~ Fantasmas ~
~ I ~
Kay, la comandante de
la Academia Saunders miraba a sus interlocutoras sonriendo ampliamente, Oarai
había enviado a Isuzu Hana, Takebe Saori y Akiyama Yukari, acompañadas de
Nishizumi Miho a Saunders.
~ Así pues. Ya que
Saint Gloriana ha aceptado nuestra idea de una convivencia fraternal para el
veinticuatro de diciembre, les pido de la manera mas humilde que por favor,
acepten tambien... - Dijo Miho sonriendo.
La carismática lider de
Saunders le devolvió la sonrisa, sonaba bien, hacía meses que no se daba un
Break con Darjeeling, sonaba bien, pasar la helada nochebuena en aquellos
brazos. Sonaba bien, además, siempre hay que reforzar los lazos de fraternidad
con todas las demas naciones, One Nation, Under God...
~ Of Course, lo único
que necesito es la confirmación de Darjeeling del consejo de Saint Gloriana y
con gusto accederé...
El cuarteto de Oarai
torció el gesto sombriamente, Kay, pese a lo bajo de las luces pudo notarlo, un
brillo de sagacidad apareció en sus ojos.
~ Porque las inglesas
están deacuerdo, Really?
~ Lo cierto es... Que
hubo un agrio incidente causado por...
~ ¡¡¡Yukari,
Silencio!!! - Dijo Miho cortando a Yukari que ya habia empezado a contar. - Yo
se lo informaré...
Miho refirió que a
causa de la desconfianza de Darjeeling que intentó infiltrar Oarai se habían
desatado hechos casi tragicos, que habrían culminado con un accidente donde
Tres chicas de Saint Gloriana resultaron muertas y dos heridas y por el lado de
Oarai cinco chicas con heridas de gravedad.
Kay se quedó pensando,
podría pedirles información a las japonesas, pero no podía imaginar que la
palabra "Imprudencia" encajara con la siempre recta y noble
Darjeeling.
~ Well, denme unos días
para pasar la propuesta, ademas me agradaría ver el programa de lo que esperan
para tan ansiado dia... A propos, tell me, Where's Anji? - Preguntó.
~ Nuestra presidenta...
Kadotani Anzu... - murmuró Miho. - fue una de las chicas que resultó herida
aquella noche terrible...
~ My god... - murmuró
Kay palideciendo.
~ Pero, estará bien...
Ya se está reponiendo...
~ Are you Sure?
~ Daijoubu desu ka... -
respondió Miho tratando de tranqulizarla.
~ II ~
Kay solicitó una
entrevista inmediata con Darjeeling por video conferencia que Orange y Assam la
atendieron.
~ Darjeelin no puede
atender, está en cama con fiebre e influenza...
~ Very good, voy a
visitarla...
~ El cuadro es bastante
severo.
~ Mayor razón para
visitarla mientras aun viva... - bromeó la comandante de Saunders.
Los gestos serios de
Orange y Assam le dijeron mudamente que aquello había ido fuera de lugar.
~ Disculpen ustedes,
pero en serio deseo verla, mas ahora que dicen que está enferma... Solo cruzar
unas palabras... Pero si en verdad no puede, comprendo, hasta mejor momento y
nuevamente, disculpen mi ácido humor.
~
III ~
Darjeeling se había
abandonado a los excesos encerrada en su habitación, no podía perdonarse haber
cometido semejante error.
Sólo deseaba perderse,
dormitaba sentada en un sillón en medio de la obscuridad reflexionando al calor
de un narguilé opiaceo, cerró los ojos y dejó que el humo saliera de sí, y al
volver a abrirlos... No creyó lo que veía, Kay, la comandante de Saunders
sonreía ante ella con tristeza.
~ Vaya, con razón no
desean exponerte...
~ ¿Tú? - cuestionó
Darjeeling con los enrojecidos ojos desorbitados.
~ Yo... - afirmó
acercándose a la inglesa y, dirigiendose con suavidad cuestionó. - ¿Qué
ocurrió, my Darling?
