oficios, rezos u ocios por tan audaces y hermosos halcones del desierto.
Pero había fuerza y suficiente ternura en la manera que las llevaban, ya en brazos, ya de la mano que las mujeres forlivesas no temieron, sabían que no les harían daño, era como llegar a casa... Algunas incluso reían, las mas osadas incluso coqueteaban con sus amantes captoras.
La mano de la romana se perdió en la mano fuerte de la neydenia y la siguió con docilidad.
Escipión y todos los hombres de Forum Livii se quedaron petrificados, el canto de las neydenias era escalofriante, profundo, horriblemente petrificante y de una dulzura inhumana.
El canto de las sirenas de la laguna del aqueronte... Sirenas del infierno, hechiceras terribles. En ese momentos se selló un pacto, jamás cuestionar aquello, jamás contar aquello y no meterse con aquellos seres salidos de una caverna en medio del desierto.

~ IV ~

Dos meses mas tarde, tras una superficial intervención por parte de los romanos se terminó un altar sombrío de extraña arquitectura en lo alto de un templo piramidal coronado por un chapitel elevado.
Escipión no volvió a ver a su sobrina hasta el día en el que se inauguró el altar, las neydenias danzaron con sensualidad al lado de sus parejas romanas que, para ensombrecer más el humor de los romanos, no sólo se movían con la gracilidad, elasticidad y arte de las neydenias, sino que además mostraban afinidad de caracter y semblante que hacía suponer cosas obscuras.
Escipión juraría que los ojos de su sobrina ahora brillaban con la misma intensidad de la luna en las noches en las que estaba llena.
Durante el año siguiente, Forum Livii creció y el eriál árido que era se transformó en un rico oásis a mitad del desierto. Escipión apenas había visto a su sobrina y pocas palabras había cruzado con ella, se le veía feliz en demasía y lo último que le confió fue que su consorte le contaba historias antiquisimas y hermosas así como espantosas y delirantes visiones pasadas, ella deseaba perpetuar aquel conocimiento y decidió redactar lo que siglos después sería el Libro de los secretos de Zhul-Bha-Zhaír. Rebautizado siglos despues como el Cultes D'Neydeniens. Era el libro que terminaría dos milenios después en manos de una chica que por amor se entregó a la obscuridad, y que en ella halló otra historia más...
Escipión maldijo a los dioses por permitir que tales seres se ayuntaran con las hijas de Roma, los maldijo por permitir la existencia de un culto demencial y diabólico.
Los cultos de Neydn podían ser vistos en su mayoría excepto los secretos de Tenebras y de Nox Aeternae.
Ésos se llevaban a cabo dentro de las criptas en fechas apreciadas en los astros.
Los forliveses notaron que cada cierto tiempo los ataques de serpientes se multiplicaban por doquier. Se infiltraban en las casas y mataban por la noche, o sorprendían a los cazadores, o a los campesinos, nadie se quedaba a salvo.
Y entonces un nuevo misterio fue sacado a la luz.
Las sacerdotizas de Neydn llegaban a las casas de los deudos cubiertas con negras túnicas y máscaras doradas con gesto compungido exquisitamente grabado con tal arte que parecía a punto de llorar.
Y se llevaban a los muertos con ceremonias apresuradas y apenas algunas palabras de alivio para los deudos.
Muertos de todo tipo eran llevados a la cripta detrás del templo, desaparecían en la negra obscuridad para no salir más.
Suponían algunos que las sacerdotizas los llevarían bajo tierra y ahí los ungirían con aceites y especias y los prepararían, cantarían loas a las diosas virgenes e himnos a Neydn por el reposo de sus muertos y los sepultarían honradamente en las negras catacumbas.
Cuando Escipión el Africano se enteró de la verdad, de la blasfemia que aquellos seres llamaban rimbombantemente como rituál se volvió loco de rabia, ira, miedo y frustración.
