La Tumba de la Magna Soror
PRIMERA PARTE
FORLÍ, ITALIA
~ I ~
Miho miraba por la borda del Oarai, las costas
negras italianas la aguardaban, el aire era frío y lleno de presagios. Las
nubes negras auguraban tormenta.
Una lágrima corrió por su rostro, hacia sólo unas
semanas que Maho vivía con ella en la Oarai, aquello bajo otras circunstancias
habría sido el paraíso terrenal para ella... Pero no era así...
Algo estaba mal... Terriblemente mal, Miho estaba
sola con Maho y aquello la aterraba.
~ Nishizumi... - murmuró una voz detrás de ella.
Miho reconoció la voz de Anzu, pero no deseaba
girarse a mirarla, estaba fastidiada de todas y de todo...
~ Llegaremos por la mañana a puerto... A dónde te
diriges en concreto?
~ Forlí... - respondió despacio Miho con voz suave y
triste.
Anzu, pese a que ansiaba animar a Miho y deseaba
verse animosa sintió una punzada al escuchar la amarga voz de la chica.
~ ¿Qué... - murmuró con voz quebrada Anzu para luego
carraspear y recomponerse. - ¿Qué hay en ese lugar?
Las cejas de Miho se enarcaron, ¿Por qué Anzu se
metía tanto con ella?
~ ¿Algún familiar? - dijo con cuidado Anzu.
Los ojos de Miho se desorbitaron de rabia, la
quijada crujió por la furia con la que Miho la apretó, estaba a su límite pero
no deseaba sonar grosera con Anzu, no deseaba que la presidenta se enemistara
con ella, no en ese instante.
~ ¡Sí! - exclamó con júbilo. - sí hay un pariente...
Por cierto... Presidenta... ¿Puedo pedirle un favor especial?
Anzu la miró con compasión.
~ El que quieras...
~ Mi... Hermana... ¿Ha estado agitada hoy? Ya
sabe... ¿Conciente?
~ Sí... Está... Dormida y no despertará hasta mañana
por la tarde... Quizás...
~ Sédenla bien...
~ Está muy bien sedada y tranquila, Nishizumi... -
insistió con suavidad Anzu.
~ Quiero dormir con ella ésta noche y no quiero...
Que mi presencia la asuste... Quiero pasar la noche abrazada a ella...
Anzu abrió los ojos, se imaginaba claramente lo que
Miho deseaba para aquella noche, no comprendía cómo era posible que Miho
antepusiera su placer a la situación que atravesaba.
Pero lo cierto era que Miho sabía lo que ocurriría
en Forlí, aquella noche sería la última de su vida... Y antes de morir deseaba
sentirse viva una última vez con su amada Maho. Si el rituál fallaba y ella
perecía en Forlí, no deseaba que su último recuerdo con Maho fuera la
pesadillesca experiencia en la villa de Oku.
~ Nishizumi...
~ Sé que lo sabes!!! - estalló Miho. - sé que
piensas que estoy enferma por desear... Ésto... Pero te equivocas... No sabes
nada de ella... No sabes nada de mi... - Miho estalló, aquello había superado
sus fuerzas, estaba al límite cuando su madre la expulsó de su familia, y ahora
que Maho estaba perdida en las sombras de la locura se sentía más desamparada
que nunca, por primera vez se sintió destrozada, siempre se había levantado,
pulsando, a golpes, pero ahora, a un día de suicidarse en un lugar terrible,
tenía miedo.
~ No quiero morir... - gimió Miho agonicamente.
~ Stirb Nich...
Miho sintió a Anzu abrazandola, la presidenta la
miraba sonriendo con ternura, pero los ríos de lágrimas que le corrían por el
rostro evidenciaban que empatizaba con Miho.
~ Nishizumi... Te pediría que, si tanto deseas pasar
la noche abrazada a alguien lo hicieras conmigo... Pero lo que deseas es estar
con Maho... ¿Verdad?
Miho comprendió lo que Anzu le estaba diciendo de
manera velada, ahora comprendía por qué la presidenta la había apoyado tanto
desde su expulsión de la familia Nishizumi.
~ Ella es... Mi mundo entero... - dijo Miho
excusandose con Anzu.
~ Entonces arreglaré todo para ustedes... - dijo
Anzu separandose despacio de Miho. - Ah, y cada vez que sientas que estás
sola... Recuerda que siempre estaré junto a ti para lo que necesites... Pídeme
lo que quieras... Y será tuyo...
~ Gracias... - dijo Miho quedamente cuando Anzu húbose
ido.
~ II ~
Anzu pensaba sentada en la obscura sala del consejo,
estaba sentada a su manera tan sensual en su silla, apoyaba su mentón en su
puño izquierdo mientras que tecleaba una contraseña en un ordenador portátil.
Una pantalla negra se abrió y el mensaje de carga se
abrió.
La presidenta se arrebujó en el sillón, desabrochó
tres botones de su blusa y, con mirada lánguida y desenfado se sirvió media
copa de licor de durazno al 28%, un solo trago la sumergiría en un suave
letargo eufórico, dos tragos la adormecerían, tres tragos la sumirían en la mas
absoluta embriaguéz, no importaba, los necesitaba, no podía creer que Miho
prefiriera pasar la noche con la "chica maniquí" que con ella...
Anzu se había enamorado de Miho al ver su dedicación
en sus mimos y cuidados para con Maho, el amor que la castaña mostraba por la
morena despertaba una envidia terrible en la chica de coletas.
Anzu sorbió un trago largo, suspiró tras beber, su
vaho se dibujó en el viento marino, el olor a alcohol inundó sus fosas nasales,
el sabor a durazno acarició con calidéz su cuello y pronto, la calidéz etílica
vibró en su vientre.
La ventana terminó de cargar y ante Anzu apareció la
habitación donde Maho yacía en cama.
La presidenta sonrió despectivamente, se le figuró
que aquella habitación era un mausoléo y que Maho estaba sepultada en una
tumba.
~ Menudo licor más potente. - pensó sonriendo más
marcadamente mientras bebia otro trago.
~ ¿Bebes sola? - escuchó otra voz en la obscuridad.
Anzu miró a su alrededor, el brillo de la computadora
la había encandilado y no veía nada, bajó la pantalla de la lap y agudizó la
vista.
Momo Kawashima estaba en la entrada mirandola con
recelo.
~ Kawashima... - dijo lentamente Anzu.
~ Creo que debes saber lo que te ocurrirá si se
llega a saber ésto.
~ Como si fuera la primera vez que bebo en esta
academia.
~ Ése es el maldito problema... - dijo Momo
contenidamente.
Anzu se sorprendió, Momo jamás le había contestado
mal, siempre había acatado sus ordenes por insólitas que estas fueran.
~ Estás bebiendo mas seguido... ¿De qué huyes? -
preguntó.
~ De nada...
~ Mientes...
~ Kawashima... - murmuró.
~ Basta... - jadeó Momo. - Es por Miho ¿Verdad? ¿Qué
estabas viendo?
~ Bebe conmigo, Momo... Y te contaré todo...
Momo la miró con severidad.
~ Traeré otra copa... - dijo tras un tenso silencio.
Anzu levantó el monitor y notó que Maho ya no estaba
sola, Miho la miraba con tristeza en pie ante la cama.
La chica comenzó a desnudarse con suavidad para
despues verstirse con su pijama.
~ Hasta mañana, Miho... - pensó apagando el monitor.
~ III ~
Anchovy miraba el correo que había recibido de
Oarai, al parecer el Sensha Do quería realizar maniobras en tierra firme y una
excursión con fines historicos, y habían elegido Forlí.
¿Pero porqué Forlí?
La Citté del Duce... Masculló Anchovy, no le
agradaba nada que las japonesas anduviesen correteando por aquéllos lugares.
~ Dejenlas pero vigilen bien sus idas y venidas,
quiero saber exactamente qué lugares visitan y qué andan buscando si es que
andan buscando algo. - Ordenó la lider de maniobras de Anzio.
~ IV ~
El cielo aún estaba oscuro, Miho releía y anotaba
los datos mas relevantes que podía del libro infinito, ignoraba si la ciudad a
la que hacía alusión habría cambiado mucho, y temía que el tesoro contenido en
sus criptas antiguas e ignotas se hubiese disipado en polvo.
Aún así debía arriesgarse, tenía una corazonada
infalible que le decía que aquél lugar era el indicado para encontrar a la
última sacerdotiza de Neydn.
La Abadía de San Merkuriale, construída en 1184 sobre
un mausoléo pre-cristiano aprovechado por éstos hacia el siglo IV d.C.
La Forum Livia (actuál Forlí) había sido erigida en
94 a.C. Por Gaius Livius Salinator tras expulsar a los ejercitos de Asdrúbaal
Barca. De las dos legiones Forlivesas victoriosas en las guerras púnicas,
ninguna consiguió regresar a Roma, Publio Cornelio Escipión el Africano la
alcanzó en 88 a.C. Tras aplastar a Anibaal Barca y vencer a las huestes persas.
Cuando el Magister Militium llegó a la Forum Livia,
ordenó arrasar las ruinas del campamento romano abandonado y cubrir de sal el
lugar. La dinastia de los Escipiones guardó a perpetuidad el secreto que su
antepasado había encontrado en el abandonado campamento de Livius Salinator y
de sus desaparecidas legiones.
Miho se estremeció. Después de aquella gesta, Forlí
fue considerada un sitio reservado para la Muerte, los escasos asentamientos
que se instalaron en los primeros años fueron barridos con el tiempo, sin
embargo, cuando la urbem se extendió hasta aquél Páramo, se decidió que Forlí
fuese dejado como cementerio, mil trescientos años duró la situación de Forlí
así, ya que tras la llegada de los assassins y sus conflictos contra cruzados
hijos de Caín, otomanos al servicio de Hakkim y templarios a las ordenes del
sanguinario Robert De Sablé.
Tras ésta época de guerras y sangrías, por fin,
Forlí pudo florecer, aquello que existía y amenazaba bajo las arenas ahora
cubiertas de concreto ya no podía hacer daño.
Miho se estremeció al mirar los grabados antiguos y
pueriles dibujos apresurados que ilustraban a las Neydenias, las sacerdotizas
de la sanguinaria, demente y monstruosa Maligna Magna Mater, la deforme Neydn.
~ V ~
Miho caminaba por las calles húmedas y sombrías de
Forlí, hacia la abadía de San Merkuriale, iba decidida a encontrar la entrada a
las criptas antiquisimas inferiores.
Bárbara Manfredi... Un nombre bien grabado en su
mente. Tal era la tumba entrada a las catacumbas.
La chica caminó por la sombría calle sin imaginar
que la vigilaban de cerca. Miró los ventanales y supuso que introducirse sería
complicado pero posible. Dada su figura y habilidad nata para la escalada
consiguió trepar por los muros tallados en relieve hasta un ventanal abierto,
Miho se asomó al interior de la iglesia.
Se dejó caer y, aun inclinada escrutó las tinieblas
del recinto secular el silencio y el olor a jazmines la abrumaron.
Se limpió las lágrimas que pugnaban por salir y
enfiló hacia las criptas.
Para Miho era extraño, había estudiado mapas y guias
en linea así como leer ávidamente del libro infinito todo lo que pudiese saber
de la Magna Soror que dormitaba en las profundas criptas subterráneas.
La Maddona del Fuoco, la virgen del fuego. Miho se
estremeció ante la asociación, nunca había sido devota del catolicismo, incluso
le parecía tétrico, las imagenes de mártires y crucificados eran mórbidas por
sus sangrientos detalles.