A la mente de la
inglesa vinieron los recuerdos de año y medio atrás, cuando las norteamericanas
visitaron Saint Gloriana, fue Kay su compañera asignada, ella debía guiarla por
la nave y mostrarle las actividades de su academia y a cambio, las
norteamericanas alojarían a otro comité con la intención de estrechar lazos
entre Saunders y Saint Gloriana..
Recordó que Kay hizo un
chiste interesante la primera vez que comieron juntas.
~ Vaya manera de servir
Hamburguers tienen aquí...
~ Es porque es un
filete Hamburgo, no una Hamburguer... - dijo con educación.
Kay rió de buena gana,
Darjeeling sonrió, no hizo falta más, a partir de entonces, su amistad fue
creciendo.
Durante todo un mes
convivieron pacifica y armónicamente, a la inglesa le agradaba la espontaneidad
de la estadounidense, y a ésta le agradaban de sobremanera los modales rectos
de la inglesa, hasta que, unos días antes de partir, Kay se decidió a robarle
un beso. Darjeeling habia imaginado que algo así podía ocurrir y no se alteró
al respecto, pero gentilmente rechazó a la comandante de Saunders, así y todo,
eso no impidió que todas las noches a partir de entonces se arrebujaran bajo
las mismas sabanas y se entregaran a simples jugueteos que por fin
desencadenarían en una feroz y apasionada entrega.
Despues, en la lejanía
seguían guardando el recuerdo de aquellos dias dorados, hasta ahora.
~ ¿Cómo entraste aquí?
~ Through the door... Vine
en helicoptero... ¿Se te olvida que puedo venir cuando quiera? Me enteré de que
te habías equivocado... Y esa no es my english lady...
Darjeeling trató de
recomponerse y contó su experiencia en Oarai, una larga explicación que
desembocó en un fruncimiento de cejas marcado en Kay.
~ No debería hablar mal
de ellas, pero la verdad es que perdí varias miembros de inteligencia, miembros
valiosas e irremplazables, solo dos sobrevivieron... Una en shock... La verdad
no creo demasiado en la explicación que la otra nos dio ya que fue salvada por
la Oarai...
~ ¿Crees que se pasó de
bando?
~ Creo que en Oarai
ocurren cosas que nos superan... Algo malo ocurre ahí...
~ Investigaré, fueron a
Saunders a pedir lo mismo, una convivencia... Aprovecharé e investigaré un poco.
~ No te recomendaría
hacerlo... Yo lo hice y mira... - murmuró con amargura la inglesa...
Kay la miró y se
aproximó a ella para abrazarla protectoramente.
~
IV ~
Un par de horas
despues, Kay salía de las habitaciones de Darjeeling determinada a saber a como
diera lugar qué se cocinaba en Oarai, su princesa inglesa había estallado en
sus brazos y ahora, lánguida como una ninfa, dormía en el lecho.
Kay recordó mordiendose
el labio con cierto coraje cómo Darjeeling se estremecía en medio de pesadillas
causadas por sus, ahora, rivales.
~ Alice... - llamó por
comunicador cuando hubo abordado en Black Hawk que la llevaría a Saunders.
~ Si, comandante.
~ Clave Delta,
Uniforme, Charlie, Kilo...
Alice abrió los ojos,
era la clave para llamar al equipo de infiltración hostíl.
Kay aterrizó en
Saunders al mediodia, en la sala de estrategias estaban, en orden, las doce
integrantes del equipo, Kathleen Mitchell, Andrea Kirk, Amanda Stevens y Sally
Sawyers serían las que operarían la base-bote Heracles, Danielle Manners
comandaría las operaciones desde el bote, Hanna Phoenix, Lider de grupo,
experta en explosivos, cerraduras y sistemas de seguridad. Marissa McOwen, Rose
Wallstein y Aurora Wilson, primera linea de avance conformaban el grupo Arrow,
Amy Carter era la lider del equipo Bow, Alexandra Hall, Margueritte Ellis,
Christy Winsloe serían las ocho que entrarían a Oarai.
