domingo, 12 de abril de 2015

Fantasmas

 ~ Fantasmas ~



~ I ~

Kay, la comandante de la Academia Saunders miraba a sus interlocutoras sonriendo ampliamente, Oarai había enviado a Isuzu Hana, Takebe Saori y Akiyama Yukari, acompañadas de Nishizumi Miho a Saunders.
~ Así pues. Ya que Saint Gloriana ha aceptado nuestra idea de una convivencia fraternal para el veinticuatro de diciembre, les pido de la manera mas humilde que por favor, acepten tambien... - Dijo Miho sonriendo.
La carismática lider de Saunders le devolvió la sonrisa, sonaba bien, hacía meses que no se daba un Break con Darjeeling, sonaba bien, pasar la helada nochebuena en aquellos brazos. Sonaba bien, además, siempre hay que reforzar los lazos de fraternidad con todas las demas naciones, One Nation, Under God...
~ Of Course, lo único que necesito es la confirmación de Darjeeling del consejo de Saint Gloriana y con gusto accederé...
El cuarteto de Oarai torció el gesto sombriamente, Kay, pese a lo bajo de las luces pudo notarlo, un brillo de sagacidad apareció en sus ojos.
~ Porque las inglesas están deacuerdo, Really?
~ Lo cierto es... Que hubo un agrio incidente causado por...
~ ¡¡¡Yukari, Silencio!!! - Dijo Miho cortando a Yukari que ya habia empezado a contar. - Yo se lo informaré...
Miho refirió que a causa de la desconfianza de Darjeeling que intentó infiltrar Oarai se habían desatado hechos casi tragicos, que habrían culminado con un accidente donde Tres chicas de Saint Gloriana resultaron muertas y dos heridas y por el lado de Oarai cinco chicas con heridas de gravedad.
Kay se quedó pensando, podría pedirles información a las japonesas, pero no podía imaginar que la palabra "Imprudencia" encajara con la siempre recta y noble Darjeeling.
~ Well, denme unos días para pasar la propuesta, ademas me agradaría ver el programa de lo que esperan para tan ansiado dia... A propos, tell me, Where's Anji? - Preguntó.
~ Nuestra presidenta... Kadotani Anzu... - murmuró Miho. - fue una de las chicas que resultó herida aquella noche terrible...
~ My god... - murmuró Kay palideciendo.
~ Pero, estará bien... Ya se está reponiendo...
~ Are you Sure?
~ Daijoubu desu ka... - respondió Miho tratando de tranqulizarla.

~ II ~

Kay solicitó una entrevista inmediata con Darjeeling por video conferencia que Orange y Assam la atendieron.
~ Darjeelin no puede atender, está en cama con fiebre e influenza...
~ Very good, voy a visitarla...
~ El cuadro es bastante severo.
~ Mayor razón para visitarla mientras aun viva... - bromeó la comandante de Saunders.
Los gestos serios de Orange y Assam le dijeron mudamente que aquello había ido fuera de lugar.
~ Disculpen ustedes, pero en serio deseo verla, mas ahora que dicen que está enferma... Solo cruzar unas palabras... Pero si en verdad no puede, comprendo, hasta mejor momento y nuevamente, disculpen mi ácido humor.