En cierto modo tenía sentido que bajo las rocas
sagradas dormitase un mal tan remoto.
Hasta que encontró lo que buscaba, la tumba de
Bárbara Manfredi.
Miho abrió los ojos intentando encontrar la
inscripción.
Sus dedos pasaron sobre las tallas de la fría losa,
hasta sentir las letras:
BARBARA MANFREDI DI MONTFERRAT
1175 - 1200
IBI CUBAVIT LAMIA
Miho estaba cerca de llorar de gratitud al
comprender que estaba cerca.
La chica deslizó la roca que se movió con suavidad
gracias un pétreo eje rotatorio en su base activado con una secuencia exacta
para evitar que se abriese por accidente.
Miho se estremeció, el aire en el interior estaba
enrarecido, era una entrada a una cripta larga llena de polvo.
La chica sacó una linterna y se encaminó a las
profundas y abismales tinieblas del sub-mundo.
~ VI ~
Año 94 a.C., el triunviro Gaius Livius Salinator
observa sus legionarios marchar con orgullo, venían de las tierras africanas
donde, Junto a Publio Cornelio Escipión el Africano y Flavio Augusto Marciano
habían acabado con las huestes de Adrubaal Barca y regresaban a la Ciudad
Eterna donde ya los cronistas debían estar contando la gesta contra los
cartagineses.
Hasta encontrar un paradisiaco lugar rodeado de agua
y vegetación, Livius decidió tomar para sí aquellos terrenos y, con sus
legionarios, meretrices y mercaderes que iban con ellos decidieron formar una
colonia romana permanente, Forum Livii.
El último de los cronistas partió a todo galope para
anunciar la noticia al pretor y al César de aquella decisión.
Cuando los cronistas regresaron a la Forum Livii
descubrieron que los casi 6,000 habitantes habían desaparecido.
Año 88 a.C. Publio Cornelio Escipión llega a Forum
Livii acompañado de dos legiones a las que mas tarde se les unirían los
legionarios de Flavio Augusto Marciano. Casi dieciocho mil soldados se
congregarían en aquél lugar.
Sólo regresarían cuatro mil soldados a Roma,
pálidos, demacrados y con los ojos irreversiblemente trastornados, aunque
silentes, Escipión mismo hizo sepultar la anterior vegetación del lugar y secar
sus estanques... Todo terminó cubierto de sal.
El triunviro cortaría su cuello con su Gladius a los
pocos meses a su regreso a Roma en el templo de la diosa Artemisa tras profanar
el altar de la Diosa al escribir con su sangre el maldito IBI CUVABIT LAMIA.
Año 97 d.C. Huestes nordicas llegan a la Forum Livii
perseguidos por la Legión cuarta, se congregan en el centro de la colonia medio
derruida del anterior asentamiento donde descubren túneles subterráneos
pre-románicos en los que se tienen que refugiar para escapar.
Ningún guerrero jamás logró salir, los romanos
sitiaron las ruinas y cuando entraron en lo que quedaba de ciudad no había mas
que soledad, los soldados encontraron la abertura subterránea y decidieron
cubrirla con escombros y tierra.
Tras la caida del imperio, Forum Livii se convirtió
pronto en nuevo territorio de disputa cuando los italianos tuvieron que
re-colonizarla antes de que los otomanos lo hicieran.
500 d.C. Forlí ha sufrido el azote de varias plagas
extrañas así como apariciones espectrales terribles, las calles pronto se
llenan de cadáveres y los pocos sobrevivientes huyen a Roma.
La iglesia toma cartas en el asunto y envía a la
orden de caballeros archivistas a Forlí dunde fundan la abadía de San Stefano.
Año 900 d.C. Tras cuatrocientos años de lenta
recuperación, Forlí es una espléndida ciudad con casi doce mil ciudadanos.
Comienzan las desapariciones y la abadia de San
Stefano arde en llamas hasta las cenizas dejando a la luz una caverna con
inscripciones romanas, un grupo de mineros de Borgoña es enviado a explorar
desenterrando casi trescientas piezas de metal, armaduras, gladius e
insolitamente sables de manufactura nórdica, archas y hasta scutums.
La caverna estaba en la roca viva adentrandose en
las profundidades del abismo.
Había varios esqueletos y huesos de hacia siglos,
había inquietantes grabados y sobre todo, la sensación de entrar en la guarida
de algún ser prehistórico y salvaje.
Sobre aquellos restos se construyó la actuál abadía
de San Merkuriale di Forlí, (en honor a Mercurio), pero en 1184, otro incendio
acabó con la abadía dejando restos carbonizados y unicamente dos obras
intactas. El fresco tallado de "La Adoración de los Magos"
interpretado en la entrada de la gruta, y la Maddona del Fuoco, un cuadro
datado en las mismas fechas del descubrimiento de la cueva.
Los Otomanos hijos de Hakkim chocaron contra los
Templarios hijos de Caín en las calles forlivesas.
La abadia se convirtió en mezquita unas decadas tras
ser liberada por los Cruzados de Robert D' Sablé y los Templarios, tras el
sitio de Forlí, La herencia Otomana había impregnado las calles con su aire
mágico.
Fueron los caballeros archivistas quienes
encontraron el libro infinito en la misma abadía.
Pero los templarios, cruzados y otomanos corrieron
el mismo destino que godos, persas, cartagineses, romanos y vikingos.
Desaparecieron.
Al final, los pocos soldados de las tres facciones
hubieron de aliar sus sables y sapiencias para combatir un nuevo y desconocido
rival.
Setecientos guerreros, otomanos, templarios y
cruzados sellaron un pacto de silencio en Forlí la cuál fue destinada como
futuro cementerio.
Hasta mil ochocientos cuando la nobleza italiana
decidió instalar un hogar de campo en aquella zona, varios nobles les imitaron
y al poco se convertía en una preciosa gema de la corona de ciudades
florentinas mas hermosas detrás de Venecia,
y así hasta ahora, cuando una chica japonesa ha
redescubierto las grutas que cristianos y musulmanes consiguieran sepultar no
sin grandes sacrificios y orando siempre para que el horror jamás resucitase.
~ VII ~
Anchovy miraba la silenciosa calle, aguardaba a
tener a Miho en su poder para entregarla mas tarde a Black Forest Peak.
Sonrió, la Scuadra di la Morte le seguía los pasos a
una Nishizumi bastante incauta. Sonrió.
El mundo estaba acomodandose a su favor.
~ VIII ~
Miho se detuvo en la mas absoluta oscuridad
subterránea, extrañamente no estaba asustada o nerviosa, a conforme bajaba
escaleras y recorría galerías de criptas cerradas o vacías iba sosegandose de
sus temores.
Hasta que por fin, Miho llegó al lugar señalado con
una cruz rojo sangre evuelta en llamas, un antiguo simbolo que simbolizaba que
un alma irremediablemente perdida y condenada yacía sepultada en el lugar y que
no debía abrirse so-pena de liberar un gran mal y, unas apresuradas letras
grabadas que rezaban en las tinieblas: SED LIBERA NOS A MALO - Ad Majorem
Satanae Gloriam. Neydn Gaal Ham Gaal.
Miho sonrió al ver un nicho lleno de polvo, huesos y
cenizas.
La chica tocó las cenizas, la suavidad de éstas era
de una delicada arenilla gris.
Hasta que Miho escuchó pasos en la obscuridad.
La chica apagó su linterna y se metió en el nicho
aguzando el oído.
~ ¿Qué estará haciendo Nishizumi aquí? - escuchó.
~ Mas aún, ¿Cómo supo de ésta cripta?
Anzu y Momo... Miho se maldijo al no haberse
percatado antes de aquél detalle. Pero era tarde, además, Anzu y Momo debían
estar con ella... Y ahora habían sellado su destino.
Miho sonrió, se acercó las cenizas al rostro,
murmuró las palabras secretas en el idioma primigenio, las cenizas emitieron un
cálido resplandor rojizo.
Luego las esnifó...
~ IX ~
Ante los ojos de Miho se descorrió el velo de una
lejana historia. Miles de guerreros avanzando en las dunas de los desiertos que
con el tiempo se convertiría en Forlí.
En las obscuras regiones subterráneas del desierto,
seres antiquísimos despertaban de su sueño al sentir el olor a sangre de los
gladius, el olor a sangre en las armaduras y el olor a mujer en el aire
relamiendose.
SEGUNDA PARTE
Gaal Ham Gaal
~ I ~
Marco Antonio Adenfosus comprendió que algo no iba
bien en la Forum Livii, hacia solo dos lunas que el Triunviro Salinator había
proclamado que aquél espacio era tomado bajo protección y mando de Roma y ya
comenzaban las horribles represalias de los vengativos espectros del desierto.
Varias mujeres habían caído enfermas durante las
primeras semanas, fiebres terribles, alucinaciones espantosas y un decaimiento
progresivo que invariablemente culminaba con sus muertes.
Extrañamente sólo las mujeres eran las victimas, por
otro lado, los pocos comerciantes y esclavos que acompañaban la comitiva
desaparecían por las noches.
Los legionarios, pensando que éstos escapaban
aprovechando la noche, determinaron pasar a todos a espada.
Entonces los mismos soldados tuvieron que cazar y
erigir la colonia romana.
Y ahora, en la segunda luna, algunas casas y caminos
comenzaban a dar forma a una aldea que crecía cada día más.
Pero el numero de desaparecidos iba en aumento,
ahora legionarios, romanos y libres nacidos en nobles cunas desaparecían igual
que los esclavos traídos de África.
Salinator pensó que los esclavos fugados habrían
emprendido una suerte de campaña contra sus antiguos señores, pero Adefonsus negaba
con la cabeza sin convencerse de ésto.
En ésto tenía las manos metidas Hades, sus arpías y
sus legiones del sepulcro.
~ II ~
Miho lanzaba espumarrajos mientras se convulsionaba
entre los huesos, polvo y ceniza del nicho en el que se habia tendido, sus ojos
bailoteaban enloquecidos girando sin control en sus cuencas al ser asaltada con
miles de eones de sapiencia de un solo golpe.
Miho supo entonces que aquello no había sido obra de
la casualidad, cada cierto tiempo, la violencia y salvajismo debían liberarse y
cobrar un tributo de sangre.
Un tributo de sangre firmado con los seres
pre-humanos que evolucionarían en la actual humanidad en lo mas remoto de las
eras.
Un trato que debía ser honrado a cualquier costo,
pero los símbolos arcanos de poder de las deidades superiores lograron medrar
los cuerpos invencibles de las primeras adoratrices.
El culto a la Mater Ignota.
La Maligna Magna Mater nacido en lo mas sombrío de
las junglas primigenias, atestiguado solo por protoformas y tribolites, un
culto ajeno a ésta dimensión.
Cuando los primeros hombres comenzaron a levantarse
del fango de la creación con pasos débiles e inseguros, ellas ya guerreaban en
las selvas con Los Otros Dioses, los ignorados, los durmientes.
Cuando las primeras sociedades comenzaron a
florecer, ellas miraron por las noches las fogatas del recién dominado fuego.
Y vieron a las mujeres de los hombres...
Y comenzó una guerra en contra del nuevo enemigo
llegado de las profundas selvas.
Comunidades enteras desaparecieron entre las marismas
ancestrales, a las mujeres las secuestraban y las llevaban a sus nidos
excecrables donde, a fuerza de hechizos y torturas inimaginables las
transformaban en un miembro más de la prole terrible de Neydn.