Las ocho integrantes se
formaron ante Danielle y Kay para recibir instrucciones.
~ Ustedes. - comenzó
Kay. - son la élite de escuadrones de infiltración y artilleria, profesionales,
expertas en inteligencia, mecánica, tecnología y armamento, por tanto esperamos
que obtengan respuestas de manera velada, pero, si la operación se ve
comprometida o ustedes llegasen a considerarlo, estan autorizadas para proceder
con fuerza letál, cada grupo, tanto Arrow como Bow e incluso en Heracles habrá
tres portafolios con antígenos en caso de necesitarlos, no lo olviden, fueron
entrenadas para combatir el terrorismo mundial, sirven a un propósito y a la
nación mas grande e iluminada por la luz de Dios, no duden, si dudan, la gente
muere... - e hizo el saludo marcial.
Las B.U.G.S. le
devolvieron el saludo, se les veía determinadas, al frente, Hanna, de larga
melena negra y ojos verdes y Amy, de apariencia dócil y de cortos cabellos
castaños de ojos grises pensaban en la armeria.
~
V ~
En el hospital del
Saint Gloriana atendían a la segunda superviviente del equipo Alvorn Argentum,
Anneliesse Myers, demacrada y pálida, con ojeras terribles que hacían pensar en
cadáveres, se debatía en una pesadilla, la mascarilla de oxigeno de empañaba y
aclaraba ritmicamente con la estertórea y agónica respiración de la agente.
Soñaba con horrores que
se arrastraban en las tinieblas, de pestilencias ambulantes que se retorcían en
extrañas convulsiones dando origen a extrañas y blasfemas danzas, soñaba con
terrorificos cloqueos, con el sonido de la carne al ser desgarrada de los
huesos, soñaba con el jardín del Edén y las cosas que lo infestaban.
Despertó con un alarido
de las nebulosas costas de la pesadilla, abrió los ojos y miró a su alrededor,
estaba en una habitación blanca de hospital, estaba cansada y confundida, sabía
que había visto cosas terribles, pero su mente no le dejaba ver la totalidad de
horrores.
Le dolía el cuerpo,
jadeó quitandose la mascarilla, tenía la boca seca.
Una enfermera la
encontró sentada al borde de la cama con mirada inexpresiva, los ojos abiertos
y ojerosos tenían un matíz demente horrible, la chica diría que lo único que
dijo fue que quería agua, pluma y papél.
La examinó un médico
que la encontró respuesta aunque deshidratada y famélica, además de asegurar
que necesitaba con urgencia redactar el informe de sus actividades en Oarai, al
parecer le urgía confesarse con alguien.
Redactó linea tras
linea hasta que por fin terminó de vaciar sus recuerdos en el papel, para
cuando terminó de redactar su informe eran las diez de la noche, estaba sola y
el hospital estaba en absoluto silencio.
Anneliesse se frotó las
sienes intentando serenar su turbulenta mente, pese a haber dejado la pluma
volar, hubo cosas que no contó, increibles, si, aquellas criaturas eran seres
abominables que clamaban ser exterminados, pero no contó lo de las bolsas,
sacos iridiscentes donde resplandecían blancas esferas de apariencia a perlas.
~ ¿Eran Huevos? -
preguntó al silencio.
No contó tampoco que
tras salir del corredor con su equipo decidió incendiar el Edén, en su locura e
ira inició un fuego que destruyó parte del Edén.
Palideció, no había
recordado eso, no recordaba que esa fue causa de que a las cinco las llevaran
cautivas a las entrañas del Jardín...
~ Por dios... No... -
jadeó al recordar aterrada cómo las bestias inmundas aquellas la sometían.
Recordó que Miho la
mordió, luego las sombras y ahora esta habitación blanca.
Sintió vértigo, trató
de serenarse y al abrir los ojos no creyó lo que veía, parada, ante la puerta a
su habitación estaba Ángela Martensen sonriendole ampliamente, Anneliesse se
sintió caer en un abismo tenebroso al notar lo largos y afilados dientes que
llenaban aquella sonrisa hambrienta.