~ III ~

Darjeeling se había abandonado a los excesos encerrada en su habitación, no podía perdonarse haber cometido semejante error.
Sólo deseaba perderse, dormitaba sentada en un sillón en medio de la obscuridad reflexionando al calor de un narguilé opiaceo, cerró los ojos y dejó que el humo saliera de sí, y al volver a abrirlos... No creyó lo que veía, Kay, la comandante de Saunders sonreía ante ella con tristeza.
~ Vaya, con razón no desean exponerte...
~ ¿Tú? - cuestionó Darjeeling con los enrojecidos ojos desorbitados.
~ Yo... - afirmó acercándose a la inglesa y, dirigiendose con suavidad cuestionó. - ¿Qué ocurrió, my Darling?
A la mente de la inglesa vinieron los recuerdos de año y medio atrás, cuando las norteamericanas visitaron Saint Gloriana, fue Kay su compañera asignada, ella debía guiarla por la nave y mostrarle las actividades de su academia y a cambio, las norteamericanas alojarían a otro comité con la intención de estrechar lazos entre Saunders y Saint Gloriana..
Recordó que Kay hizo un chiste interesante la primera vez que comieron juntas.
~ Vaya manera de servir Hamburguers tienen aquí...
~ Es porque es un filete Hamburgo, no una Hamburguer... - dijo con educación.
Kay rió de buena gana, Darjeeling sonrió, no hizo falta más, a partir de entonces, su amistad fue creciendo.
Durante todo un mes convivieron pacifica y armónicamente, a la inglesa le agradaba la espontaneidad de la estadounidense, y a ésta le agradaban de sobremanera los modales rectos de la inglesa, hasta que, unos días antes de partir, Kay se decidió a robarle un beso. Darjeeling habia imaginado que algo así podía ocurrir y no se alteró al respecto, pero gentilmente rechazó a la comandante de Saunders, así y todo, eso no impidió que todas las noches a partir de entonces se arrebujaran bajo las mismas sabanas y se entregaran a simples jugueteos que por fin desencadenarían en una feroz y apasionada entrega.
Despues, en la lejanía seguían guardando el recuerdo de aquellos dias dorados, hasta ahora.
~ ¿Cómo entraste aquí?
~ Through the door... Vine en helicoptero... ¿Se te olvida que puedo venir cuando quiera? Me enteré de que te habías equivocado... Y esa no es my english lady...
Darjeeling trató de recomponerse y contó su experiencia en Oarai, una larga explicación que desembocó en un fruncimiento de cejas marcado en Kay.
~ No debería hablar mal de ellas, pero la verdad es que perdí varias miembros de inteligencia, miembros valiosas e irremplazables, solo dos sobrevivieron... Una en shock... La verdad no creo demasiado en la explicación que la otra nos dio ya que fue salvada por la Oarai...
~ ¿Crees que se pasó de bando?
~ Creo que en Oarai ocurren cosas que nos superan... Algo malo ocurre ahí...
~ Investigaré, fueron a Saunders a pedir lo mismo, una convivencia... Aprovecharé e investigaré un poco.
~ No te recomendaría hacerlo... Yo lo hice y mira... - murmuró con amargura la inglesa...
Kay la miró y se aproximó a ella para abrazarla protectoramente.

~ IV ~

Un par de horas despues, Kay salía de las habitaciones de Darjeeling determinada a saber a como diera lugar qué se cocinaba en Oarai, su princesa inglesa había estallado en sus brazos y ahora, lánguida como una ninfa, dormía en el lecho.
Kay recordó mordiendose el labio con cierto coraje cómo Darjeeling se estremecía en medio de pesadillas causadas por sus, ahora, rivales.
~ Alice... - llamó por comunicador cuando hubo abordado en Black Hawk que la llevaría a Saunders.
~ Si, comandante.
~ Clave Delta, Uniforme, Charlie, Kilo...
Alice abrió los ojos, era la clave para llamar al equipo de infiltración hostíl.
Kay aterrizó en Saunders al mediodia, en la sala de estrategias estaban, en orden, las doce integrantes del equipo, Kathleen Mitchell, Andrea Kirk, Amanda Stevens y Sally Sawyers serían las que operarían la base-bote Heracles, Danielle Manners comandaría las operaciones desde el bote, Hanna Phoenix, Lider de grupo, experta en explosivos, cerraduras y sistemas de seguridad. Marissa McOwen, Rose Wallstein y Aurora Wilson, primera linea de avance conformaban el grupo Arrow, Amy Carter era la lider del equipo Bow, Alexandra Hall, Margueritte Ellis, Christy Winsloe serían las ocho que entrarían a Oarai.
Las ocho integrantes se formaron ante Danielle y Kay para recibir instrucciones.
~ Ustedes. - comenzó Kay. - son la élite de escuadrones de infiltración y artilleria, profesionales, expertas en inteligencia, mecánica, tecnología y armamento, por tanto esperamos que obtengan respuestas de manera velada, pero, si la operación se ve comprometida o ustedes llegasen a considerarlo, estan autorizadas para proceder con fuerza letál, cada grupo, tanto Arrow como Bow e incluso en Heracles habrá tres portafolios con antígenos en caso de necesitarlos, no lo olviden, fueron entrenadas para combatir el terrorismo mundial, sirven a un propósito y a la nación mas grande e iluminada por la luz de Dios, no duden, si dudan, la gente muere... - e hizo el saludo marcial.
Las B.U.G.S. le devolvieron el saludo, se les veía determinadas, al frente, Hanna, de larga melena negra y ojos verdes y Amy, de apariencia dócil y de cortos cabellos castaños de ojos grises pensaban en la armeria.