A los guerreros los asesinaban y devoraban.
Y con el tiempo, el numero de sacerdotizas híbridas
fue en aumento.
Y el fuego de los hombres de la edad de piedra les
perteneció a las hijas de Neydn, y sus aquelarricos ritos contaron con la
vistosidad de las llamas cálidas.
Y una raza emergió de la hibridación de éstas dos
especies tan antagónicas.
Con el tiempo, llegaron a ser adoradas por diversos
pueblos, y tambien a ser temidas, los primeros grupos que contaban con sus
favores emergieron en poder, las adoratrices sólo exigían sumisión totál y
sacrificios, muchos sacrificios, mujeres cuando a éstas bestias les llegaba la
época de celo, y cadáveres para su alimentación, nada más...
Muchos emperadores humanos prosperaron gracias a un
trato que se antojaba inmejorable en aquél entonces, carne y mujeres a cambio
de protección y caza así como refuerzos inabatibles en caso de guerras
tribales.
Hasta que tras milenios, los hombres decidieron que
no podían dejar que semejante estirpe aumentara su numero tan arbitrariamente a
costa de hijas, madres y hermanas.
La sola visión de una de estas almas perdidas
estremecía a los mas fieros guerreros que, con furia debían tolerar que, año
tras año, las Sorors llegasen enfundadas en negros sayales con capuchas a
exigir las mujeres en edad fertil para agregarlas al desconocido harén
subterráneo.
Fue en la remota y destruída ciudad de
Zhul-Bha-Zhaír donde los guerreros Wodens, Alastor, Gilga, Thyr, Kronos, Rama y
Hastur decidieron rebelarse contra las señoras de las sombras.
Y fueron apoyados por miles de guerreros, pues todos
los creían Hijos directos de "Aquellos que vienen del Cielo", y así
debió haber sido, ya que por medio de sables resplandecientes y sortilegios
luminosos, los futuros líderes del mundo doblegaron a las sacerdotizas de Neydn
condenandoles a las penumbras tenebrosas del subsuelo.
Ante la vista caótica de Miho de alzó un verdadero
coloso, un guerrero enorme, de largos cabellos negros y barbas tupidas y
trenzadas, en sus poderosos brazos se alzaba una espada de bronce grabada con
resplandecientes detalles rúnicos, las antiguas palabras de poder.
Cuando el sable cayó sobre su cuello, Miho lanzó un
chillido de espanto que retumbó por todas las criptas.
Los Nefhilim, los Annunaki, los hijos de Dios se
irguieron sobre ellas, y comenzó la era de los hombres...
Una era de guerra tras guerra en una enceguecida y
loca carrera hacia la perdición en pos del poder.
Y la sangre corrió por la tierra como el agua llena
el mar...
Y los cadaveres siguieron desapareciendo, y
ocasionalmente alguna moza desaparecía tragada por los montes, desiertos y
bosques.
Pero las hijas de Neydn no se mostraban pues se
habían vuelto astutas y prudentes, se alimentaban de carroña, y todos los
secretos de los muertos eran sus secretos.
Era tras era, año tras año, perdiendo varias
colonias en manos de sus eternos rivales hasta la casi total anhiquilación
durante la Tercera Cruzada, donde los últimos soldados del cielo las doblegaron
nuevamente.
Pero ahora, había regresado el tiempo oscuro donde
habían de reinar otra vez.
La Oarai, una isla móvil en la cuál había más que
suficientes sacerdotizas y reinas para comenzar a repoblar lo que jamás dejó de
pertenecerles, el mundo.
~ III ~
Anzu había seguido a Miho junto a Momo y Yuzu,
efectivamente, la vista de Anzu la habia visto perderse en las negras catacumbas
teniendo extremo cuidado en seguirla y apenas entrar segundos antes de que la
losa se cerrase para entornarla un poco y colocar una tranca para evitar que se
cerrase tras ellas.
Caminaban iluminandose con sus celulares, el olor a
polvo y corrupción añeja hicieron toser a Momo.
Caminaron en las sombras durante largo tiempo hasta
notar que estaban perdidas.
Aquello era un claustrofóbico laberinto, Anzu se
mordió el labio con nerviosismo al tratar de recordar el camino hacia afuera.
~ Está cerrada... - balbuceó desamparadamente Yuzu
mirando la tranca hecha a un lado y la losa firmemente asentada.
Anzu le hizo el gesto de que guardara silencio y
entonces, escucharon los murmullos.
~ Se los digo, entren y las demás aguardaremos aquí
hasta que regresen con las chicas de Oarai bajo custodia. - era la voz de
Anchovy.
~ ¿Y si se resisten?
~ Usen las pistolas entonces, después de todo, si se
quedan encerradas, igual están muertas.
Anzu enarcó las cejas a la vez que sonreía
torcidamente.
~ Con que muertas...
Acto seguido les hizo la seña a sus compañeras de
seguirla para adentrarse en la cripta otra vez tratando de recordar el camino.
Fue entonces cuando escucharon el grito.
~ IV ~
~ No creo que los esclavos sean nuestros terrores
nocturnos. - habló Adefonsus, él era un legionario de Társis encargado de la sección ibérica,
hablaba con los lideres mercenarios griegos, partos y nordicos, él era el
Magister Millitium Romanum y tenía problemas para comenzar a exponer sus alocadas
teorías.
~ Salteadores nocturnos... Enfrenté a un tal Viriato
y al forajido Corocotta, la hiena, y éste era el modo de debilitarnos, al
principio saquean provisiones, acuchillan a algunos, se llevan a otros para
torturarlos en sus guaridas e interrogarlos.
~ Los débiles comerciantes y cobardes esclavos bien
pronto se doblarían. - observó Hermann Van Meer, mercenario godo de largas
barbas rubias trenzadas que acariciaba pensativo. - Pero... ¿Qué enferma a
nuestras mujeres y a las suyas?
~ Es obvio - intervino Pirro Aureliano, caudillo
griego que mantenía la vista fija en el fuego de la fogata. - son las
striges... Bailan con nuestras mujeres en la obscuridad y las dejan mas muertas
que vivas... Solo por las noches sus fuerzas vuelven... Pero... ¿Saben a donde
van las mujeres mientras dormimos?
~ Superticiones... - habló Antonio Áureo el
exiliado, líder mercenario parto de cuna romana, expatriado. - algun veneno ha
sido introducido en el campamento.
~ ¿Qué veneno actúa sólo en mujeres y no en varones?
- preguntó irritado Pirro.
~ ¿Striges? - preguntó Hermann mirando a los demas
generales, su casco alado con los sagrados Dimos y Phobos, Los cuervos del
padre Odín, resplandecian con brillos dorados.
~ Sean demonios o salteadores lo cierto es que son
enemigos... - aclaró Adefonsus. - debemos triplicar la guardia nocturna y
enviar por ayuda con el Triunviro Escipión, algo muy malo ocurre aquí.
~ Nein... - dijo el rubio escandinavo. - mis
guerreros trabajan todo el día cargando tabique, cociendolo, cazando.
~ Entonces una guardia de los cuatro ejercitos,
griego, romano, parto y nórdico... Dividamos esfuerzos. - dijo Adefonsus.
Antonio, Hermann, Pirro y Adefonsus se miraron. Algo
había en el aire, además, Pirro había hablado de Striges.
Los Demonios de la Noche.
~ V ~
Miho temblaba, se había hecho un ovillo, las
imagenes la asaltaban con enferma virulencia y su mente trataba de asimilar
todo.
Los huesos restantes en el osario se quebraron
cuando Miho se irguió para caer como fardo inmediatamente, su cuerpo se giró en
un ángulo imposible para cualquier humano, sus piernas se quebraron
reacomodándose en una postura inhumana.
Los labios cubiertos de espuma se abrieron para
dejar escapar un ronco rugido titánico bestial y hambriento.
Anzu, Yuzu y Momo corrían en dirección a donde Miho
había gritado, ahora, el ronco retumbar de un rugido terrible les decía que
Miho estaba en problemas.
Ésta, por su lado, continuaba girando
enloquecidamente mientras su cuerpo de reacomodaba de acuerdo a una geometría
de pesadilla de un ser terrible y hasta ahora olvidado.
Los ojos vidriosos se desencajaron, los brazos y
manos se alargaron, garras afiladas crecieron, su rostro deformandose hasta la
desfiguración.
Miho se irguió lanzando un ronco rugido estruendoso
y criptico. Anzu, Momo y Yuzu se pararon en seco.
~ Dios... ¿Qué es eso...? - preguntó Yuzu.
~ No lo sé pero viene de donde se oyó a Miho.
Otro bestiál alarido brotó de las profundas
tinieblas del osario, hambriento y desesperado.
Momo temblaba mientras sus dientes castañeaban,
aquello era insano y obscuro.
~ Volvamos a la entrada... Las chicas de Anzio deben
llevarnos en custodia... Ya veremos qué hacer afuera de éste lugar...
Yuzu y Momo asintieron sintiéndose viles por
abandonar a Miho dentro de aquél obscuro recinto de muerte.
Las chicas echaron a andar, un chillido agudo y
mayor en escala y proximidad las espoleó haciendolas correr enloquecidas
perdiendo compostura.
~ VI ~
Hermann miraba a la rojiza luz de la mortecina luna
las siluetas imposibles de unos seres desconocidos y aberrantes.
La mente plagada de leyendas y sagas del nórdico
comenzó a esbozar algún ser o quimera parecido a lo que veía.
~ Por la maldita Madre de Grendel, señora de todas
las salamandras y sabandijas venenosas que emponzoñan el suelo del Nifelheim...
¿Qué horrores son éstos? - preguntó en la materna lengua Asatrú.
Hermann y la guardia cuádruple se habían apostado en
los alrededores de la Forum Livii, el germano hacía la segunda guardia con
algunos partos y vikingos, los griegos y romanos se habían emboscado según sus
reglas.
Sólo restaba esperar a que sus acechadores se
presentasen en Forum Livii, y éstas no los dafraudarían, al principio, el
silencio y el viento del desierto le trajeron el lejano y apenas perceptible
batir de alas improbable.
Luego, la luna llena se ensombreció con una horda de
negros seres alados. Y ahora, los espectros bajaban del cielo y plantaban sus
zarpas en el suelo del desierto.
El germano jamás había visto unos espectros tan
demencialmente trazados, alados y con garras terribles y poderosas. Largas
cabelleras hirsutas coronaban los cráneos terribles y deformes de aquellas
pesadillas.
Hablaban entre sí, éso las hacía doblemente
peligrosas, cuerpos bestiales sumados a una agudeza de ingenio podían ser una
combinación espeluznante.
Eran una comitiva escasa, apenas una quincena de
aquellos seres albos y repugnantes que cloqueaban y gruñían.
De pronto formaron un círculo a las afueras de la
ciudadela.
Aquellos seres iniciaron un cántico bajo y profundo,
de significado obscuro y remoto, Hermann se estremeció, no pudo evitar recordar
los círculos Moíricos de los druidas celtas en el que sus antepasados habrían
sido sacrificados en las nefastas campañas Bretonas. Tembló al ver aquél
espectáculo que hedía a prehistoria.