Las sacerdotizas frecuentemente comerciaban con el pueblo y las hijas de Neydn solían seducir veladamente a las hijas de Roma hasta que alguna un día desaparecía para reaparecer después en las danzas en honor a la diosa.
Razón más para volverse loco de rabia si eras el padre o prometido de alguna. Solo se les daba el alivio de "agradece a la diosa que tu hija es su elegida..."
y casi a manera de burla jamás faltaba, caza, sustento o alguna pieza de oro antigua para los afligidos padres que terminaban por volverse indiferentes, uno de aquellos desdichados llegó a perder cinco hijas una tras otra en aquél recinto misterioso, obscuro y frío.
Y la última de las señales de alarma eran las llamas verdes que iluminaban las soirées de las neydenias, toda romana sabía encender fuego con pedernal y acero, pero tras unirse a la obscura hermandad, siempre, invariablemente, se usase cualquier método, las flamas producidas eran siempre de un extraño verdor.
Prometeo le dio al hombre el fuego rojo y amarillo, pero el verde sólo podía venir de los pestilentes pozos del Hades...
Cansados, los forliveses decidieron un desesperado intento. Descidieron firmar un nuevo convenio con las neydenias para celebrar el décimo aniversario de haberse aliado.
Aglaonice aceptó y convenció a Anatha de la sinceridad de Escipión, así pues, las neydenias aceptaron renovar su alianza.
Escipión recordaba que hacia algunas lunas había pactado con un salvaje del desierto que aseguraba haber encontrado la espada de Marte en los campos de mongolia y tras embriagarlo capturó a sus dementes complices y confiscó para sí un arma de empuñadura propia del dios de la guerra. De apariencia brutal pero de peso asombrosamente manejable. Aún conservaba unos setenta prisioneros mongoles y se decidió.
La noche del ceremonial las neydenias llegaron al campamento romano junto a sus parejas.
Escipión brindó en varias ocasiones por Anatha y por Aglaonice, tan nobles y halagadores eran sus parabienes que la neydenia, confiada tras diez años de convivencia pacifica y sumisa aceptó sus brindis y le dedicó igual número. Anatha sonrió complacida al ver que Escipión bebía de la copa de oro que ella había tomado del tesoro de su padre siglos atrás como recuerdo, el oro que jamás se ennegrece.
~ Pero... - dijo Escipión. - han de saber que mi corazón se entristece al saber que no contamos de su confianza.
~ Explícate...
~ Han de saber que pese a sus recelos y cuidados (que deben ser muchos) hemos descubierto que sois estirpe divina... Y no nos mostráis vuestra gloria quizás por creernos inferiores... Eso es comprensible...
~ No... Te equivocas... Tú dijiste...
~ Desconocía entonces que su bondad no se reflejaba en su apariencia sino en sus actos... Y ahora sería reafirmar nuestro aprecio mucho... Si nos muestran su aspecto divino.
Anatha miró a su consorte buscando consejo pues no sabía qué hacer, Aglaonice asintió sonriendole.
Todas las neydenias adoptaron su forma salvaje ante los ojos de Escipión quien trató de contener el horror que lo invadía al ver aquel cuerpo agrandarse.
Sonrió al ver el cuerpo de la enorme neydenia.
~ Has de saber que no existe lo infernal o lo divino, solo la naturaleza salvaje y la racional... Ambas pueden convivir... Y una puede sobrepasar a la otra, no es una lucha, es equilibrio... - escuchó la voz mental de su sobrina. Escipión la miró y encontró que a diferencia de la salvaje brutalidad de Anatha, Aglaonice era más estética, larga y elástica, lo más inquietante era que su sobrina poseía una mirada más hipnótica así como largas garras, los colmillos de áspid no eran los como los de su consorte, sino todos. Largos y finos como puntos de puñales.
Su apariencia no era tan reptilea, era marsupial y contrariamente recordaba al saltamontes o la araña, quizá ambos.
Era obvio que habían ocurrido muchos misterios horribles en aquel templo frío y aquella obscura cripta.