~ V ~

En el hospital del Saint Gloriana atendían a la segunda superviviente del equipo Alvorn Argentum, Anneliesse Myers, demacrada y pálida, con ojeras terribles que hacían pensar en cadáveres, se debatía en una pesadilla, la mascarilla de oxigeno de empañaba y aclaraba ritmicamente con la estertórea y agónica respiración de la agente.
Soñaba con horrores que se arrastraban en las tinieblas, de pestilencias ambulantes que se retorcían en extrañas convulsiones dando origen a extrañas y blasfemas danzas, soñaba con terrorificos cloqueos, con el sonido de la carne al ser desgarrada de los huesos, soñaba con el jardín del Edén y las cosas que lo infestaban.
Despertó con un alarido de las nebulosas costas de la pesadilla, abrió los ojos y miró a su alrededor, estaba en una habitación blanca de hospital, estaba cansada y confundida, sabía que había visto cosas terribles, pero su mente no le dejaba ver la totalidad de horrores.
Le dolía el cuerpo, jadeó quitandose la mascarilla, tenía la boca seca.
Una enfermera la encontró sentada al borde de la cama con mirada inexpresiva, los ojos abiertos y ojerosos tenían un matíz demente horrible, la chica diría que lo único que dijo fue que quería agua, pluma y papél.
La examinó un médico que la encontró respuesta aunque deshidratada y famélica, además de asegurar que necesitaba con urgencia redactar el informe de sus actividades en Oarai, al parecer le urgía confesarse con alguien.
Redactó linea tras linea hasta que por fin terminó de vaciar sus recuerdos en el papel, para cuando terminó de redactar su informe eran las diez de la noche, estaba sola y el hospital estaba en absoluto silencio.
Anneliesse se frotó las sienes intentando serenar su turbulenta mente, pese a haber dejado la pluma volar, hubo cosas que no contó, increibles, si, aquellas criaturas eran seres abominables que clamaban ser exterminados, pero no contó lo de las bolsas, sacos iridiscentes donde resplandecían blancas esferas de apariencia a perlas.
~ ¿Eran Huevos? - preguntó al silencio.
No contó tampoco que tras salir del corredor con su equipo decidió incendiar el Edén, en su locura e ira inició un fuego que destruyó parte del Edén.
Palideció, no había recordado eso, no recordaba que esa fue causa de que a las cinco las llevaran cautivas a las entrañas del Jardín...
~ Por dios... No... - jadeó al recordar aterrada cómo las bestias inmundas aquellas la sometían.
Recordó que Miho la mordió, luego las sombras y ahora esta habitación blanca.
Sintió vértigo, trató de serenarse y al abrir los ojos no creyó lo que veía, parada, ante la puerta a su habitación estaba Ángela Martensen sonriendole ampliamente, Anneliesse se sintió caer en un abismo tenebroso al notar lo largos y afilados dientes que llenaban aquella sonrisa hambrienta.
~ Hola, comandante Myers...
~ Ángela, ¿Cómo... ?
~ ¿Sobreviví? No lo hice. Pero perdemos tiempo hablando cuando podríamos estar disfrutando de conexiones obscuras y desconocidas... Preparese comandante.