~ Somos bárbaros, ciertamente... Pero no somos
salvajes... Éstas criaturas son, indudablemente las amazonas de Hécate,
sacerdotizas de Melusina... Herederas de Circe... Son las Arpías... - habló el
germano girandose con valor hacia sus generales. - Pero nosotros somos los
Ulfhedner... Los guerreros salvajes del señor Wodens, los Berseekers del
poderoso Odín... Y también nosotros poseemos palabras de poder.
Y los arqueros encendieron con ayuda de pedernal y
archas flechas incendiarias que apuntaron hacia el círculo de criaturas.
Y la noche se llenó de fuego de la quincena de
sombras, nueve de ellas se ilumaron como teas gigantes, los legionarios y
mercenarios griegos entraron en escena cortando alas, cercenando miembros y
segando cabezas, de las séis restantes, tres fueron abatidas por las afiladas y
certeras lanzas de los partos, las tres restantes emprendieron feroz vuelo
chillando en la noche.
Pero las bestias incendiadas y las derribadas
continuaban luchando contra los soldados que se agolpaban y chocaban contra
ellas, Hermann notó que Pirro y Adefonsus cada vez iban siendo mermados en
número de guerreros, de las tres bestias abatidas, una había sido picada en
pedazos por los gladius romanos y falcatas griegas mientras dos más se batían,
los aguerridos griegos trataban de mantener en el suelo a una otra que intentaba
aún volar mientras otra se batía contra varios guerreros que la cercaban, la
criatura tenía la lanza atravezandole las alas óseas y nervudas de donde
sangraba copiosamente, Hermann veía que la criatura luchaba con ferocidad y
valor, pero cada vez los zarpazos fallaban más y sus esquivos eran mas lentos y
torpes.
~ Está acabada. - concluyó.
Lo que le dejaba a las otras nueve criaturas que,
encendidas en llamas, aún luchaban a brazo partido contra los legionarios.
Se decidió entonces a reforzar a los disminuidos
guerreros.
Lanzando un cántico guerrero, los nórdicos se
lanzaron en carga contra las criaturas que chillaban y cortaban a sus atacantes
con la ferocidad del animal perdido.
Uno de sus ulfhedner, un enorme guerrero que
empuñaba una hacha guerrera rematada con un morgenstern en el cabo blandía con
furia y habilidad su poderosa hoja doble cortando miembros, rebanando torsos,
quebrando huesos.
Al final, las espantosas criaturas fueron reducidas,
sin embargo, los sudorosos sobrevivientes se miraban entre sí.
Los restos carbonizados de aquellos espantos aún se
movían lentamente.
Pero Hermann notó que aquellos seres asesinados por
los sables rúnicos vikingos estaban quietos.
~ VII ~
Anzu sonreía con el ceño fruncido intendando
aparentar un valor y frialdad que estaba lejos de sentir.
Ante ellas, en la tiniebla de aquella cripta, había
aparecido un auténtico pelotón de fusilemiento encabezado por la cruel Signora
de Anzio, Anchovy sonreía encantada de oreja a oreja sosteniendo un revólver.
~ Ara... Al parecer su "visita" tenía
siniestros propósitos...
- dijo Anchovy sonriente. - diganme ahora dónde está
Nishizumi...
Anzu ensanchó la sonrisa con sardónica burla.
~ Maledettas idiotas. - escupió la italiana
amartillando el arma y poniendolo a la altura de la cabeza de Anzu.
Pero en ese instante les llegó de las profundidades
de la tierra un alarido largo, agónico y triste que ascendió en su ominosa
cacofonía hasta alcanzar el timbre de un ronco rugido amenazador y hambriento.
Anzo sonrió espectralmente, Anchovy se estremeció
mientras la mano con la que sostenía el arma le temblaba apenas
perceptiblemente.
~ Clara... - murmuró Anchovy. - ve a traer a
Nishizumi y ve por qué bala tanto... Quizás la muy estúpida se cayó y se quebró
algo...
Una chica castaña de cortas trenzas y de gafas se
estremeció mirando a su líder.
~ D-Duce... Yo...
Los ojos de Clara se inundaron de lágrimas al ver
cómo Anchovy se giraba hacia ella apuntándole con el revólver.
El tenso silencio se hizo casi absoluto.
Clara echó a andar empuñando un revólver y con una
linterna para guiarse.
Anzu se preguntó cómo era posible que alguien como
Anchovy fuese la lidereza de chicas tan sumisas y dispuestas a obedecerla.
En la obscuridad interior de la cripta, algo rugía
enloquecido y rabioso.
~ VIII ~
Adefonsus miraba ceñudo el fuego de las piras donde
los guerreros caídos ardían, las arpías las habían descuartizado y dado sus
restos a los carroñeros del desierto.
Pirro y Antonio discutían la necesidades de
movilizar a toda la legión para buscar al triunviro Escipión. Pero al igual que
Hermann, Adefonsus estaba seguro de que tenías más oportunidades tratando de
sitiar el nido de aquellas bestias, tras el término del asalto, los legionarios
se lanzaron en cuatro expediciones para buscar el probable origen de aquellas
bestias.
Adefonsus lo sabía, las arpías habían sido
expulsadas de los antiguos picachos del imperio por el héroe legendario Ulises
según la Odisea.
Pero ni Ulises había logrado asesinarlas... ¿No las
había visto con sus mismos ojos? ¿Acaso no había blandido su gladius contra
aquellas pesadillas? ¿Acaso no había sentido el hedor de sus carnes ardientes y
se había estremecido ante sus chillidos guerreros?
Gotas de sudor frío perlaron la frente arrugada del
magister militium romano, aquella legendaria gesta había sido cierta por lo
menos en parte.
Las arpías fueron expulsadas a África... Estamos
cerca de África... ¿Acaso el triunviro Escipión, y su superior, Salinator no
habían aplastado Cartago y cubierto de sal Cartago Nova?
~ Debemos mandar a los íberos a mis ordenes, ellos
son hábiles en campo abierto y sortearán los peligros, saben resistir días de
camino sin apenas descanso... Debemos enviar a los mejores a buscar al
triúnviro Escipión. - opinaba nerviosamente Antonio
~ No lo créo... No sabemos qué hay afuera... En las
dunas... Debemos engrosar las filas de expedicionarios y ya encontrando su
excecrable nido incendiarlas a todas, matar a mandobles a las que queden y en
caso de morir hacerlo con honor y matando las más que se pueda... - habló Hermann
mirando distraídamente las abolladuras de su scutum de bronce forrado con piel
de alce.
~ Antonio tiene razón. - Habló Pirro. - Y Hermann
también... Debemos despachar a los mercaderes, subalternos y esclavos restantes
con la orden de buscar a Escipión, tras ello debemos rebuscar en las dunas
hasta dar con lo que sea que las haya vomitado en ésta tierra y batirnos
esperando menguarlas y darles tiempo a los mensajeros de dar con la legión
IV... Y confiar en los dioses que los mensajeros volverán con ayuda...
Ésta última reflexión los dejó en un animo
terriblemente negro, sólo Hermann y sus ulfhedner parecían resistir con estoica
entereza la situación que se les plantaba.
Adefonsus sabía que Pirro, Antonio y Hermann
acababan de formar un plan de acción que no se le podía ocurrir debido al temor
que iba dominandolo.
Sonrió un poco animado.
~ Vamos a hablarle a la gente. Hablemosles de lo que
hay y de lo que habrá y que los Dioses estén con ustedes y sus guerreros. -
habló.
~ IX ~
Las chicas del consejo estudiantíl de Oarai habían
mudado el gesto, las italianas las habían tomado en custodia y las habían
sujetado con esposas, Anchovy se acercó a Anzu y la abrazó por la espalda
encañonándola en la sién
~ ¿Sabes? Podría ser amable con tus amigas si tú a
cambio te portas tierna conmigo...
Anzu sintió un desagradable asco ante la propuesta
de la italiana.
~ Está bien... - dijo Anzu mirandola con
conquetería. - soy tu prisionera después de todo...
Anchovy se relamió los labios con visible lujuria
premeditada.
Hasta que el grito de Clara, lejano pero retumbante
de ominosa cacofonía infernal les llegó desde las profundidades de la tierra
acompañado por tres detonaciones y un rugido.
Anzu palideció, el grito de Clara había sido
terrible, largo, lastimero, lleno de horror. Y también se había cortado de tajo
tras soltar tres tiros más.
Pero los rugidos se habían transformado en un rumor
de carroña.
~ ¿Qué ocurre aquí? - preguntó Anchovy a las
asustadas prisioneras.
~ No lo sé... - habló quedamente Anzu mirando hacia
las tenebrosas profundidades.
~ ¿Y ésto? Cuatro de ustedes entraron aquí y sólo
veo tres... ¿Donde está Nishizumi?
Anzu apenas iba a hablar cuando un rugido terrible
brotó del corazón de la obscuridad, ronco y largo.
~ Dios... Suena como poseída... - dijo una de las
italianas.
~ Ya no escucho a Clara. - observó otra.
Anchovy tragó saliva, aquello se iba acercando. Los
bufidos y aullidos terrorificos se lo indicaban.
~ Vamos a interceptar a esa infeliz... - dijo
Anchovy recomponiendose. - apunten y disparen a matar si ven a esa infeliz.
~ ¡¡No!! ¡No la mates por favor! - sollozó Anzu.
~ Cariño, éso que ruge no puede ser humano...
¡Andiamo!
La comitiva avanzó dispuestas a encontrarse con lo
que rugía en las tinieblas.
~ X ~
Hacia medianoche del segundo día después de la
partida de los mensajeros, la legión aguardaba en tensa y serena calma guerrera
que se desatara el infierno.
Los generales no habían ahorrado detalles ni
minimizado en absoluto el riesgo terrible que acechaba en el desierto.
Los bárbaros del norte eran los mas tranquilos y
aguzados; serenos y sombríos como bosque escandinavo entonaban canticos de
agradecimiento a sus deidades ancestrales por los rivales recibidos.
Los Runenmeister germanos trabajaban a gran
celeridad tallando las runas en el orden y ramificaciones precisas en el orden
dado por Vater Wodens.
Los Ulfhedner se tatuaban con ayuda de tintas
naturales marcas guerreras y símbolos de poder en sus cuerpos musculosos.
Los romanos y griegos los observaban con humor
saturnino, aquellas ceremonias propias de bárbaros incivilizados los asolaba,
suspiraban por Roma como el niño perdido suspira por su madre.
Los partos, guerreros y mercenarios acostumbrados a
la guerra y al horror de ésta se acercaban con reverencia y curiosidad a ver lo
que los germanos realizaban y al poco, los sables partos comenzaban a ser
grabados con símbolos y palabras de poder recibiendo sus nombres guerreros.
Adefonsus y Antonio meneaban sus cabezas,
ciertamente estaban en una tierra habitaba por fantasmas e impregnada de maligno
misterio.
~ Quizá deberiamos unirneslos... Despues de todo...
Todos luchamos contra demonios... Padre Zéus... Omnipotente señor del rayo...
Temo que mis soldados sean insuficientes... Ayúdannos padre... Asistenos... -
pensó Adefonsus agobiado.
Y entonces oyeron los chillidos lejanos.
Miraron al desierto y bajo el doble cuerno de la
luna gibosa vieron las siluetas horribles de miriadas de aquellos entes salidos
del Tártaro.
~ ¡¡¡¡A las armas!!!! - exclamaron los vigias.
~ XI ~
Anchovy corría desesperada por los corredores
claustrofóbicos de la cripta, jadeaba y sollozaba presa del horror, su
expresión estaba desencajada mientras trataba de correr lo más rápido que sus
piernas le permitían, aquello era una pesadilla, su mano derecha apretaba el
revólver vacío que llevaba.
