domingo, 12 de abril de 2015

Edén

Edén



~ I ~

Stephan jadeaba, bajo su cuerpo, Momo se estremecía besandole los hombros, arañandole la espalda y arqueando las caderas contra las suyas, suaves jadeos se le escapaban convirtiendose en débiles gruñidos cada vez que la fogosa japonesa mordía el elegante cuello de cisne de la varoníl inglesa.
La rubia de cabellos cortos estaba impregnada por una resplandeciente pelicula de sudor que brillaba en la penumbra de la habitación que le habían cedido.
Pese a ser una experta en flirtear para conseguir sus metas, era la primera vez que aquello se le ponía tan fácil...
Abordó a la chica con la naturalidad de un Casanova y el encanto de un Berguerac. Habia pensado que podría marcar terreno, nada demasiado acelerado al principio, pero al parecer, Momo era la experta.
~ ¿Sabes? - dijo Momo ruborizada y al parecer muy excitada. - puedo ver claramente en tu mirada y sé lo que quieres, y... Creo que también puedes ver lo que estoy sintiendo, podemos dejar los besos para los enamorados si quieres... Pero la verdad es que estoy impaciente... Por hacerlo con una inglesa como tú... - jadeó.
~ Miren esto... - pensó relamiendose, y agregó seductoramente. - pues si vamos a mi departamento solo tendras por seguro que besaré todo tu cuerpo...
La rubia le tocó uno de los muslos y apretó suave pero lúdicamente.
~ Ya puedo saborearte... - jadeó abrazandola y besandole el cuello.
Momo gimió, el cuello de Stephan la tentaba, tan cerca, el calor de la hija de Albión la estremecía de hambre y lujuria.
~ Vamos... A tu departamento...
Y ahora, desnudas y sobre las cobijas de seda de oriente se entregaban sin nada mas, Stephan ahora, balanceandose sobre la morena como en un infernal, monótono pero inescapable trapecio satánico, ignorante de que se balanceaba sobre el borde del abismo mismo.
Momo jadeaba acompasando su volumen con el de Stephan, dejandola incluso superarla, aquella actitud pasiva enardecía mas el impetu con el que la rubia la poseía clavando las manos crispadas en la cabecera de la cama en un desesperado intento por compenetrarse más con la japonesa.
Un liberador jadeo de placer y un suspiro de Stephan le anunciaron a Momo que terminaba de brindarle el orgasmo más intenso a una de las peores enemigas que podría haber tenido, mientras Stephan se deleitaba con su cuerpo, Kawashima Momo había deslizado casi imperceptiblemente sus colmillos en cuello, hombros y pechos de la rubia drenandole la preciosa carga vital, uniendo a ambos placeres, orgasmo y alimento una potencia que noqueó a la Inglesa, mientras Momo, azorada y con la vista clavada en el techo veía ante sí los rostros de varias chicas. Amantes informantes, aliadas y enemigas se agolpaban con furia en su cabeza, un hilillo de sangre le corrió por la nariz a Momo, sus ojos giraron hacia atrás, sus labios, crispados, se abrieron y de ellos brotó una larga lengua negruzca, un suspiro emergió de su boca contraída y quedó bloqueada por la cantidad e intensidad de los recuerdos de Stephan Helsmley.