~ Hola, comandante
Myers...
~ Ángela, ¿Cómo... ?
~ ¿Sobreviví? No lo
hice. Pero perdemos tiempo hablando cuando podríamos estar disfrutando de
conexiones obscuras y desconocidas... Preparese comandante.
~ Ángela... Lamento
haberlas dejado...
~ No lo lamente... -
dijo adelantandose, tomó las notas del informe y las hojeó, al final las dobló
y las guardó en su saco.
Anneliesse observaba
aquello, estaba muy débil aún y el esfuerzo mental que supuso la redacción del
informe le estaba pasando factura a su débil constitución.
~ ¿Lista? - preguntó
Ángela con un hilo descompuesto de voz ahogada por la emoción.
Anneliesse se arrancó
el catéter del suero y se armó con la aguja.
Aquél gesto era
meramente simbólico, en el pasillo tenebroso resonó el estallido de la botella
de suero, los gruñidos de Anneliesse tratando de dominar a Ángela, los bufidos
animalescos de ésta tratando de alcanzarle el cuello.
Anneliesse apretó los
dientes cuando los colmillos de Ángela se clavaron en su cuello, trató de
forcejear, de soltarse de aquél abrazo salvaje.
Las mandibulas de
Ángela se relajaron sólo lo suficiente para acomodarse mejor en el cuello de
Anneliesse, luego se cerraron con furia asesina.
Anneliesse sintió como
si le inyectasen gasolina ardiendo en el cuello, manoteaba incontrolablemente
tratando de zafarse, pero cada vez los brazos languidecían más, cada vez los
golpes eran mas suaves.
Un crujido estalló y
Anneliesse abrió los ojos desorbitadamente, escuchaba los gorgoreos que se le
escapaban, oía como Ángela succionaba su sangre, ¡Su sangre!
~ Dios mío... Me está
matando... - pensó antes de que el dolor eliminara toda su razón.
Ángela apretaba las
mandibulas a la vez que sujetaba a Anneliesse de las muñecas con evidente
dominio, la chica boqueaba apagadamente, la vista se le nubló y en un último
instante de vida vio todo, cuando las capturaron las introdujeron en el jardín,
las golpearon y sometieron, las desnudaron y durante horas se dedicaron a
violarlas, aquellos seres parte insecto y parte reptil estaban armadas con
largos aguijones que mas bien parecían y usaban como falos reproductores,
recordó que todas pasaron por ella, todas se alimentaron de ella, estuvo dias
atrapada en aquella cueva, dias terribles y, que ahora, a las puertas de la
muerte le iban pareciendo mas y mas dulces.
Sabía que regresaría a
Oarai y que volvería a los brazos de las muchas, recordó ser ella misma quien
suplicó unirse a aquella feligresía, durante su cautiverio se convirtió en
devota de Neydn y de sus insanas bacanales monstruosas.
Ángela también suplicó
y obtuvieron la gracia, recibieron el beso negro de Miho y de las hermanas,
asegurando así, su retorno.
Ángela soltó las manos
de Anneliesse y la miró, los labios de la morena estaban humedos de sangre
humeante y cálida, las anterior lider de Alvorn yacía tendida bajo ella,
muerta.
Ángela entonces comenzó
un ritual que le llegaba desde la misma mente de Miho, ésta, en la lejanía
sonreía complacida, despues de todo, no podía esperar para estrechar entre sus
amorosos y vacíos brazos la nueva hermana en su familia.
~
VI ~
Maho miraba a traveś de
los vidrios del auto en el que viajaba, afuera, fantasmales bosques de verdor
obscuro y frío pasaban como siluetas improbables.
Había salido de Black
Forest Peak hacia cuatro horas y ahora enfrentaba un viaje de otra hora y media
sólo para llegar a ver a su querida Miho en la lejana villa de Oku, Al norte de
Japón, .
