El Ceremonial.
~ I ~
Darjeeling miraba a través del ventanal de
la sala del consejo de Saint Gloriana. No recordaba que los últimos destellos
de oro del ocaso fueran tan preciosos.
Se ruborizó ligeramente al recordar lo que
había experimentado en la sala inmejorablemente arreglada del Oarai, ardientes
trípodes con inciensos exquisitos cuyos vapores embelesantes flotaban como
nieblas misteriosas en una sala oscurecida por gruesos cortinajes negros. Un
comedor regio rebosante con pastelillos, refrigerios y soberbios tés de exótico
sabor en el que ellas, Darjeeling y Orange Peacok estaban sentadas. ¿Por qué
entonces Darjeeling sentía una inquietud cada vez mas feroz y descontrolada? Su
soberbia etiqueta y frialdad inglesa mantuvieron sus aprehensiones bajo contról,
pero era claro que estaba incómoda.
Anzu, la presidenta del consejo de Oarai la
miraba con astucia, las habian invitado para ofrecer un evento en conjunto,
Oarai y Saint Gloriana celebrarian la navidad, claro que aun restaban algunos
meses para esto.
~ La idea es que las alumnas de ambas
escuelas estrechen lazos y juntas podamos dar un ejemplo de paz y convivencia
en dicha fecha. Pasarla bien juntas y mostrar que pese a ser diferentes,
culturalmente somos cercanas. -Dijo Anzu.
Darjeeling estudió bien su respuesta, un no
precipitado podría resultar, en el mejor de los casos, ofensivo. Bebió un trago
de su té y, tras un instante de meditación se dirigió a las chicas del consejo
de Oarai.
~ No tengo palabras para expresar lo
honradas que nos sentimos por su invitación tan amable, aunque de momento no
podemos comprometernos a cooperar,
nuestras estudiantes quizás no vean con buenos ojos que se les retiene en la
academia un día en el que todas desearían pasarla con sus respectivas familias.
Miho Nishizumi, que hasta entonces habia
permanecido en silencio se dirigió con educación a la inglesa.
~ No cabe duda de que así debe ser... Pero
también debe haber algunas cuya única compañía sea su soledad... -La voz de
Miho resonó enigmática, triste pero dee alguna manera amenazadora. ~ En mi caso
y en el de muchas chicas del Oarai estamos en esa situación, es algo doloroso
que la familia desconozca a una, pero ¿Y las huerfanas? Aquellas que no tienen
nada mas que a sus compañeras... ¿No sería algo hermoso entonces que todas
formasemos una amorosa y unida familia? -Terminó Miho sonriendo dolorosa y
atractivamente.
Darjeeling se ruborizó, Miho se veía
atractivamente desolada, pero aún íntegra, la voz no le había fallado ni su
tono habia dejado de ser bien modulado aquello la atraía como poderoso imán, un
megnetismo extraño comenzó a hacer presa de la rubia que estuvo a punto de
aceptar sin pensar.
Pero, como mensajero ilustre de un poder
superior, un sólo rayo mortecino brilló a través de la oscura estancia haciendo
brillar los largos y brillantes caninos de aquella sonrisa siniestra que ahora,
bajo la luz de las velas se le antojaba mas una mueca de hambre atroz y animal
que una expresión humana.
Darjeeling entonces sintió que un
escalofrío le cosquilleaba la base de la columna escalando hasta su nuca
erizándole los vellos.
~ Nishizumi-san, su petición es noble y
justa, pero debe saber que no podemos sólo decidirlo aquí y ahora, primero...
Debemos asegurar la seguridad de todas las cadetes... - Habló Darjeeling. -
Después debemos someter esta decisión a voto de los consejos al completo de las
escuelas, arreglar detalles antes de comenzar el proyecto.
~ ¿Eso es un no?
~ Es una petición para recibir un consejo
de supervisoras de nuestra academia sólo para asegurarnos de que todo está en
condiciones optimas.
~ Entonces... ¿Recibirían ustedes una
comitiva nuestra en Saint Gloriana?
~ Por supuesto... Saben que son bienvenidas
en Saint Gloriana. - Dijo animada la pequeña Orange Peacok que no había notado
la sonrisa espectrál de Miho.
El rostro marfileño de la mayor adquirió el
matiz ceniciento de la cal al ver las
expresiones terriblemente sádicas de las cuatro chicas de Oarai.
~ Debemos retirarnos, debemos... Formar el
consejo supervisor y llenar los formularios de ingreso... - Dijo Darjeeling
forzando una calma que estaba muy lejos de sentir.
~ Cuando gusten volver serán bienvenidas...
Oarai es su humilde hogar. - Dijo Anzu con amabilidad que a Darjeeling le sonó
a hipocresía.