~ II ~

Los ojos de Miho se abrieron de par en par al sentir un estremecimiento de horror al ver, en su mente, el rostro alarmado de una de sus mas amadas hermanas, Momo, impulsiva y temperamental, comprendió, al escuchar el agónico aullido psiquico en el que se dejaba traslucir, una nota in crecendo de alarma.
La acompañaban sus camaradas de equipo del Panzefähren, y tambien ellas pudieron escuchar el lastímero quejido de Momo
~ ¡¡Nishizumi!! - escuchó un sonoro grito de respuesta, era Anzu, donde quiera que estuviese había escuchado el alarido de Momo.
~ Calmense... - se dirigió mentalmente a todas las hermanas en Oarai. - Una de nosotras se alimentó por su cuenta sin las palabras ni los signos apropiados... Pero es posible ayudarla... - Miho cerró los ojos y miró a través de los pares de ojos que compartían, escuchó las voces internas y escuchó preocupación y premura. - Vayan al Edén y preparen todo...
Sintió cómo las voces desaparecían comenzando ya con todos los aditamientos para El Ceremonial...
~ Nishizumi dono... - Miho levantó la vista y miró el rostro de Yukari, pálido y preocupado.
~ Cálmate... - Dijo sonriendole tranquilizadoramente a la chica. - Momo chan es fuerte y aguantará.
~ No... No me preocupa eso... Confío en su fortaleza... Pero... No llegaremos a Ponapé hasta dentro de dos semanas... Con suerte... Si utilizamos ahora uno de... Nuestros materiales... Quizás llegaremos... Muy hambrientas.
Miho comprendía ésto y sabía que Yukari estaba inquieta, después de todo... Sus padres...
Miho negó energicamente y le tomó el rostro, Yukari había sido la cuarta de sus hermanas en llegar y una de las que más amaba... Pero aún así no podía arriesgar el bienestar de todas.
~ Date prisa... Yo voy por Momo seguro que Anzu debe estar ya en el apartamento de esa maldita espía...
Yukari se estremeció a causa  de la posibilidad que encerraba esa palabra.
~ Saben lo que ocurre... Nos descubrirán y nos separarán...
~ ¡¡¡Jamás!!! - Chilló Miho en respuesta, Yukari se estremeció de miedo al ver a su lider tan descompuesta, los ojos dilatados casi en blanco inyectados en sangre, la boca contraída en una mueca espantosa, Yukari entonces comprendió que en realidad, Miho jamás dejaría que las separasen de manera indefinida...
Era extraño, pero Yukari era quizás la única que no podía sentirse tan amorosamente envuelta por las demás como para compartir una linea tan potente e intensa de emociones, era hermoso ser parte de las-muchas-que-son-una, pero no podía dejar de percibir algo que no la terminaba de calmar... Además... El ansia era una batalla constante entre quedar saciada plenamente o tener miedo de desperdiciar un precioso material que ignoraba conseguir con facilidad.
Miho se lanzó como fiera a la noche, juraba que si Saint Gloriana o quien fuese iban con esas dobles intenciones para separar su nucleo familiar perfecto, despellejaría ella misma a todas las informantes que pudiesen tener, pero una cosa a la vez, por ahora, Momo era lo primero...

~ III ~

Anzu volaba por la noche hacia el lugar donde Momo se hallaba a punto de sufrir un colapso grave tanto fisico como psiquico.
Podía escuchar las diversas deliberaciones y enterarse cuanto tiempo faltaba para que Edén estuviera listo para el Brudeschaft.
Por fin, apareció ante su vista el negro edificio donde yacían, la espía y su mejor amiga. Trepó lo mas rapida y sigilosamente que pudo hasta llegar a la indicada, abrió la ventana y se deslizó dentro reptando.
Momo convulsionaba de manera violenta, unos extraños cloqueos eran todo lo que salía de sus apretadas mandibulas espumeantes. Los ojos bailaban dementes en sus cuencas.
~ Estoy aquí, hermana... - pensó Anzu, Nishizumi, Yukari y Hana aguardaban abajo para cubrir la salida y ayudarlas con Momo, deberían ser rápidas así como invisibles.
Miró con angustia cómo una de sus mejores amigas se sacudía con mayor salvajismo. Anzu se giró entonces hacia la espía y notó cómo era que estaba inconciente, casi en coma, pensó en despellejarla... Pensó en matarla...
~ Detente, Anzu... Momo nos necesita... - sintió la vibración de Miho subiendo por la escalera.
La pequeña se mordió el labio, sí, eso podía esperar. Sería glorioso cuando reunieran a todas las espías y las introdujeran en el Edén... No podía creer que incluso en la misma Oarai hubiese hipócritas que vistiesen su uniforme y amasen otra escuela.
~ Ellas no entrarán en el paraíso... - escuchó un pensamiento sepulcrál.