~ Ángela... Lamento haberlas dejado...
~ No lo lamente... - dijo adelantandose, tomó las notas del informe y las hojeó, al final las dobló y las guardó en su saco.
Anneliesse observaba aquello, estaba muy débil aún y el esfuerzo mental que supuso la redacción del informe le estaba pasando factura a su débil constitución.
~ ¿Lista? - preguntó Ángela con un hilo descompuesto de voz ahogada por la emoción.
Anneliesse se arrancó el catéter del suero y se armó con la aguja.
Aquél gesto era meramente simbólico, en el pasillo tenebroso resonó el estallido de la botella de suero, los gruñidos de Anneliesse tratando de dominar a Ángela, los bufidos animalescos de ésta tratando de alcanzarle el cuello.
Anneliesse apretó los dientes cuando los colmillos de Ángela se clavaron en su cuello, trató de forcejear, de soltarse de aquél abrazo salvaje.
Las mandibulas de Ángela se relajaron sólo lo suficiente para acomodarse mejor en el cuello de Anneliesse, luego se cerraron con furia asesina.
Anneliesse sintió como si le inyectasen gasolina ardiendo en el cuello, manoteaba incontrolablemente tratando de zafarse, pero cada vez los brazos languidecían más, cada vez los golpes eran mas suaves.
Un crujido estalló y Anneliesse abrió los ojos desorbitadamente, escuchaba los gorgoreos que se le escapaban, oía como Ángela succionaba su sangre, ¡Su sangre!
~ Dios mío... Me está matando... - pensó antes de que el dolor eliminara toda su razón.
Ángela apretaba las mandibulas a la vez que sujetaba a Anneliesse de las muñecas con evidente dominio, la chica boqueaba apagadamente, la vista se le nubló y en un último instante de vida vio todo, cuando las capturaron las introdujeron en el jardín, las golpearon y sometieron, las desnudaron y durante horas se dedicaron a violarlas, aquellos seres parte insecto y parte reptil estaban armadas con largos aguijones que mas bien parecían y usaban como falos reproductores, recordó que todas pasaron por ella, todas se alimentaron de ella, estuvo dias atrapada en aquella cueva, dias terribles y, que ahora, a las puertas de la muerte le iban pareciendo mas y mas dulces.
Sabía que regresaría a Oarai y que volvería a los brazos de las muchas, recordó ser ella misma quien suplicó unirse a aquella feligresía, durante su cautiverio se convirtió en devota de Neydn y de sus insanas bacanales monstruosas.
Ángela también suplicó y obtuvieron la gracia, recibieron el beso negro de Miho y de las hermanas, asegurando así, su retorno.
Ángela soltó las manos de Anneliesse y la miró, los labios de la morena estaban humedos de sangre humeante y cálida, las anterior lider de Alvorn yacía tendida bajo ella, muerta.
Ángela entonces comenzó un ritual que le llegaba desde la misma mente de Miho, ésta, en la lejanía sonreía complacida, despues de todo, no podía esperar para estrechar entre sus amorosos y vacíos brazos la nueva hermana en su familia.