Cerró los ojos y
dormitó brevemente, llegaría a las seis menos diez de la mañana a la posada
escondida en la que se vería con Miho, ya quería tener en sus brazos nuevamente
a su Imotou, la última vez que la había visto fue en La Posada Luna Azúl en
Toledo, España, Miho había comprado durante ese escape un libro que a ella le
pareció de lo mas extraño.
Un libro decimonónico y
elegante, encuadernado de cuero con lomos en tela negra, la tipografía le
pareció una antigua mezcolansa de simbolos runicos y letras goticas en negro
así como anotaciones en apretada escritura y dibujos rusticos aunque de
escalofriante ambigüedad.
Miho le contó que dicho
libro había sido hallado por ella y su séquito del Sensha Do en una biblioteca
atendida por un moro y un hindú que practicamente le regalaron dicho libro.
Maho soñó en el asiento
del auto con el libro imposible, Miho le mostró un prodigio terrible y
maravilloso a la vez. Las paginas no obedecían a una numeración fija, las hojas
no seguían ningún orden posible o coherente, a la pagina 14250 le seguía, por
ejemplo la 5649 y la siguiente la 1784 y la subsiguiente la 85 el orden no
importaba, además de que, en apariencia, el libro no tenía principio ni fin.
Pero por mucho que a
Maho le pareciera curioso aquél efecto, no se dejó distraer y se concentró
unicamente en Miho.
~
VII ~
Miho, por su parte, se
encontraba ya en la villa de Oku desde el dia anterior, y había reservado una
habitación con vista al bosque, Anzu le había dado tres maravillosos dias de
permiso que pensaba usar para encerrarse con Maho en la lejana, nevada y casi
desconocida Oku, además de que, tras descubrir el Libro Infinito había
vislumbrado el modo de, al fin, liberar a Maho del yugo fanatico de su madre.
Aquella hermosa posada
poseía unas termas, pese al frío clima, siempre se estaba a una agradable
temperatura en las habitaciones.
Miho conoció ese
hermoso lugar olvidado e ignorado luego de entrar al Oarai, y gracias a Yuzu,
Anzu y Momo que solían quedarse en dichas termas cuando solían fondear en los
helados puertos de Oarai que estaban a una hora de camino atravesando las
espesas nieblas del bosque Yokai, y el nevado Monte Okuyama.
Tortuosas sendas de
Oku... Pero bien valía el esfuerzo, el panorama del Okuyama en la mañana
neblinosa con un sol de ópalo resplandeciendo a penas por sobre el negro bosque
eran una estampa que deseaba que Maho contemplara.
La mayor llegó cuando los
primeros rayos trémulos de un sol tímido y frío comenzaron apenas a
resplandecer en el nublado cielo, a lo lejos, algunos truenos contaban que se
acercaba una tormenta, pero eso no importaba.
Maho estaba Ahí, la vio
bajarse del automóvil, después, éste arrancó alejandose en la verde espesura
del Yokai.
Maho escuadriñó la
fachada y descubrió a su amada Imotou mirandola complacida desde la terraza, no
podía verse mas preciosa, radiante de felicidad con el cuerpo femeninamente
envuelto en un kimono, Maho aspiró aliviada, al fin estaban juntas.
Miho bajó a recibir a
su hermana, debido al inequívoco parecido no hubo discusión para que las dos
chicas pasasen tres idílicos días en la cómoda y cálida habitación.
Maho entró a la cálida
estancia, miró su entorno y todo le pareció irreál, cada simple detalle era tan
tradicional, era como estar en otra Era, una remota y poética Era lejana.
Se miró, su uniforme no
iba nada con aquél espacio tan afable, las condecoraciones en su guerrera
brillaban con dulzura a la gentil luz de unas velas aromáticas dispuestas por
la estancia.
Miho había salido a la
terraza y la miraba invitandola a acercarse, Maho entró y caminó hasta su
Imotou y contempló un paisaje que por un instante eclipsó todo pensamiento en
su mente.