~ IV ~

Anneliesse había visto a Stephan dirigirse hacia el Totus Florius, conocía a su compañera de equipo y sabía que no estaría disponible sino hasta el día siguiente, así que ahorrándose el paseo se dirigió a su habitación para dormir y organizar el informe que daría a Daarjeling durante el desayuno.
Repentinamente algo ocurrió en la atmosfera, hasta entonces, había sido una hermosa y clara noche de luna llena, pero la clara luz de la gentíl Selene se vio obscurecida por las lugubres nieblas de Shamballah, un viento extraño le asaltó su olfato de sabueso haciendola torcer el ceño, era como si una banda de las mas inmundas y apestosas criaturas salidas del infierno carroñero hubiesen salido a pasear bajo la luna... El olor fue tan breve como terrible, poco le faltó para vaciar el estómago.
Echó a andar porque había notado que la peste se acentuaba con dirección hacia los departamentos donde se alojaba Stephan.
Un escalofrío la detuvo al dar un paso, ese insano olor era algo que no podía soportar, era de un salvajismo y una profanidad inhumana, el olor de unos seres cuya comida inmunda no podía ser contemplada con indiferencia, ni la banevolente luna podía contemplar el andar maldito y profano de aquél séquito que ante la vista de Anneliesse se proyectaba, cuatro sombras que cargaban a una quinta salieron del departamento, de la ventana de Stephan, Anneliesse hubiese jurado que las vio levantar el vuelo con un impulso endemoniado y atravesar el éter brumoso impulsadas por extrañas formas cambiantes, supo que se enfermaría.

~ V ~

La peste le inundó las fosas a la inconsciente Stephan con la intensidad suficiente para despertarla, aún acalambrada por el orgasmo se levantó y se las arregló para medio vestirse y tratar de seguir las extrañas figuras que creyó distinguir en su habitación llevandose a Momo Kawashima, en el descanso de las escaleras se encontró providencialmente con Anneliesse, echaron a andar y sin perder tiempo la puso al tanto de su reciente conquista, no habia, al fin de cuentas, mucho que contar al respecto, salvo que había visto algunas sombras llevandose a la chica, quizás se equivocaba y Momo sólo se había retirado de su lado, Anneliesse se mordió los labios y le ordenó regresar a la habitación y revisar que no le faltase ningún papel relevante, Stephan, que ya de por sí estaba mortalmente pálida se puso lívida, ¿Cómo había podido ser tan irresponsablemente estúpida? Regresó corriendo, escuchó a Anneliesse que le dijo que se comunicara con las demás y que la siguieran por GPS, iría en busca de las sombras, superticioso, quizás, pero los informes de Oarai y Saint Gloriana hablaban de sombras... ¿Y si habían dado una escalada y habían secuestrado a la vicepresidenta estudiantil de Oarai en vez de tomar sólo notas, planes y mapas?
No habia tiempo que perder, había que actuar. Mientras Stephan se aseguraba de que nada faltaba llamó a sus compañeras y les dijo que siguiesen la señal de Anneliesse, todo sería explicado después, cuando se reuniesen.