Los romanos convivieron con las neydenias lo mejor que pudieron, con frialdad e hipocresía.
Y las convencieron de aceptar varios cadáveres, varias decenas en realidad, los romanos habían envenenado a los mongoles con laudano y esperaban que sus efectos se vieran aún en las neydenias, contaban, sino con matarlas, sí con drogarlas hasta el punto de tenerlas a merced para destrozarlas hasta que no fueran mas que un recuerdo terrible.
Y así fue, Publio Cornelio Escipión y una comitiva de varios soldados y furiosos voluntarios la emprendieron contra la cripta.
Dentro, a la luz de siniestras fogatas de verdosa luz, descubrieron a las neydenias, plenas de sopor y satisfacción.
Abrazadas unas con otras en aparente caos lucían más como una jauría de glotones chacales arremolinados y pestilentes a carroña que a otra cosa.
Rebuscaron y casi todos cubrían un cuello, Publio Cornelio Escipión el Africano eligió a Anatha, ésta estrechó en sueños a Aglaonice con plenitud. En aquél sueño opiaceo, Anatha soñó que en algun futuro volverían a estar así, tan abrazadas en el silencio de la obscuridad.
Fue cuando la espada de Marte sacó chispas tras chocar contra el suelo tras segar el cuello de Anatha.
Publio Cornelio miró asombrado su sable, brillaba de un rojo vivo, miró la herida del cuello y cabeza y ambas humeaban cauterizados.
Decididamente era el sable de un dios y éste era mas poderoso que aquellas bestias.
Todos y cada uno de los cuellos de las neydenias fue seccionado, cuando Escipión se cansó, el sable pasó de mano en mano hasta dar cuenta de todas...
... Excepto de Aglaonice...
Nunca se sabrá si Escipión el Africano la dejó movido por la compasión, la locura o algún deseo de purga posterior, tras aquello consagró el altar de Neydn a Marte sacrificando a cuatro neydenias que habían sido retenidas bañando los pilares con la sangre de las fieras. Miles de manos trabajaron durante las primeras horas de la tarde para sellar la cueva y sus misterios.
Cuando Aglaonice recordó turbadamente los sentidos no creyó lo que vió.
Todas sus amadas hermanas habían sido decapitadas y profanadas indignamente, miró con el corazón desecho que su amada Anatha había corrido la misma suerte...
Se lanzó enloquecida contra la entrada de la cripta y la encontró cerrada.
Gritó... Gritó loca de dolor y rabia, se transmutó y atacó la roca sin éxito, ella había confiado en su tío, ella había permitido aquello, ella era la culpable de que todas hubieran muerto...
No... Aún sobrevivía ella... Y mientras ella viviera, el culto, el alma de sus ancestros y hermanas seguía vivo. Tras cansarse de llorar y suplicar se replegó a sus tinieblas internas.
Buscó un cuerpo y lo rajó en canal. Su masa entonces se replegó en una masa informe y blanca que entró dentro del cuerpo alistandose para un largo sueño, el cuerpo se cerró y la herida cicatrizó y sanó en medio de las tinieblas.
Aglaonice lloró en su obscuridad. Antes de que el sueño la abrazace, oyó las voces de sus hermanas mimandola, dandole ánimos... Y EXIGIENDOLE LA SANGRE Y EXTINCIÓN DE LOS ESCIPIÓN.

~ V ~

Publio Cornelio Escipión regresó a Roma tras pasar una última semana en Forum Livii acabando con la aparente prosperidad, segó toda vegetación, secó estanques, anegó riachuelos y cubrió de arena los restos...
Y sal...
Mucha sal... El ex magister militium cubrió de sal la anterior prospera y fértil región, tomó su muy diezmada legión y regresó a Roma.
Si Escipión se planteaba recibir consuelo en su patria se equivocó, un tal Catón el Viejo despotricaba en su contra y contra sus campañas púnicas y había conseguido derribarlo en la ignominia, sólo su hijo, Escipión Aureliano Máximo lo escucharía en sus tenebrosos detalles.