~ VI ~

Maho miraba a traveś de los vidrios del auto en el que viajaba, afuera, fantasmales bosques de verdor obscuro y frío pasaban como siluetas improbables.
Había salido de Black Forest Peak hacia cuatro horas y ahora enfrentaba un viaje de otra hora y media sólo para llegar a ver a su querida Miho en la lejana villa de Oku, Al norte de Japón, .
Cerró los ojos y dormitó brevemente, llegaría a las seis menos diez de la mañana a la posada escondida en la que se vería con Miho, ya quería tener en sus brazos nuevamente a su Imotou, la última vez que la había visto fue en La Posada Luna Azúl en Toledo, España, Miho había comprado durante ese escape un libro que a ella le pareció de lo mas extraño.
Un libro decimonónico y elegante, encuadernado de cuero con lomos en tela negra, la tipografía le pareció una antigua mezcolansa de simbolos runicos y letras goticas en negro así como anotaciones en apretada escritura y dibujos rusticos aunque de escalofriante ambigüedad.
Miho le contó que dicho libro había sido hallado por ella y su séquito del Sensha Do en una biblioteca atendida por un moro y un hindú que practicamente le regalaron dicho libro.
Maho soñó en el asiento del auto con el libro imposible, Miho le mostró un prodigio terrible y maravilloso a la vez. Las paginas no obedecían a una numeración fija, las hojas no seguían ningún orden posible o coherente, a la pagina 14250 le seguía, por ejemplo la 5649 y la siguiente la 1784 y la subsiguiente la 85 el orden no importaba, además de que, en apariencia, el libro no tenía principio ni fin.
Pero por mucho que a Maho le pareciera curioso aquél efecto, no se dejó distraer y se concentró unicamente en Miho.

~ VII ~

Miho, por su parte, se encontraba ya en la villa de Oku desde el dia anterior, y había reservado una habitación con vista al bosque, Anzu le había dado tres maravillosos dias de permiso que pensaba usar para encerrarse con Maho en la lejana, nevada y casi desconocida Oku, además de que, tras descubrir el Libro Infinito había vislumbrado el modo de, al fin, liberar a Maho del yugo fanatico de su madre.
Aquella hermosa posada poseía unas termas, pese al frío clima, siempre se estaba a una agradable temperatura en las habitaciones.
Miho conoció ese hermoso lugar olvidado e ignorado luego de entrar al Oarai, y gracias a Yuzu, Anzu y Momo que solían quedarse en dichas termas cuando solían fondear en los helados puertos de Oarai que estaban a una hora de camino atravesando las espesas nieblas del bosque Yokai, y el nevado Monte Okuyama.
Tortuosas sendas de Oku... Pero bien valía el esfuerzo, el panorama del Okuyama en la mañana neblinosa con un sol de ópalo resplandeciendo a penas por sobre el negro bosque eran una estampa que deseaba que Maho contemplara.
La mayor llegó cuando los primeros rayos trémulos de un sol tímido y frío comenzaron apenas a resplandecer en el nublado cielo, a lo lejos, algunos truenos contaban que se acercaba una tormenta, pero eso no importaba.
Maho estaba Ahí, la vio bajarse del automóvil, después, éste arrancó alejandose en la verde espesura del Yokai.
Maho escuadriñó la fachada y descubrió a su amada Imotou mirandola complacida desde la terraza, no podía verse mas preciosa, radiante de felicidad con el cuerpo femeninamente envuelto en un kimono, Maho aspiró aliviada, al fin estaban juntas.
Miho bajó a recibir a su hermana, debido al inequívoco parecido no hubo discusión para que las dos chicas pasasen tres idílicos días en la cómoda y cálida habitación.
Maho entró a la cálida estancia, miró su entorno y todo le pareció irreál, cada simple detalle era tan tradicional, era como estar en otra Era, una remota y poética Era lejana.
Se miró, su uniforme no iba nada con aquél espacio tan afable, las condecoraciones en su guerrera brillaban con dulzura a la gentil luz de unas velas aromáticas dispuestas por la estancia.
Miho había salido a la terraza y la miraba invitandola a acercarse, Maho entró y caminó hasta su Imotou y contempló un paisaje que por un instante eclipsó todo pensamiento en su mente.
Las dos chicas paseaban lentamente por la terraza. El sol débil de aquella mañana fría luchaba por dejarse ver sobre la linea montañosa, pero brillaba con un pálido resplandor rojizo que no alcanzaba a producir sombras, el aire estaba frío y en calma; una dulce brisa vino desde el Yokai en la ladera, colina arriba, y con ella, por intervalos, el suave murmullo de un río oculto en el espeso verdor obscuro del bosque, el cual correría serpenteando desde las colinas que conformaban tan hermoso valle.
El sol, fatigado ante su inútil esfuerzo, comenzó a cobijarse con nubes de tormenta desvaneciendose y una suave bruma, de un blanco purisimo, comenzó a emerger desde las colinas.
~ Dios... Qué preciosidad... - pensó Maho conmovida.
Miho estrecho la mano de Maho con ternura y le sonrió con amor.
La mayor se ruborizó extasiada, no podía ni quería aguantar mas, estrechó el delicado cuerpo de Miho y la besó en los labios ante la misma cara de toda la humanidad.
~ Vamos adentro... - pidió Miho apenada.
Maho aceptó, dada la atmosfera inviolable, no deseaba desentonar mas, comenzó a desabotonar su guerrera para darse un baño, quitarse el polvo y el estrés del camino y poder, entonces sí, disfrutar sus tres dias de licencia.