~ VI ~

El resto de las chicas de Alvorn respondieron y de inmediato se reunieron para ir tras Anneliesse que había emprendido la persecución de unas sombras, Valery dirigió la marcha armada con un tasser paralizante y el rastreador GPS, el aparato indicaba que la chica habíase internado justo en el centro del area académica, al parecer, dentro de Oarai había varios invernaderos conectados por redes internas de túneles cubiertos con cúpulas, Valery habíase enfocado en los planos del Oarai y resultaba complicado explicar la red subterránea, como se temía, la señal de Anneliesse se internó en uno de los túneles que llevaban a ese laberinto obscuro.
Sólo podía llevar a un lugar, el designado con el nombre clave del Invernadero-cúpula Al Edén 46463.
Infiltrarse ahí sería complicado pero la señal apuntaba ahí y Anneliesse había dado orden de que la siguiesen, si acaso estaba en algún peligro podía mandar una señal en clave que transmitiría su localización no sólo a ellas, sino a la misma base de Alvorn en Londres.
Así que apresuró el paso, todas, Alice, Ángela, Stephan y ella estaban nerviosas, demasiado, así, sin pensarlo más, se internaron en los laberinticos pasillos de la academia de Oarai.
~ Formación Ariadna. - Susurró Stephan, líder provisional de la comitiva. Aguardó para escuchar algún mensaje, sólo recibió el pitido del GPS que no dejaba de internarse en aquella negrura.
~ Activen las cámaras de Acción... - dijo por último. - Que dios y la reina las acompañen...
Se miraron y se lanzaron a las sombras.

~ VII ~

Al día siguiente, Darjeeling aguardó en vano el informe diario de Alvorn, aguardó e hizo buscar a sus espías lo mas discretamente que pudo, pero sin llamar la atención hasta que, por medio de las Alvorn Aureum, siguientes miembros de élite se enteró de algo que casi la hizo darse de golpes con la pared hasta destrozarse la cabeza.
Escuchó, seguidamente las replicas de Orange Peacok que la increpaba por la insistencia en infiltrar a Oarai.
Y era que tres chicas de Alvorn habían atacado la noche anterior a varias de las estudiantes miembros del Panzerfähren, las habían secuestrado y torturado las chicas estaban en urgencias médicas y el completo equipo Alvorn Argentum así como un bote salvavidas habían desaparecido de Oarai.
Darjeeling se frotó las sienes, punzadas palpitantes de dolor la asaltaron, sabía que Oarai sería algo que jamás había enfrentado, pero no esperaba que sus mejores espías hubiesen enloquecido en aquellos terminos para obtener información, pensó por un momento cortar las inspecciones y volver a Saint Gloriana y no volver a tener relación extraescolar con Oarai, pero se detuvo en seco al ver que aquello era simple vergüenza...
No deseaba ver a ninguna chica de Oarai porque ardía en vergüenza, aquello era imperdonable... Insoportable...
~ Quiero hablar con Anzu Kadotani...
~ No... A partir de ahora yo estaré a cargo de la diplomacia junto con Assam... Tú.. - dijo la pequeña mirandola con contenida exhasperación. - volverás a Saint Gloriana y te pondrás a disposición de la junta disciplinaria hasta que volvamos y arreglemos este entuerto...

~ VIII ~

Y aquello fue todo, el regreso a Saint Gloriana se hizo de prisa y en aquella mañana fría y nublada, Darjeeling se sintió derrotada, al volver, recibió una fuerte reprimenda en donde puntualizaron que tratarían de zanjar aquél asunto y que si conservaba su puesto como presidenta era por su carisma y habilidad tanto verbal como para las maniobras, que debería andar por la derecha y con mucha rectitud, y que tan pronto fuese posible sería degradada a simple asistente del consejo.
Escuchó, sin réplica alguna cómo sus superiores le iban contando cómo planeaban dejarla en el más grosero y total olvido.
~ Gracias... - Murmuró. Desaparecer en el olvido, no sonaba mal.
~ Epílogo ~

Darjeeling habíase encerrado en sus habitaciones donde, asistida únicamente por la mas cercana de sus doncellas, pasó días de encierro, a solas, en las sombras, aguardaba por el dulce olvido que le habían prometido, pasaba largas tardes sumida en poesia clasica y aventuras artúricas, vistiendo pijamas, cubriendose con batas y volviendose más y más introspectiva, hasta que, en su exilio, recibió una noticia que la hizo estremecerse, no sabía si de emoción o de horror, Orange Peacok, a su regreso, habría ido a verla en su encierro voluntario, tras encontrarla adormecida, le contó que encontraron un salvavidas con el escudo del Oarai, y sobre él, desnutrida y en shock, cerca de la muerte, a Anneliesse Myers.

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