Una noche, tras ser publicamente delegado de funciones con deshonor y hallándose ebrio, caminó sin rumbo hasta llegar al templo de Artemiza.
Al darse cuenta de ésto, Escipión rió, rió y lloró alternatrivamente embriagado al recordar a su tierna sobrina que yacía condenada para los siglos.
Y levantó la copa para beber.
Publio Cornelio Escipión miraba trémulo la luna apenas esbozada y gibosa en la noche.
~ Asquerosos chacales engendros de Hades... - escupió Escipión bebiendo de una jarra de oro regalo de aquél ser con el que su prole se había unido.
Y al darse cuenta, la jarra cayó derramando un abundante fuente de vino que parecía nunca terminar.
~ Mientras una de nosotras exista, éste vino, que es la sangre de nuestros enemigos... No dejará de fluír libre... Jamás... - escuchó mentalmente recordando algúnas de las últimas palabras que Anatha la dirigiera.
Escipión enloqueció victima del horror y del vino, balbuceó manoteando sin sentido girando los ojos en todas direcciones, miró entonces la espada de Marte y la empuñó, se cortó la vena del brazo izquierda y garabateó lo último que supo esbozar en sus desvarios.

IBI CUVABIT LAMIA

En el altar de Artemiza, su sobrina era la Lamia y habia sido incubada por Artemiza. Riendo nerviosamente Escipión giró su Gladius contra su cuello y lo cortó desangrandose en el altar a la luz del doble cuerno de la luna gibosa.

~ VI ~

El Heracles flotaba en medio del lago circular de Midel, sombrío y silencioso.
Dentro, las Neydenias daban cuenta de las cuatro sobrevivientes.
Las ráfagas de disparos iluminaban los obscuros pasillos atronando como relámpagos en la noche.
~ Hay que activar la energía de emergencia para soltar las barracudas restantes y largarnos. - dijo Amanda.
Pronto alcanzaron a ver la escotilla que llevaba a la cámara auxiliar.
~ Yo le doy al interruptor y ustedes me cubren. - les dijo. - granadas listas.
Las chicas prepararon las granadas de humo. Si fallaban, Amanda sería la próxima en caer.
~ Now!!! - clamó Amanda echandose a correr y tirandose por la escotilla.
Cayó en pie y de prisa se puso a activar palancas, un crujido y el motor se reactivó y las luces se iluminaron.
Amanda se retrepó en la escalerilla para salir de la cámara, afuera las fieras aullaban y rugían con feroz reticencia.
Activó la granada y salió dispuesta a lanzarsela a las neydenias cuando apareció Erwin, hisseando a su izquierda jalandola de regreso. Kathleen la sostuvo por el torso e intentó sacarla. La granada se le soltó a Amanda y cayó, Nekota, Miho, Nakajima y Anzu aparecieron lanzandose contra ellas cayendo al cuarto de contról.
Fue cuando la granada explotó cegando a todas, en aquella ardiente nube, Amanda escuchó el angustioso aullar de dolor de Kathleen.
Escuchó y notó vagamente que los aullidos de dolor de su compañera y los gruñidos frenéticos de las criaturas le recordaban los de una batalla de perros, la agonía de uno al ser destrozado sin posibilidad de paz alguna hasta la invariable muerte, la cuál se solía alargar cuanto la rabia de la criatura fuese.
Cuando recuperó la visión en medio de la humareda vió a Kathleen sujeta por tres de aquellos seres mientras dos más la evisceraban derramando tanto intestinos como pulmones, corazón y tras unos feroces tirones incluso la columna de la desdichada.
Los ojos brillantes en plateado de Miho se encontraron con los suyos, Erwin ya había girado hacia ella mientras de su boca aún masticante se escapaban algunos trozos rojos.