~ VIII ~

En ese instante, en la otra punta de la posada, las chicas del comité estudiantil tambien se relajaban, habían regresado a la ciudad de Oarai y las estudiantes invertían su tiempo con sus familias o sus actividades de invierno, así que habían optado por ir a uno de sus lugares favoritos para vacacionar y llevaron también a Miho, la comandante les había pedido que le dieran licencia ya que en aquella ocasión deseaba invitar a su hermana, Maho, para mostrarle tan hermoso lugar a lo cuál accedieron sin rechistar. Aunque no les agradaba la idea de que aquél recinto se conociera por mas gente de la debida, accedieron mas por culpa que por amistad hacia Miho, ni hablar, Maho vendría.
Las tres chicas se sentían mal por ser la causa del tan terrible sino de Miho y se habían propuesto compensarla con lo que la pequeña les pidiese, aquello era muy fácil, Miho jamás les había reclamado nada, al contrario, las chicas del consejo sentían que la chica se abrazaba a ellas con desesperación, las visitaba mucho, y a menudo convivian en tierra como en aquellas ocasiones cuando Miho no se veía con Maho.
Además de que jamás pedía nada, salvo permisos para faltar a clases, pero con los pases que habían ganado y la prodigiosa habilidad de Miho para memorizar y comprender cantidades asombrosas de datos en poco tiempo solventaban las faltas que, al fin de cuentas, no eran tan frecuentes.
~ Nishizumi disfruta tanto las termas... Pensé que quizás vendría y nos presentaria.
~ ¿A su hermana? - preguntó Momo. - No sé si me agradaría cruzar palabra con ella, por forzar a Miho a entrar al Panzerfähren fue que terminaron enfrentandose en la final y Miho... A causa de ello...
~ Kawashima tiene razón aunque también es cierto que es extraño, - dijo Anzu. - Miho se va de la escuela durante días a ver a su hermana y jamás sabemos donde ha estado o qué han hecho, nuevamente, no es que importe, solo es extraño.
El ambiente se puso un tanto tenso.
~ Je. En realidad no se ve con su hermana y tiene un enamorado secreto con el que se ve a nuestras espaldas...
Todas rieron animadamente, aquello era tan poco probable que hasta sonaba ridículo, Nishizumi se habia mostrado siempre recatada en su vida personal pudiera realizar algo tan truculento.
¿Verdad?