Tras haber caminado en la obscuridad, perdieron el
sentido de la orientación a la vez que los gritos y aullidos enloquecidos de
Nishizumi le llegaban de todos lados.
Hasta que apareció frente a ellas un horror blanco y
rojo.
Viscoso y horrido.
La italiana jadeó. Aquel ser tenía unas facciones
feroces semejantes a las de Miho y estaba desnuda y bañada en el rojo de la
sangre de Clara.
Abrieron fuego contra la criatura, Anzu, Momo y Yuzu
se abalanzaron contra Anchovy tratando de derribarla y a su escolta.
Las chicas cayeron. Momo había sido alcanzada en un
brazo, Yuzu en el cuello, sólo Anzu había caído ilesa.
~ Miho... Schnell!!!! - gritó Anzu tratando de
levantarse para taclear a las caídas y darle tiempo de huír.
Miho vio a través de sus ojos brutales y vio
aquello.
El ser en el que se había convertido se conmovió,
estaba sola... Era la única en su tipo. Ante su vista enrojecida vio a Anchovy
erigirse antes que Anzu, la italiana le colocó la bota sobre la cabeza a la
japonesa, apuntó su revólver y soltó tres tiros a quemarropa. El cuerpo de Anzu
se estremeció espasmódicamente a cada tiro.
Miho gritó de rabia al ver aquello. Otra de las
italianas apuntó contra Momo y le descerrajó dos tiros más.
Yuzu se ahogaba en las oleadas rojas que brotaban de
su cuello y boca.
Miho se maldijo, en un breve atisbo de conciencia se
sintió terrible, por recuperar a Maho había causado la muerte de sus tres
amigas y compañeras.
Los revólvers se amartillaron y apuntaron contra
ella. Miho rechinó los dientes y se lanzó contra las italianas con las zarpas
extendidas rasgando la roca de las paredes con las fauces abiertas y supurantes
de sangre.
~ XII ~
Los primeros destellos del alba descubrieron un
escenario de muerte, los legionarios tras haber luchado ferozmente a lo largo
de las horas de la noche habían sido mermados hasta quedar solo ochocientos
guerreros de los cuatro disminuidos cuerpos de guerreros.
Las flechas habían hecho estragos en las atacantes
furias. Lanzas y escudos chocaron contra garras y colmillos.
Pese a la ferocidad y aguante de las arpías, los
legionarios lograron replegarlas hasta la boca de una gruta rocosa. La guarida
de aquellas bestias.
Los exhaustos legionarios apenas y alcanzaron a
bloquearles la salida.
Adefonsus y Antonio sucumbieron a las pocas horas de
confrontación, Pirro había perdido un ojo y había recibido arañazos y mordiscos
que supuraban cada vez más pus, una fiebre terrible comenzaba a enrojecer su
frente y nublar su juicio.
Hermann y varios germanos derribaron roca tras roca
en la entrada de aquella caverna.
Sólo unos cuantos habían quedado aún con la
suficiente entereza para terminar la tarea.
Cuando la tarde cayó, el último de los legionarios
perecía presa de horribles visiones producto de las abrasadoras fiebres
causadas por los venenosos colmillos de las criaturas que aún anidaban en las
profundidades de aquella caverna.
~ XIII ~
Miho capturó a una de las chicas italianas y le
reventó el cuello de un terrible mordisco, con las garras evisceró a otra que
cayó tratando de mantener las visceras dentro.
Anchovy y dos mas de sus escoltas abrieron fuego
contra Miho sin lograr parar sus fieras acometidas. Gritando, Anchovy echó a
correr y tras ella sus dos escoltas.
Miho entonces miró a sus amigas que yacían en el
suelo a punto de morir.
Escuchó con su oído hipersensible los latidos de los
corazones temblorosos y débiles. Tras haberse saciado con la carne y sangre
Clara, ahora podía pensar más claramente.
Sin perder tiempo abrazó a Anzu y le inoculó el
alcaloide, luego, le dio a beber su sangre, hizo lo mismo con Yuzu y Momo.
Quedaron estáticas, Miho murmuró bajamente unas
palabras ígnotas y arcanas que detonaron la mutación en el trío.
Las chicas se habían separado y corrían como ovejas
de lobos. Se espolearon al escuchar los rugidos de las tres recién nacidas
y aumentaron el ritmo de su carrera.
La chica a la que Miho había eviscerado comenzó a
gritar aún más alto, Anzu, Yuzu y Momo comenzaron a comerla aún viva con hambre
feroz ante una complacida Miho que las miraba enternecida y orgullosa.
El famélico crujido de huesos y de carne y músculos
desgarrados hasta el cartílago casi enloqueció a Anchovy, esta, cayó al suelo
sólo para dispararse aún a gatas hasta la salida de la cripta.
Un grito de dolor y horror que al principio sonó
como una carcajada y que atronó hasta perderse en un roer y desgarrar
ensordecedor le hizo saber a Anchovy que otra de sus escoltas habíase
encontrado con la cuarteta en alguno de los tantos giros en aquel obscuro
laberinto.
Las piernas se le entumían, sentías que llevaba una
eternidad corriendo despavorida en aquella negrura hórrida.
Hasta que chocó con su última escolta. La chica
estaba pálida como un cadáver y lloraba copiosamente.
La chica la miró y sonrió tonta y locamente.
Anchovy supo de inmediato que la chica había perdido
la razón de puro terror, hablaba a gritos, rápida e incoherentemente mientras
sacudía con aspavientos escalofriantes el arma que Anchovy ignoraba si estaba
cargada o no.
La chica giró el cañón, se lo puso dentro de la boca
y berreó horriblemente antes de jalar el gatillo.
Los sesos de la italiana se quedaron embarrados en
las paredes mientras las cuatro nuevas criaturas se apresuraban gruñendo y
aullando hacia donde habían escuchado el disparo.
Anchovy enloqueció de terror, sus piernas se
volvieron simples hilos inconsistentes y cayó junto al cadáver de la suicida.
El revólver de la chica brilló y Anchovy sintió que toda su fe se cernía sobre
él como si fuese una llave maravillosa.
Lo empuñó en el momento justo en el que las cuatro criaturas
aparecían gritando en una esquina, Anchovy se colocó el cañón en la boca y jaló
el gatillo.
Y éste chocó con un cartucho vacío.
~ Puttana Miseria!!!! - bramó cuando sintió los
cuerpos húmedos de las criaturas impactandola.
EPILOGO
Publio Cornelio Escipión llegó a Forum Livii años
despues.
Encontró los restos destrozados y blanqueados por el
sol del desierto y buitres y hienas carroñeras de la legión del Triunviro
Salinator. Meditó un instante y siguiendo el rastro de muerte llegó hasta un
túmulo de rocas que tapaban una gran gruta. Manos afiebradas habrían escrito
una antigua sentencia que Publio Cornelio miró intrigado.
IBI CUVABIT LAMIA...
LAMIA...
~ Traigan a los esclavos... Que derramen vinagre
sobre esas piedras para desgastarlas. Luego muelanlas hasta abrir ésta gruta...
Quiero saber qué se enconde en éstas cuevas...
~ .|||. ~
Anchovy jadeaba entrecortadamente tratando de no
incomodar a las cuatro chicas de Oarai, sus ropas estaban hechas girones y
manchadas en sangre. Varias punciones hinchidas y enrojecidas mostraban
coagulaciones. Sus ojos estaban clavados en el negro techo de la cripta.
Anzu se movió abrazandose mejor a ella acercándo sus
ansiosos labios al cuello de Anchovy.
~ No... Por favor no... Te lo suplico... - murmuró
ahogadamente sollozando.
~ ¿Sabes? - murmuró Anzu roncamente. - Podría ser
amable con tus amigas si tú a cambio te portas tierna conmigo...
Anchovy lloró cerrando los ojos y estallando en una
amarga risa llena de tristeza y desconsuelo.
~ Está bien... - gimió riendo amargamente. - Soy tu
prisionera despues de todo...
TERCERA PARTE
IBI CUBAVIT LAMIA

Del sombrío amanecer rojizo de la Creación,
De las nieblas del tiempo intemporál
llegamos nosotras, la primera gran nación
las primeras en iniciar el ascenso.
Salvajes, sin maestros, ignorantes, y sin sueños,
buscando a tientas a través de la noche primitiva,
y con todo aferrando débilmente el resplandor,
el atisbo de la Luz venidera.
Viajando por tierras vírgenes,
navegando en mares desconocidos;
encerradas en el laberinto de los misterios del
mundo,
echando nuestros mojones de piedra.
Asiendo vagamente la gloria,
mirando más allá de nuestro entendimiento;
mudamente la historia de las eras
erigiéndose en llanuras y pantanos.
Ved cómo arde imperecedero el Fuego Perdido.
Hechas estamos del moho de los eones.
Las naciones de los hombres han hollado nuestros
hombros,
pisoteándonos en el polvo.
Somos la primera de las razas,
uniendo lo Viejo y lo Nuevo...
Mirad, donde los espacios del mar nebuloso
se mezclan con el azúl del océano y los negros
abismos cósmicos.
Así nos hemos mezclado con las eras,
y el viento del mundo remueve nuestras cenizas.
Nos hemos desvanecido de las páginas del Tiempo.
¿Nuestro recuerdo? Polvo en el Viento en los abetos.
Stonhenge, de gloria largamente perdida, sombría y
solitaria en la noche,
murmura la historia de viejas eras,
de cómo alumbramos la primera de las Luces.
Hablad, vientos nocturnos, de la creación del
hombre,
susurrad sobre barrancos y pantanos,
la historia de la primera gran nación,
los últimos vestigios de la Edad de Piedra.
Bylan D'Neydn
~ I ~
Publio Cornelio Escipión miraba trémulo la luna
apenas esbozada y gibosa en la noche desertica.
La Forum Livii había sido reconstruída rápidamente
gracias al reforzamiento de esclavos por parte de Flavio Marciano.
Nihil obstat, casi se había habituado a las
contanstes idas y vueltas de las hijas ilustres de la noche.
Venían, tomaban algunos cadaveres y se marchaban, a
veces llevandose a enfermos de gravedad o heridos enfebrecidos.
~ Asquerosos chacales engendros de Hades... -
escupió Escipión bebiendo de una jarra de oro regalo de aquél ser con el que su
prole se había unido.
Hacia solo algunos meses, llegaba a Forum Livii
cargado de fortuna, sueños y victoria para encontrar un sitio de muerte y soledad.
Una gruta de enorme boca había sido tapada y varios
cadáveres momificados a la entrada evidenciaban un tamaño titánico que, sin
embargo, tardaría poco en reabrir sus fauces famélicas.
Tras algunos dias de rehabilitar la colonia romana,
Escipión dispuso una guardia, gobernadores, guardias y carceleros en caso de
problemas.
Los edificios habían sido levantados firmemente pese
a lo apresurado de la salida.
La ruina pronto se trocó en prosperidad creciente y
manantiales y pozos fueron agrandados y excavados creando un oasis de gran
belleza.
Por unos días, el triunviro se olvidó de las ruinas
al observar cómo se incrementaban las casas, edificios, salones y hasta el
templo, las sacerdotizas de Artemiza lo convencieron de optar por el patronazgo
a la diosa de la luna.
Y era porque una de sus hermosas sobrinas,
Aglaonice, era sacerdotiza de la dulce y mistica diosa.