Las dos chicas paseaban
lentamente por la terraza. El sol débil de aquella mañana fría luchaba por
dejarse ver sobre la linea montañosa, pero brillaba con un pálido resplandor
rojizo que no alcanzaba a producir sombras, el aire estaba frío y en calma; una
dulce brisa vino desde el Yokai en la ladera, colina arriba, y con ella, por
intervalos, el suave murmullo de un río oculto en el espeso verdor obscuro del
bosque, el cual correría serpenteando desde las colinas que conformaban tan
hermoso valle.
El sol, fatigado ante
su inútil esfuerzo, comenzó a cobijarse con nubes de tormenta desvaneciendose y
una suave bruma, de un blanco purisimo, comenzó a emerger desde las colinas.
~ Dios... Qué
preciosidad... - pensó Maho conmovida.
Miho estrecho la mano
de Maho con ternura y le sonrió con amor.
La mayor se ruborizó
extasiada, no podía ni quería aguantar mas, estrechó el delicado cuerpo de Miho
y la besó en los labios ante la misma cara de toda la humanidad.
~ Vamos adentro... -
pidió Miho apenada.
Maho aceptó, dada la
atmosfera inviolable, no deseaba desentonar mas, comenzó a desabotonar su
guerrera para darse un baño, quitarse el polvo y el estrés del camino y poder,
entonces sí, disfrutar sus tres dias de licencia.
~
VIII ~
En ese instante, en la
otra punta de la posada, las chicas del comité estudiantil tambien se
relajaban, habían regresado a la ciudad de Oarai y las estudiantes invertían su
tiempo con sus familias o sus actividades de invierno, así que habían optado
por ir a uno de sus lugares favoritos para vacacionar y llevaron también a
Miho, la comandante les había pedido que le dieran licencia ya que en aquella
ocasión deseaba invitar a su hermana, Maho, para mostrarle tan hermoso lugar a
lo cuál accedieron sin rechistar. Aunque no les agradaba la idea de que aquél
recinto se conociera por mas gente de la debida, accedieron mas por culpa que
por amistad hacia Miho, ni hablar, Maho vendría.
Las tres chicas se
sentían mal por ser la causa del tan terrible sino de Miho y se habían
propuesto compensarla con lo que la pequeña les pidiese, aquello era muy fácil,
Miho jamás les había reclamado nada, al contrario, las chicas del consejo
sentían que la chica se abrazaba a ellas con desesperación, las visitaba mucho,
y a menudo convivian en tierra como en aquellas ocasiones cuando Miho no se
veía con Maho.
Además de que jamás
pedía nada, salvo permisos para faltar a clases, pero con los pases que habían
ganado y la prodigiosa habilidad de Miho para memorizar y comprender cantidades
asombrosas de datos en poco tiempo solventaban las faltas que, al fin de
cuentas, no eran tan frecuentes.
~ Nishizumi disfruta
tanto las termas... Pensé que quizás vendría y nos presentaria.
~ ¿A su hermana? -
preguntó Momo. - No sé si me agradaría cruzar palabra con ella, por forzar a
Miho a entrar al Panzerfähren fue que terminaron enfrentandose en la final y
Miho... A causa de ello...
~ Kawashima tiene razón
aunque también es cierto que es extraño, - dijo Anzu. - Miho se va de la
escuela durante días a ver a su hermana y jamás sabemos donde ha estado o qué
han hecho, nuevamente, no es que importe, solo es extraño.
El ambiente se puso un
tanto tenso.
~ Je. En realidad no se
ve con su hermana y tiene un enamorado secreto con el que se ve a nuestras
espaldas...
Todas rieron
animadamente, aquello era tan poco probable que hasta sonaba ridículo,
Nishizumi se habia mostrado siempre recatada en su vida personal pudiera
realizar algo tan truculento.
¿Verdad?
~
IX ~
Maho abrazaba a Miho
con fuerza, sus corazones aún palpitaban acelerados y acompasados tras haber vivido
una de las mas fogosas e intensas sesiones de amor en toda su relación.
~ Sí que te extrañé...