Antes de darse cuenta, Nakajima le quebró la pierna derecha con un golpe fulminante y vertiginoso.
Cuando plantó la rodilla en tierra, Anzu la tacleó derribandola y comenzando a rasgar el chaleco, Amanda consiguió, gracias a su habilidad en lucha alejar las fauces y garras de sí, Miho y Erwin se lanzaron contra ella, las bloqueó a patadas como pudo. Durante algunos preciosos segundos consiguió mantenerlas a raya, escapandose y cayendo en las garras asesinas varias veces eludiendo zarpazos que levantaban el acero así como rabiosas mordidas.
Hasta que los colmillos de Erwin le aprisionaron el hombro derecho con furia.
Amanda desvió su atención a ésto y trató de jalarla de los cabellos y tironeandola.
Al hacer ésto descuidó las cabezas de Anzu, Nekota, Nakajima y de Miho, de inmediato las cuatro arremetieron a feroces dentelladas, muslos, caderas y vientre.
Un alarido de dolor enloquecido escapó de Amanda que se convulsionó con la ferocidad agonizante del animal que está siendo asesinado sacudiendo todo su cuerpo tratando de sacudirse el dolor enloquecedor que surcaba sus terminaciones nerviosas.
Amanda ya no tenía conciencia ni personalidad, sólo era dolor, dolor y nada más.
En uno de los muchos tironeos, las manos ensangrentadas y enloquecidas de la cadete de Saunders jalaron uno de los gruesos cables de alta tensión auxiliares.
Las dos cadetes restantes salieron despedidas por una explosión blanca de electricidad, un horrible zumbido electrico atronó con rabia y durante un instante, el Heracles iluminó la noche como un faro a la vez que se sumía inmediatamente en el silencio y la obscuridad más totales.
~ VII ~

Las B.U.G.S. sobrevivientes en el Oarai habíanse adentrado en el laberintico túnel que llevaba al Edén.
Decidieron no separarse más y llegar a obtener pruebas en video de lo que había en el Edén. Ahora lo sabían, algo encontrarían dentro.
~ ¿Tenemos linea con el Heracles o con Saunders? - murmuró Hannah tras asegurarse de que estaban solas en el largo pasillo metálico.
~ No, con ninguno... Pero podemos tratar de guardar datos en el sistema conectado a distancia del Heracles.
~ Es mejor que nada... En cuanto... - Hannah guardó silencio repentinamente al oír un rugido agudo y corto a manera de burla y reto. - Follow me... Girls... - murmuró pálida.
Encendieron las luces de los rifles y comenzaron a revisar. La negrura era casi total en aquel sitio.
Amy pensó que la cubierta debía estarse quedando muy arriba, la escasa iluminación fluctuaba enloquecidamente en el mejor de los casos, y en el mayor, estaba rota.
Incluso el sonido metálico de sus botas en los pasillos y escaleras estaba amortajado por una cubierta dura y rugosa.
Las B.U.G.S. Miraron al suelo y notaron que una gruesa costra de algún tipo de goma lo cubría.
Parecía como una costra coagulada hacía poco, era uniforme en su espesura más no en su color que era entre rojo vivo y café opaco.
Las paredes y barandales, descansos y pasillos en adelante mostraban el camino.
Marissa y Rose tallaban señales con las bayonetas a manera de no extraviarse, aquél laberinto era repugnante e intrigante.
Un giro equivocado o una carrera a ciegas podía llevarte a extraviarte.
Aurora estuvo cerca de colapsar en un ataque de pánico en el instante en que se dio cuenta de que estaban adentrandose en la guarida de algún ser primitivo y salvaje.
Apuntó al suelo y creyó ver trazos de piel en el gomoso y acojinado suelo. Rostros compungidos en las paredes y brazos colgando del improbable y obscuro tejado.
Cerró los ojos y concentró todo el valor al que podía invocar y abriendo los ojos marchó más segura y aprisa.
~ Ésto es cálido... - observó Alexandra.