Hasta la desdichada hora en que recordó, como un
susurro, el túmulo de piedras.
Escipión acudió al día siguiente y el y sus
generales abrieron la fosa.
Dentro hallaron horror.
Las paredes de caliza abrieron sus tinieblas ante
Escipión el Africano como un telón ante el ansioso espectador.
En las paredes había profundos arañazos así como
grabados en lenguas obscuras, bárbaras, prehistóricas y desconocidas así como
también en griego, latín y hasta cartaginés.
Quizás algunos sobrevivientes se habrían refugiado a
cal y canto en aquél lugar.
Varios legionarios se adentraron en la negrura de la
cripta. A cada paso, había desde blasfemias hasta súplicas a dioses. Poco a
poco los grabados se volvían mas uniformes y hasta artísticos, como un
refinamiento evolutivo repentino, súbito.
Hasta que encontraron los restos de varios guerreros
de apariencia escandinava.
Sorprendentemente se habían conservado en un estado
pútrido y mefitico aún.
La piel era correosa como el cuero curtido por el
sol, la piel de brazos, piernas y cráneo se había replegado hasta los huesos
como si algo lo hubiese succionado con fuerza infernal desde el interior. Pero
los vientres estaban hinchados como los de un ahogado, grandes como si...
Y los legionarios retrocedieron amedrentados...
El cadáver se sacudió con un timido espasmo. Aún
conservaba las rubias trenzas guerreras y las barbas largas. Éstas habían
evidenciado la sacudida.
Otro golpe más, la calavera cubierta de cuero pálido
y correoso abrió las fauces girando hacia ellos.
Uno de los legionarios perdió el pulso y echó a
correr gritando.
Y Escipión el Africano miró cómo lo único que
saltaba llevando al cadáver en sacudidas convulsas era el estómago
desmezuradamente hinchado, el cuerpo se rodó quedando de costado.
El estomago se rasgó y de las entrañas del
legionario brotó una bola gris marrón que chapoeteó espantosamente al tocar el
frio suelo rocoso con un horrible sonido de entrañas.
Un húmedo cloqueo brotó del ser, para horror de los
legionarios, todos los legionarios momificados que llenaban hasta donde se
perdía la vista el túnel comenzaron a sacudirse, algunos con timidéz y otros
con salvaje locura.
Pero el final de todos fue iguál, de las entrañas
brotaron varias cosas que chapoteaban recomponiendo sus formas albas y gomosas
sucias de visceras y sangre largamente corrupta.
Y los demonios recompusieron su forma ascendiendo
desde los mas elementales y difusos plasmas hasta formas mas complejas, de ahí
a animales, de ahí a humanas... Y después a algo que no era ni humano ni
animal.
Un chillido demente y aterrado atronó cuando las
primeras criaturas se lanzaron contra los petrificados legionarios.
~ II ~
Varios cayeron de puro horror ante tal milagro.
Aquello era insano, ni en el Hades habríase tal horror, aquella cueva era el
Tártaro y aquellos seres las Lamias... Escipión había traído del reino de los
muertos un terrible y antiguo mal...
Intentó luchar sin éxito, y al tratar de huír le fue
mucho peor ya que lo capturaron vivo junto a varios de sus generales que habían
rendido sus armas.
Escipión entonces miró los ojos de aquellos seres
antiquísimos. Eran ígneos, bronce al rojo vivo. Enloquecidos y dementes,
contenidos por algún terrible sortilegio desconocido. ¿O quizás (¡Oh, Dioses!)
tenían consciencia similar a la suya?
~ Escipion... - siseó una voz baja y viperina en su
mente. - Eres un guerrero feroz, ante ti han caído muchos... Pero es sabio
rendir el sable antes que morir empuñandolo...
~ Pero no es de honor. - pensó.
~ ¿Honor? - y las criaturas que los habían capturado
sonrieron a la vez. - El honor de Roma es acumular victorias y hacer crecer su
imperio... Nosotras... Sólo queremos vivir... Crecer y multiplicarnos en paz...
Escipión tragó saliva sin comprender.
~ Y queremos aliarnos contigo y con Roma...
~ ¡¡¡¿Quéee?!!! - preguntó incrédulo y sumamente
aliviado.
~ Si... Firmemos la paz... Te ayudaremos contra los
cartagineses invasores y contra cualquiera que ose levantarse contra tí... Pero
para ello debo estar unida a ti... A tu sangre...
Escipión se quedó boquiabierto al escuchar aquello.
~ No contigo, hombre hijo de Zéus... Sino con tu
hermosa sobrina, la amada de Artemiza... Quiero desposarla... Así tu estirpe y
la mía estarán ligadas... Para siempre...
Escipión palideció, las nupcias siempres eran
aceptadas para alianzas con pueblos similares y civilizados, pero, éstas
criaturas no eran bárbaras, eran la misma presencia del salvajismo primigenio,
pero aún así tenían prudencia y deseaban vivir en paz...
~ ¿Sólo eso?
~ Y varias doncellas... Incluso mujeres... Dannos a
las viudas de aquellos cuya vida tomamos para enmendarles la perdida de un
compañero por nosotras... Cuando alguien muera en tus terrenos... No hagas
honras fúnebres... Dispondrás éstas criptas para el reposo de tus muertos...
Nosotras abandonaremos las sombras y viviremos en lazo nupcial secreto con
quienes nos des por esposas en un templo que habremos de construir fuera de
nuestro hogar... Dirás que es un nuevo templo...
Escipión estaba abrumado y mareado.
~ ¿Y en honor a qué dios ha de ser erigido y
santificado tal templo?
~ Neydn Magna Mater.
~ Sus aspectos horrorizaran a todos... Destripenme
si las ofendo pero por Artemiza y Atenea que no miento...
Las criaturas no mostraron enfado, sus figuras,
antes brutales y reptiloides se hicieron menudas y delicadas hasta que Escipión
azorado miró a varias ninfas preciosas de rasgos egipcios, cartagineses,
nordicos, orientales, africanos y de tantas tantas trazas que Escipión creyó
estar ante amazonas, no de otra nación, sino de otra era.
~ Hechiceria... - murmuró.
~ Dame a tu sobrina... Amaré su carne como amo su
alma... La oigo desde el desierto... Me llama... - murmuró una hermosa ninfa de
imposibles cabellos verdemar y ojos color broncíneo brillante.
~ E-en el bien del pueblo de Roma... Acepto el
trato. - murmuró exhausto.
~ Yo, Anatha... Declaro la bendición de Neydn para
la Forum Livii Romana, Colonia de la negra y sepultada Zhul-Bha-Zaír.
Escipión inclinó la cabeza preguntándose una y otra
vez: "¿Qué he hecho?"
~ III ~
Escipión le explicó a Aglaonice lo que había
descubierto de una manera velada, le contó que había descubierto marcas
extrañas de idiomas extranjeros y la chica lo escuchó.
Escipión se estremeció al ver los ojos gris plata de
su sobrina. Sin duda alguna, la luna brillaba en ellos.
~ Hija mía... ¿querrías dirigir un templo que pienso
erigir en la colina del túmulo? - preguntó.
~ Claro... Pero para eso faltan muchas lunas...
~ Solo algunas pocas... - dijo atragantandose.
~ ¿Qué ocurre? - preguntó algo alarmada al verlo
palidecer.
~ Recibirás... ¿Deseas desposarte?
~ A mi regreso a Roma. ¿Es que acaso me han pedido?
~ Si, pero no deseo imponerte nada... Si lo deseas,
haré la guerra con tal de defenderte...
~ ¿De quién?
Escipión se quedó helado al ver aparecer varios
cientos de neydenias caminando majestuosamente a través del desierto portando
ropas tejidas de telas y cuero en negro. Escipión casi vomitó al imaginar la
procedencia del cuero.
Y Anatha, la de ojos ígneos, llegó ante Escipión y
Aglaonice, la chica creyó estar ante la encarnación de la mismísima Palas
Atenea.
Cabellos de color verdemar largos y brillantes a la
luz del desierto, piel cerúlea y alba, un musculoso aunque estético cuerpo
femenino le contaba sagas de un reino donde las mujeres luchaban a brazo
partido contra los dioses mismos incluso. La encarnación de una diosa de la
guerra.
~ Salutaciones... - habló Anatha en perfecto romano
aunque con un tinte extranjero obscuro y enigmático que le agradó a la chica.
Los ojos de la romana se encontraron con los de la
neydenia, no hubo necesidad de más... Los ojos broncíneos de Anatha le contaban
historias en un mundo desconocido y hostíl, de luchas y pérdidas, de horror y
perseverancia.
Los ojos plateados de la romana rindieron a la
neydenia, dos lunas... ¿Hacía cuanto que había contemplado en los cielos, en la
lejana y olvidada Carcosa la doble luna cornuda durante los primeros ritos?
Cuando Némesis existía. Cuando Mater Neydn la había tomado para sí de la casta
misma del rey Hastyr, el de la máscara de oro.
Pero ella amaba a Neydn y la amaría siempre, pero
aquella romana le enternecía el corazón.
~ Salutaciones... - respondió Aglaonice.
Los ojos de Anatha se entrecerraron, la voz de la
chica era una melodía de eras muertas que le susurraban sus placeres con Mater
Neydn en la sepultada Zhul-Bha-Zhaír, los mismos que terminaron cuando la
deidad fue sepultada en el templo por la ira de Hastyr y de sus hermanos
guerreros.
Anatha declaró guerra contra ellos y hasta hoy jamás
su corazón había latido tan amorosamente por alguien como por aquella romana de
ojos color plata.
~ Sólo vengo a reclamar lo que es mío... - dijo
suavizando la voz y entregándole a Escipión una jarra de oro tallada rica y
antiquisimamente.
De inmediato, Aglaonice supo lo que aquella deidad
quería, había venido por ella, en los ojos ígneos pudo ver el ardiente fuego de
una pasión abrasadora que la había incendiado a ella también.
~ Así ha de ser... - dijo con humildad la
sacerdotiza de Artemiza. - mi señora ha tomado carne y me ha señalado para
sí... Siempre he sido suya...
Anatha comenzó un delicado y ensoñador cántico,
dulce y desconocido que, sin embargo, conmovió a la sensible sacerdotiza, ésta,
al estar segura de estar ante una diosa recibiendo su dulce hymenaios no pudo
evitar soltar algunas lágrimas de arrobada felicidad.
Las demás neydenias salieron de casas y comercios,
templos y burdeles con sus elegidas de la mano, las desposadas iban
enrojecidas, asombradas, intrigadas y conquistadas por la osadía con la que
habían sido tomadas de sus quehaceres, oficios, rezos u ocios por tan audaces y
hermosos halcones del desierto.
Pero había fuerza y suficiente ternura en la manera
que las llevaban, ya en brazos, ya de la mano que las mujeres forlivesas no
temieron, sabían que no les harían daño, era como llegar a casa... Algunas
incluso reían, las mas osadas incluso coqueteaban con sus amantes captoras.
La mano de la romana se perdió en la mano fuerte de
la neydenia y la siguió con docilidad.
Escipión y todos los hombres de Forum Livii se
quedaron petrificados, el canto de las neydenias era escalofriante, profundo,
horriblemente petrificante y de una dulzura inhumana.
El canto de las sirenas de la laguna del
aqueronte... Sirenas del infierno, hechiceras terribles. En ese momentos se
selló un pacto, jamás cuestionar aquello, jamás contar aquello y no meterse con
aquellos seres salidos de una caverna en medio del desierto.