- jadeó Maho al oído de Miho. - No podía concentrarme en nada que no fueras tú,
no había nada que no me hablara de tí, cómo te he extrañado, Miho... Mi amor...
- y la besó en los labios, Miho, avergonzada y espoleada por las palabras de
Maho la apretó contra sí con desesperación.
Ninguna había notado
que afuera llovía con furia, un trueno retumbó in crecendo, pero estaba bien,
adentro, a la luz de las velas, bajo las cálidas sabanas de un futón, las dos
compartían el calor de sus cuerpos.
El sonido de sus
agitadas respiraciones y sus jadeos contenidos inundaban el ambiente, Miho
deseaba que aquél paraíso jamás terminase.
Tantas caricias y besos
llevaron a ambas a enfrascarse nuevamente en un arrobamiento pasional que las
sustrajo del mundo, ninguna recordaba su nombre, tampoco importaba, solo
importaba la otra, los timidos jadeos contenidos ascendieron en sonido como el
trueno hasta volverse gemidos salvajes de placer.
La tempestad afuera
causó un apagón en la posada, y la que
atronaba en el interior de la suite encendía los rostros del trío de chicas del
consejo de Oarai.
Debido al apagón, Anzu
se había preocupado por Miho y había decidido darle un vistazo, solo para saber
si estaba todo en orden.
No obstante, Miho había
sido sincera, sí estaba con su hermana, todas conocieron a la chica que
arremetía con una pasión rayando en la furia a Miho como la comandante de
tacticas de Black Forest Peak, Nishizumi Maho, Yuzu se ruborizó hasta lo blanco
de los ojos, Momo dejó escapar un suspiro de excitación, bajo y entrecortado,
Anzu tragó saliva mientras observaba.
Sólo una abertura
pequeña en la puerta, lo suficiente para mirar tan excitante y brutál
espectaculo, Maho era una amante bestial, feroz y apasionada, si no fuera por
los gemidos inequívocos de placer de la pequeña, hasta parecería una salvaje
violación.
El cuerpo delicado de
Miho era un simple titere deshilado en los brazos de Maho, se sacudía y
temblaba al ritmo del cuerpo de la mayor con una soltura y languidez tales que
parecía un cadaver siendo destrozado por un famélico carroñero.
~ Miho...!!! Oh, Mein
göt, Miho!!! - Gimió entrecortada Maho.
~ Onee... Maho sama!!!
I... Iku...!!! - Gimió la pequeña al ser victima de las garras feroces de un
orgasmo brutál.
Las uñas de Miho se
clavaron en la espalda brillante de sudor de la mayor, las manos bajaron
trazando diez rayones rojos, Maho serpenteó su cuerpo con lascivia al sentir
las uñas corriendo en su espalda, abriendo surcos, arañazos que trazaban
caminos de sangre.
Maho alzó la cabeza
como el naufrago que lucha por mantenerse sobre la mar embravecida, las chicas
del consejo estaban a espaldas de la apasionada pareja, solo notaron cómo las
espaldas de Maho se tensaron y sus caderas ahora golpeaban al frente con
cadencia y firmeza, sintoma inequivoco del orgasmo, un largo gemido agudo,
ahogado y entrecortado inundó el ambiente, Miho contenía el aliento abrazando
las caderas de su hermana con las piernas.
De pronto, Maho se
derrumbó con brusquedad sobre la pequeña, Miho dejó escapar un quejido al
sentir todo el peso de Maho caer sobre sí, aflojó sus piernas y abrazó a la
mayor, ésta jadeaba boqueando cada vez mas fuerte.
La respiración de Maho
fue acelerandose hasta que, incapáz de respirar abrazada de Miho se ladeó y
quedó bocarriba, los pechos de ambas subían y bajaban cadenciosamente con
ritmos dispares, Miho, al contrario de Maho, se iba serenando, jadeaba con los
labios entreabiertos mientras Maho al parecer se derretiría en sudor.
Anzu tomó de los
antebrazos a sus amigas y comenzó a tirar de ellas para alejarlas. Ya habían
visto suficiente.

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