~ Sí... - murmuró Rose ruborizada. - pero húmedo... Como...
~ ¿Como una boca? - observó jadeando Aurora, era cierto, hacía calor.
~ Iba a decir como un sexo húmedo... - dijo Rose medio en serio medio en broma.
Ésto les dio algo de ánimo y prosiguieron, notaron tambien que el eco era casi nulo... Era como estar dentro de un enorme cobertor de piel...
Hannah sintió que el vello se le erizaba al imaginar la escena.
Las cinco adentrandose dentro de las tinieblas de un gigantesco ser vivo.
~ ¿Será una especie de nido? - pensó Hannah Phoenix mirando al frente atentamente. - si lo és, esta... Cosa... Debe ser algo que secretan... O trabajan... Es cálido... Bien dijo Rose... Es como un sexo bullente y húmedo, cálido...
El rostro enrojecido de Hannah palideció deteniendose en seco.
~ Es como un útero... - murmuró sudando frío. - Es un nido... Nos estamos adentro en el nido...
Amy enfocó al frente, el camino se volvía mas cerrado y el sonido casi no retumbaba en los muros.
~ Deberiamos volver... - observó.
~ Es inútil... Ya es inútil... - retumbó una voz en sus mentes. - jamás debieron adentrarse aquí... Jamás debieron venir al Edén...
~ Fuck you mother, you bitch... - escupió Hannah sintiendo que la vena militar que poseía se reactivaba a la sola incitación.
Las B.U.G.S. Emprendieron nuevamente su penosa marcha hacia adelante, hacia el nido de las hijas de Neydn.
Debían estar cerca dado que el calor casi era tropicál, selvático.
Entonces Marissa comenzó a escuchar los tambores...
~ ¿Oyen eso? - preguntó.
Todas se pararon en seco, las cuatro chicas restantes aguzaron el oído y ninguna oyó nada.
Siguieron andando hasta llegar a un enrejado cubierto de la rojiza sustancia mucilaginosa y hiedras de verdor lujuriante.
En enormes letras góticas oxidadas de podía leer Al Ayden. El Edén.
~ Ok, let's ride...
Alexandra y Aurora se colocaron una en cada reja, estaban abiertas, aquella resina viscosa y las hiedras amortiguaban los chirridos del óxido.
Un calor sofocante y un olor endemoniado las asaltó.
~ Put the mask now! - ordenó Hannah.
Rápidamente se colocaron las máscaras y eso alivió un poco sus nervios.
Olía a mil demonios iracundos adentro del Edén, hedores tan variados que unidos creaban una niebla mefítica que podía notarse en un impreciso púrpura fluctuante a la luz de las linternas.
Cadáveres podridos, olor a hiedras corruptas, sudor, olor a sexo y a otras excreciones...
El Edén apestaba a mil infiernos.
Se abrieron paso con las bayonetas segando las hojas y ramas que se les atravesaran, aquél lugar lucía como una selva prehistórica. Incluso una ligera lluvia caía.
~ Debe ser la concentración de humedad que al llegar a la cúpula y calentarse vuelve a caer... Awesome. - pensó Hannah.
Caminaron enfangadas hasta lo que parecía ser un claro. Dentro del cuál yacía un auténtico pandemonium.
De los improbables techos colgaban cadáveres colgados por los pies en ganchos de carnicero, en estacas clavadas al suelo había atados varios cuerpos putrefactos y en la punta de las estacas, un empalado.
Un enorme monolito verde grabado con extraños simbolos ígnotos resplandencía  a la aqueróntica y verdosa luz de un fuego corrupto.
Y sobre el monolito estaba una sombra.
~ ¿Quién es? - preguntó Hannah quedamente a Amy.
Amy miraba boquiabierta la silueta desnuda y resplandeciente.
~ N-Nishizumi... Maho... - balbuceó Amy.
~ ¿No había desaparecido hace meses?

~ ¿Qué ocurre en Oarai? ¿Accidente biológico?