~ IV ~
Dos meses mas tarde, tras una superficial
intervención por parte de los romanos se terminó un altar sombrío de extraña
arquitectura en lo alto de un templo piramidal coronado por un chapitel
elevado.
Escipión no volvió a ver a su sobrina hasta el día
en el que se inauguró el altar, las neydenias danzaron con sensualidad al lado
de sus parejas romanas que, para ensombrecer más el humor de los romanos, no
sólo se movían con la gracilidad, elasticidad y arte de las neydenias, sino que
además mostraban afinidad de caracter y semblante que hacía suponer cosas
obscuras.
Escipión juraría que los ojos de su sobrina ahora
brillaban con la misma intensidad de la luna en las noches en las que estaba
llena.
Durante el año siguiente, Forum Livii creció y el
eriál árido que era se transformó en un rico oásis a mitad del desierto. Escipión
apenas había visto a su sobrina y pocas palabras había cruzado con ella, se le
veía feliz en demasía y lo último que le confió fue que su consorte le contaba
historias antiquisimas y hermosas así como espantosas y delirantes visiones
pasadas, ella deseaba perpetuar aquel conocimiento y decidió redactar lo que
siglos después sería el Libro de los secretos de Zhul-Bha-Zhaír. Rebautizado
siglos despues como el Cultes D'Neydeniens. Era el libro que terminaría dos
milenios después en manos de una chica que por amor se entregó a la obscuridad,
y que en ella halló otra historia más...
Escipión maldijo a los dioses por permitir que tales
seres se ayuntaran con las hijas de Roma, los maldijo por permitir la
existencia de un culto demencial y diabólico.
Los cultos de Neydn podían ser vistos en su mayoría
excepto los secretos de Tenebras y de Nox Aeternae.
Ésos se llevaban a cabo dentro de las criptas en
fechas apreciadas en los astros.
Los forliveses notaron que cada cierto tiempo los
ataques de serpientes se multiplicaban por doquier. Se infiltraban en las casas
y mataban por la noche, o sorprendían a los cazadores, o a los campesinos,
nadie se quedaba a salvo.
Y entonces un nuevo misterio fue sacado a la luz.
Las sacerdotizas de Neydn llegaban a las casas de
los deudos cubiertas con negras túnicas y máscaras doradas con gesto compungido
exquisitamente grabado con tal arte que parecía a punto de llorar.
Y se llevaban a los muertos con ceremonias
apresuradas y apenas algunas palabras de alivio para los deudos.
Muertos de todo tipo eran llevados a la cripta
detrás del templo, desaparecían en la negra obscuridad para no salir más.
Suponían algunos que las sacerdotizas los llevarían
bajo tierra y ahí los ungirían con aceites y especias y los prepararían,
cantarían loas a las diosas virgenes e himnos a Neydn por el reposo de sus
muertos y los sepultarían honradamente en las negras catacumbas.
Cuando Escipión el Africano se enteró de la verdad,
de la blasfemia que aquellos seres llamaban rimbombantemente como rituál se volvió
loco de rabia, ira, miedo y frustración.
Las sacerdotizas frecuentemente comerciaban con el
pueblo y las hijas de Neydn solían seducir veladamente a las hijas de Roma
hasta que alguna un día desaparecía para reaparecer después en las danzas en
honor a la diosa.
Razón más para volverse loco de rabia si eras el
padre o prometido de alguna. Solo se les daba el alivio de "agradece a la
diosa que tu hija es su elegida..."
y casi a manera de burla jamás faltaba, caza,
sustento o alguna pieza de oro antigua para los afligidos padres que terminaban
por volverse indiferentes, uno de aquellos desdichados llegó a perder cinco
hijas una tras otra en aquél recinto misterioso, obscuro y frío.
Y la última de las señales de alarma eran las llamas
verdes que iluminaban las soirées de las neydenias, toda romana sabía encender
fuego con pedernal y acero, pero tras unirse a la obscura hermandad, siempre,
invariablemente, se usase cualquier método, las flamas producidas eran siempre
de un extraño verdor.
Prometeo le dio al hombre el fuego rojo y amarillo,
pero el verde sólo podía venir de los pestilentes pozos del Hades...
Cansados, los forliveses decidieron un desesperado
intento. Descidieron firmar un nuevo convenio con las neydenias para celebrar
el décimo aniversario de haberse aliado.
Aglaonice aceptó y convenció a Anatha de la
sinceridad de Escipión, así pues, las neydenias aceptaron renovar su alianza.
Escipión recordaba que hacia algunas lunas había
pactado con un salvaje del desierto que aseguraba haber encontrado la espada de
Marte en los campos de mongolia y tras embriagarlo capturó a sus dementes
complices y confiscó para sí un arma de empuñadura propia del dios de la
guerra. De apariencia brutal pero de peso asombrosamente manejable. Aún
conservaba unos setenta prisioneros mongoles y se decidió.
La noche del ceremonial las neydenias llegaron al
campamento romano junto a sus parejas.
Escipión brindó en varias ocasiones por Anatha y por
Aglaonice, tan nobles y halagadores eran sus parabienes que la neydenia,
confiada tras diez años de convivencia pacifica y sumisa aceptó sus brindis y
le dedicó igual número. Anatha sonrió complacida al ver que Escipión bebía de
la copa de oro que ella había tomado del tesoro de su padre siglos atrás como
recuerdo, el oro que jamás se ennegrece.
~ Pero... - dijo Escipión. - han de saber que mi
corazón se entristece al saber que no contamos de su confianza.
~ Explícate...
~ Han de saber que pese a sus recelos y cuidados
(que deben ser muchos) hemos descubierto que sois estirpe divina... Y no nos
mostráis vuestra gloria quizás por creernos inferiores... Eso es
comprensible...
~ No... Te equivocas... Tú dijiste...
~ Desconocía entonces que su bondad no se reflejaba
en su apariencia sino en sus actos... Y ahora sería reafirmar nuestro aprecio mucho...
Si nos muestran su aspecto divino.
Anatha miró a su consorte buscando consejo pues no
sabía qué hacer, Aglaonice asintió sonriendole.
Todas las neydenias adoptaron su forma salvaje ante
los ojos de Escipión quien trató de contener el horror que lo invadía al ver
aquel cuerpo agrandarse.
Sonrió al ver el cuerpo de la enorme neydenia.
~ Has de saber que no existe lo infernal o lo
divino, solo la naturaleza salvaje y la racional... Ambas pueden convivir... Y
una puede sobrepasar a la otra, no es una lucha, es equilibrio... - escuchó la
voz mental de su sobrina. Escipión la miró y encontró que a diferencia de la
salvaje brutalidad de Anatha, Aglaonice era más estética, larga y elástica, lo
más inquietante era que su sobrina poseía una mirada más hipnótica así como
largas garras, los colmillos de áspid no eran los como los de su consorte, sino
todos. Largos y finos como puntos de puñales.
Su apariencia no era tan reptilea, era marsupial y
contrariamente recordaba al saltamontes o la araña, quizá ambos.
Era obvio que habían ocurrido muchos misterios
horribles en aquel templo frío y aquella obscura cripta.
Los romanos convivieron con las neydenias lo mejor
que pudieron, con frialdad e hipocresía.
Y las convencieron de aceptar varios cadáveres,
varias decenas en realidad, los romanos habían envenenado a los mongoles con
laudano y esperaban que sus efectos se vieran aún en las neydenias, contaban,
sino con matarlas, sí con drogarlas hasta el punto de tenerlas a merced para
destrozarlas hasta que no fueran mas que un recuerdo terrible.
Y así fue, Publio Cornelio Escipión y una comitiva
de varios soldados y furiosos voluntarios la emprendieron contra la cripta.
Dentro, a la luz de siniestras fogatas de verdosa
luz, descubrieron a las neydenias, plenas de sopor y satisfacción.
Abrazadas unas con otras en aparente caos lucían más
como una jauría de glotones chacales arremolinados y pestilentes a carroña que
a otra cosa.
Rebuscaron y casi todos cubrían un cuello, Publio
Cornelio Escipión el Africano eligió a Anatha, ésta estrechó en sueños a
Aglaonice con plenitud. En aquél sueño opiaceo, Anatha soñó que en algun futuro
volverían a estar así, tan abrazadas en el silencio de la obscuridad.
Fue cuando la espada de Marte sacó chispas tras
chocar contra el suelo tras segar el cuello de Anatha.
Publio Cornelio miró asombrado su sable, brillaba de
un rojo vivo, miró la herida del cuello y cabeza y ambas humeaban cauterizados.
Decididamente era el sable de un dios y éste era mas
poderoso que aquellas bestias.
Todos y cada uno de los cuellos de las neydenias fue
seccionado, cuando Escipión se cansó, el sable pasó de mano en mano hasta dar
cuenta de todas...
... Excepto de Aglaonice...
Nunca se sabrá si Escipión el Africano la dejó
movido por la compasión, la locura o algún deseo de purga posterior, tras
aquello consagró el altar de Neydn a Marte sacrificando a cuatro neydenias que
habían sido retenidas bañando los pilares con la sangre de las fieras. Miles de
manos trabajaron durante las primeras horas de la tarde para sellar la cueva y
sus misterios.
Cuando Aglaonice recordó turbadamente los sentidos
no creyó lo que vió.
Todas sus amadas hermanas habían sido decapitadas y
profanadas indignamente, miró con el corazón desecho que su amada Anatha había
corrido la misma suerte...
Se lanzó enloquecida contra la entrada de la cripta
y la encontró cerrada.
Gritó... Gritó loca de dolor y rabia, se transmutó y
atacó la roca sin éxito, ella había confiado en su tío, ella había permitido
aquello, ella era la culpable de que todas hubieran muerto...
No... Aún sobrevivía ella... Y mientras ella
viviera, el culto, el alma de sus ancestros y hermanas seguía vivo. Tras
cansarse de llorar y suplicar se replegó a sus tinieblas internas.
Buscó un cuerpo y lo rajó en canal. Su masa entonces
se replegó en una masa informe y blanca que entró dentro del cuerpo alistandose
para un largo sueño, el cuerpo se cerró y la herida cicatrizó y sanó en medio
de las tinieblas.
Aglaonice lloró en su obscuridad. Antes de que el
sueño la abrazace, oyó las voces de sus hermanas mimandola, dandole ánimos... Y
EXIGIENDOLE LA SANGRE Y EXTINCIÓN DE LOS ESCIPIÓN.
~ V ~
Publio Cornelio Escipión regresó a Roma tras pasar
una última semana en Forum Livii acabando con la aparente prosperidad, segó
toda vegetación, secó estanques, anegó riachuelos y cubrió de arena los
restos...
Y sal...
Mucha sal... El ex magister militium cubrió de sal
la anterior prospera y fértil región, tomó su muy diezmada legión y regresó a
Roma.
Si Escipión se planteaba recibir consuelo en su
patria se equivocó, un tal Catón el Viejo despotricaba en su contra y contra
sus campañas púnicas y había conseguido derribarlo en la ignominia, sólo su
hijo, Escipión Aureliano Máximo lo escucharía en sus tenebrosos detalles.
Una noche, tras ser publicamente delegado de
funciones con deshonor y hallándose ebrio, caminó sin rumbo hasta llegar al
templo de Artemiza.
Al darse cuenta de ésto, Escipión rió, rió y lloró
alternatrivamente embriagado al recordar a su tierna sobrina que yacía
condenada para los siglos.