~ IX ~

Maho abrazaba a Miho con fuerza, sus corazones aún palpitaban acelerados y acompasados tras haber vivido una de las mas fogosas e intensas sesiones de amor en toda su relación.
~ Sí que te extrañé... - jadeó Maho al oído de Miho. - No podía concentrarme en nada que no fueras tú, no había nada que no me hablara de tí, cómo te he extrañado, Miho... Mi amor... - y la besó en los labios, Miho, avergonzada y espoleada por las palabras de Maho la apretó contra sí con desesperación.
Ninguna había notado que afuera llovía con furia, un trueno retumbó in crecendo, pero estaba bien, adentro, a la luz de las velas, bajo las cálidas sabanas de un futón, las dos compartían el calor de sus cuerpos.
El sonido de sus agitadas respiraciones y sus jadeos contenidos inundaban el ambiente, Miho deseaba que aquél paraíso jamás terminase.
Tantas caricias y besos llevaron a ambas a enfrascarse nuevamente en un arrobamiento pasional que las sustrajo del mundo, ninguna recordaba su nombre, tampoco importaba, solo importaba la otra, los timidos jadeos contenidos ascendieron en sonido como el trueno hasta volverse gemidos salvajes de placer.
La tempestad afuera causó un  apagón en la posada, y la que atronaba en el interior de la suite encendía los rostros del trío de chicas del consejo de Oarai.
Debido al apagón, Anzu se había preocupado por Miho y había decidido darle un vistazo, solo para saber si estaba todo en orden.
No obstante, Miho había sido sincera, sí estaba con su hermana, todas conocieron a la chica que arremetía con una pasión rayando en la furia a Miho como la comandante de tacticas de Black Forest Peak, Nishizumi Maho, Yuzu se ruborizó hasta lo blanco de los ojos, Momo dejó escapar un suspiro de excitación, bajo y entrecortado, Anzu tragó saliva mientras observaba.
Sólo una abertura pequeña en la puerta, lo suficiente para mirar tan excitante y brutál espectaculo, Maho era una amante bestial, feroz y apasionada, si no fuera por los gemidos inequívocos de placer de la pequeña, hasta parecería una salvaje violación.
El cuerpo delicado de Miho era un simple titere deshilado en los brazos de Maho, se sacudía y temblaba al ritmo del cuerpo de la mayor con una soltura y languidez tales que parecía un cadaver siendo destrozado por un famélico carroñero.
~ Miho...!!! Oh, Mein göt, Miho!!! - Gimió entrecortada Maho.
~ Onee... Maho sama!!! I... Iku...!!! - Gimió la pequeña al ser victima de las garras feroces de un orgasmo brutál.
Las uñas de Miho se clavaron en la espalda brillante de sudor de la mayor, las manos bajaron trazando diez rayones rojos, Maho serpenteó su cuerpo con lascivia al sentir las uñas corriendo en su espalda, abriendo surcos, arañazos que trazaban caminos de sangre.
Maho alzó la cabeza como el naufrago que lucha por mantenerse sobre la mar embravecida, las chicas del consejo estaban a espaldas de la apasionada pareja, solo notaron cómo las espaldas de Maho se tensaron y sus caderas ahora golpeaban al frente con cadencia y firmeza, sintoma inequivoco del orgasmo, un largo gemido agudo, ahogado y entrecortado inundó el ambiente, Miho contenía el aliento abrazando las caderas de su hermana con las piernas.
De pronto, Maho se derrumbó con brusquedad sobre la pequeña, Miho dejó escapar un quejido al sentir todo el peso de Maho caer sobre sí, aflojó sus piernas y abrazó a la mayor, ésta jadeaba boqueando cada vez mas fuerte.
La respiración de Maho fue acelerandose hasta que, incapáz de respirar abrazada de Miho se ladeó y quedó bocarriba, los pechos de ambas subían y bajaban cadenciosamente con ritmos dispares, Miho, al contrario de Maho, se iba serenando, jadeaba con los labios entreabiertos mientras Maho al parecer se derretiría  en sudor.

Anzu tomó de los antebrazos a sus amigas y comenzó a tirar de ellas para alejarlas. Ya habían visto suficiente.

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