Y levantó la copa para beber.
Publio Cornelio Escipión miraba trémulo la luna
apenas esbozada y gibosa en la noche.
~ Asquerosos chacales engendros de Hades... -
escupió Escipión bebiendo de una jarra de oro regalo de aquél ser con el que su
prole se había unido.
Y al darse cuenta, la jarra cayó derramando un
abundante fuente de vino que parecía nunca terminar.
~ Mientras una de nosotras exista, éste vino, que es
la sangre de nuestros enemigos... No dejará de fluír libre... Jamás... -
escuchó mentalmente recordando algúnas de las últimas palabras que Anatha la
dirigiera.
Escipión enloqueció victima del horror y del vino,
balbuceó manoteando sin sentido girando los ojos en todas direcciones, miró
entonces la espada de Marte y la empuñó, se cortó la vena del brazo izquierda y
garabateó lo último que supo esbozar en sus desvarios.
IBI CUVABIT LAMIA
En el altar de Artemiza, su sobrina era la Lamia y
habia sido incubada por Artemiza. Riendo nerviosamente Escipión giró su Gladius
contra su cuello y lo cortó desangrandose en el altar a la luz del doble cuerno
de la luna gibosa.
~ VI ~
El Heracles flotaba en medio del lago circular de
Midel, sombrío y silencioso.
Dentro, las Neydenias daban cuenta de las cuatro
sobrevivientes.
Las ráfagas de disparos iluminaban los obscuros
pasillos atronando como relámpagos en la noche.
~ Hay que activar la energía de emergencia para
soltar las barracudas restantes y largarnos. - dijo Amanda.
Pronto alcanzaron a ver la escotilla que llevaba a
la cámara auxiliar.
~ Yo le doy al interruptor y ustedes me cubren. -
les dijo. - granadas listas.
Las chicas prepararon las granadas de humo. Si
fallaban, Amanda sería la próxima en caer.
~ Now!!! - clamó Amanda echandose a correr y
tirandose por la escotilla.
Cayó en pie y de prisa se puso a activar palancas,
un crujido y el motor se reactivó y las luces se iluminaron.
Amanda se retrepó en la escalerilla para salir de la
cámara, afuera las fieras aullaban y rugían con feroz reticencia.
Activó la granada y salió dispuesta a lanzarsela a
las neydenias cuando apareció Erwin, hisseando a su izquierda jalandola de
regreso. Kathleen la sostuvo por el torso e intentó sacarla. La granada se le
soltó a Amanda y cayó, Nekota, Miho, Nakajima y Anzu aparecieron lanzandose
contra ellas cayendo al cuarto de contról.
Fue cuando la granada explotó cegando a todas, en
aquella ardiente nube, Amanda escuchó el angustioso aullar de dolor de
Kathleen.
Escuchó y notó vagamente que los aullidos de dolor
de su compañera y los gruñidos frenéticos de las criaturas le recordaban los de
una batalla de perros, la agonía de uno al ser destrozado sin posibilidad de
paz alguna hasta la invariable muerte, la cuál se solía alargar cuanto la rabia
de la criatura fuese.
Cuando recuperó la visión en medio de la humareda
vió a Kathleen sujeta por tres de aquellos seres mientras dos más la
evisceraban derramando tanto intestinos como pulmones, corazón y tras unos
feroces tirones incluso la columna de la desdichada.
Los ojos brillantes en plateado de Miho se
encontraron con los suyos, Erwin ya había girado hacia ella mientras de su boca
aún masticante se escapaban algunos trozos rojos.
Antes de darse cuenta, Nakajima le quebró la pierna
derecha con un golpe fulminante y vertiginoso.
Cuando plantó la rodilla en tierra, Anzu la tacleó
derribandola y comenzando a rasgar el chaleco, Amanda consiguió, gracias a su
habilidad en lucha alejar las fauces y garras de sí, Miho y Erwin se lanzaron
contra ella, las bloqueó a patadas como pudo. Durante algunos preciosos
segundos consiguió mantenerlas a raya, escapandose y cayendo en las garras
asesinas varias veces eludiendo zarpazos que levantaban el acero así como
rabiosas mordidas.
Hasta que los colmillos de Erwin le aprisionaron el
hombro derecho con furia.
Amanda desvió su atención a ésto y trató de jalarla
de los cabellos y tironeandola.
Al hacer ésto descuidó las cabezas de Anzu, Nekota,
Nakajima y de Miho, de inmediato las cuatro arremetieron a feroces dentelladas,
muslos, caderas y vientre.
Un alarido de dolor enloquecido escapó de Amanda que
se convulsionó con la ferocidad agonizante del animal que está siendo asesinado
sacudiendo todo su cuerpo tratando de sacudirse el dolor enloquecedor que
surcaba sus terminaciones nerviosas.
Amanda ya no tenía conciencia ni personalidad, sólo
era dolor, dolor y nada más.
En uno de los muchos tironeos, las manos
ensangrentadas y enloquecidas de la cadete de Saunders jalaron uno de los
gruesos cables de alta tensión auxiliares.
Las dos cadetes restantes salieron despedidas por
una explosión blanca de electricidad, un horrible zumbido electrico atronó con
rabia y durante un instante, el Heracles iluminó la noche como un faro a la vez
que se sumía inmediatamente en el silencio y la obscuridad más totales.
~ VII ~
Las B.U.G.S. sobrevivientes en el Oarai habíanse
adentrado en el laberintico túnel que llevaba al Edén.
Decidieron no separarse más y llegar a obtener
pruebas en video de lo que había en el Edén. Ahora lo sabían, algo encontrarían
dentro.
~ ¿Tenemos linea con el Heracles o con Saunders? -
murmuró Hannah tras asegurarse de que estaban solas en el largo pasillo
metálico.
~ No, con ninguno... Pero podemos tratar de guardar
datos en el sistema conectado a distancia del Heracles.
~ Es mejor que nada... En cuanto... - Hannah guardó
silencio repentinamente al oír un rugido agudo y corto a manera de burla y
reto. - Follow me... Girls... - murmuró pálida.
Encendieron las luces de los rifles y comenzaron a
revisar. La negrura era casi total en aquel sitio.
Amy pensó que la cubierta debía estarse quedando muy
arriba, la escasa iluminación fluctuaba enloquecidamente en el mejor de los
casos, y en el mayor, estaba rota.
Incluso el sonido metálico de sus botas en los
pasillos y escaleras estaba amortajado por una cubierta dura y rugosa.
Las B.U.G.S. Miraron al suelo y notaron que una
gruesa costra de algún tipo de goma lo cubría.
Parecía como una costra coagulada hacía poco, era
uniforme en su espesura más no en su color que era entre rojo vivo y café
opaco.
Las paredes y barandales, descansos y pasillos en
adelante mostraban el camino.
Marissa y Rose tallaban señales con las bayonetas a
manera de no extraviarse, aquél laberinto era repugnante e intrigante.
Un giro equivocado o una carrera a ciegas podía
llevarte a extraviarte.
Aurora estuvo cerca de colapsar en un ataque de pánico
en el instante en que se dio cuenta de que estaban adentrandose en la guarida
de algún ser primitivo y salvaje.
Apuntó al suelo y creyó ver trazos de piel en el
gomoso y acojinado suelo. Rostros compungidos en las paredes y brazos colgando
del improbable y obscuro tejado.
Cerró los ojos y concentró todo el valor al que
podía invocar y abriendo los ojos marchó más segura y aprisa.
~ Ésto es cálido... - observó Alexandra.
~ Sí... - murmuró Rose ruborizada. - pero húmedo...
Como...
~ ¿Como una boca? - observó jadeando Aurora, era
cierto, hacía calor.
~ Iba a decir como un sexo húmedo... - dijo Rose
medio en serio medio en broma.
Ésto les dio algo de ánimo y prosiguieron, notaron
tambien que el eco era casi nulo... Era como estar dentro de un enorme cobertor
de piel...
Hannah sintió que el vello se le erizaba al imaginar
la escena.
Las cinco adentrandose dentro de las tinieblas de un
gigantesco ser vivo.
~ ¿Será una especie de nido? - pensó Hannah Phoenix
mirando al frente atentamente. - si lo és, esta... Cosa... Debe ser algo que
secretan... O trabajan... Es cálido... Bien dijo Rose... Es como un sexo
bullente y húmedo, cálido...
El rostro enrojecido de Hannah palideció
deteniendose en seco.
~ Es como un útero... - murmuró sudando frío. - Es
un nido... Nos estamos adentro en el nido...
Amy enfocó al frente, el camino se volvía mas
cerrado y el sonido casi no retumbaba en los muros.
~ Deberiamos volver... - observó.
~ Es inútil... Ya es inútil... - retumbó una voz en
sus mentes. - jamás debieron adentrarse aquí... Jamás debieron venir al Edén...
~ Fuck you mother, you bitch... - escupió Hannah
sintiendo que la vena militar que poseía se reactivaba a la sola incitación.
Las B.U.G.S. Emprendieron nuevamente su penosa
marcha hacia adelante, hacia el nido de las hijas de Neydn.
Debían estar cerca dado que el calor casi era
tropicál, selvático.
Entonces Marissa comenzó a escuchar los tambores...
~ ¿Oyen eso? - preguntó.
Todas se pararon en seco, las cuatro chicas
restantes aguzaron el oído y ninguna oyó nada.
Siguieron andando hasta llegar a un enrejado
cubierto de la rojiza sustancia mucilaginosa y hiedras de verdor lujuriante.
En enormes letras góticas oxidadas de podía leer Al
Ayden. El Edén.
~ Ok, let's ride...
Alexandra y Aurora se colocaron una en cada reja,
estaban abiertas, aquella resina viscosa y las hiedras amortiguaban los
chirridos del óxido.
Un calor sofocante y un olor endemoniado las asaltó.
~ Put the mask now! - ordenó
Hannah.
Rápidamente se colocaron las máscaras y eso alivió
un poco sus nervios.
Olía a mil demonios iracundos adentro del Edén,
hedores tan variados que unidos creaban una niebla mefítica que podía notarse
en un impreciso púrpura fluctuante a la luz de las linternas.
Cadáveres podridos, olor a hiedras corruptas, sudor,
olor a sexo y a otras excreciones...
El Edén apestaba a mil infiernos.
Se abrieron paso con las bayonetas segando las hojas
y ramas que se les atravesaran, aquél lugar lucía como una selva prehistórica.
Incluso una ligera lluvia caía.
~ Debe ser la concentración de humedad que al llegar
a la cúpula y calentarse vuelve a caer... Awesome. - pensó Hannah.
Caminaron enfangadas hasta lo que parecía ser un
claro. Dentro del cuál yacía un auténtico pandemonium.
De los improbables techos colgaban cadáveres
colgados por los pies en ganchos de carnicero, en estacas clavadas al suelo
había atados varios cuerpos putrefactos y en la punta de las estacas, un
empalado.
Un enorme monolito verde grabado con extraños
simbolos ígnotos resplandencía a la
aqueróntica y verdosa luz de un fuego corrupto.
Y sobre el monolito estaba una sombra.
~ ¿Quién es? - preguntó Hannah quedamente a Amy.
Amy miraba boquiabierta la silueta desnuda y
resplandeciente.
~ N-Nishizumi... Maho... - balbuceó Amy.
~ ¿No había desaparecido hace meses?
~ ¿Qué ocurre en Oarai? ¿Accidente biológico?