Ahora, sentadas en la sala cálida y bien
iluminada del consejo de Saint Gloriana sus inquietudes le parecían ridículas,
¿Qué imaginó al ver los dientes albos, delgados y ligeramente alargados de
Nishizumi Miho? La jefa del consejo estudiantil de Saint Gloriana sonrió al
imaginar poder estar frente a Miho nuevamente.
Había ocurrido algo entre ambas, sintió una
conexión con Miho y, paradojicamente también una repulsión extraña,
inexplicable, jamás sus emociones habian estado mas contradictorias.
Por un lado sentía un deseo maternal
inaguantable por la desheredada y caída Miho, un deseo dr confortarla dificil
de explicar... Y por otro lado, al tenerla en frente, unas ganas de huír
desesperadas.
~ Nishizumi... Miho... - Suspiró la rubia.
El corazón de Darjeeling dolía, una lágrima
le corrió por el rostro mientras sonreía extrañada al imaginarse abrazada al
cuerpo de Miho al tiempo que el rubor resaltaba su hermoso rostro.
~ II ~
Esa noche llegó silenciosa y cubierta con
el velo vaporoso y albo de una espesa niebla, las luces de las calles del Saint
Gloriana lucían espectralmente iluminadas, habia silencio por doquier.
Se había anunciado que el clima sería frío,
una noche blanca.
Las noches blancas en Saint Gloriana eran
llamadas de este modo por su color cerúleo, este efecto de niebla
resplandeciente se debía a las luces altas de halógeno que iluminaban la
cubierta del barco.
Pero dicho efecto reducía la visibilidad a
la lejanía haciendo que a los dos metros de distancia fuese imposible
distinguir nada.
Darjeeling pasó uno de sus dedos por la
superficie de cristál de la ventana de su cuarto, el calor de su cuerpo dejaba
rastros de humedad en el vidrio que escurrian como gotas, sudando el calor
ajeno.
La inglesa suspiró, no le sería dificil
imaginar que muchas de las chicas del Saint Gloriana compartirían habitaciones,
en pijamadas ruidosas la mayoría, pero pocas, muy pocas la pasarían insomnes en
ritos lascivos que Darjeeling imaginaba con claridad cada vez mayor.
Lo que iba siendo peor, de anónimas sombras
danzando y enlazandose en la penumbra a su propio cuerpo y el de Nishizumi
Miho.
Jadeó con excitación en medio de su
soledad, fue hacia su Kabinett y rebuscó entre su ropa.
Tras algunos minutos, la inglesa se
admiraba con ardor en un espejo de cuerpo completo. Las prendas de erótico
diseño francés en satén y encajes de rojo eran una de sus debilidades secretas
y, si para alguien hubiese deseado lucir aquel conjunto francés en rojo y negro
era para la oficial de maniobras de Oarai.
Mientras en el exterior la niebla helada
recorría las calles y callejones vacíos del Saint Gloriana, en muchas
residencias y habitaciones de estudiantes, jovencitas de todos los grados
discutían, reían, hablaban de horrores nocturnos y maldiciones siniestras,
otras mas peleaban con almohadas, tomaban el té y paladeaban bocadillos en
mansas tertuluas nocturnas, y algunas mas, las pocas, compartían los tálamos
dulces y cálidos de tímidos himeneos primerizos, las mayores experimentando
muertes sublimes y continuas en los brazos de tímidas kouhais que contemplaban
sus esfuerzos con reverencia, casi con veneración.
Y de todas, sólo en la habitación solitaria
de una se dejaba escuchar el crujir de sabanas al dejarse caer en brazos del
sueño. Los cristales, húmedos y pañosos dejaban entrar una claridad neblinosa
tenue que iluminaba gentilmente el rostro, jadeante, ruborizado y satisfecho de
una chica que acababa de terminar de fantasear que otra, a quien imaginaba
quizá muy lejana, la acariciaba con lujuria, pasión y desesperación.
~
III ~
Las calles solas y frías resplandecían con
las altas, la niebla brillante era un negativo escalofriante de lo que sería
una obscuridad densa y cerrada que cubría todo, como un sudario que ya se iba
ciñendo al lujoso Saint Gloriana.
Cinco figuras corrían como sombras de
fantasmas poseídos por las jardineras, calles y parques con velocidad increíble
y con destreza que rayaba en lo inhumano.
Aquella Noche los demonios bailaron sobre
los tejados de Saint Gloriana.
Muchas chicas escucharon ruidos en la
calle, ecos de botas resonaban en el silencio exterior, a las tres con siete de
la madrugada una lluvia helada se dejó sentir.
Darjeeling, sudorosa y satisfecha dormía
desnuda a medias tapada con las sábanas, la habitación se enfrió haciendo
tiritar a la hermosa hija de Albión.
La rubia abrió los ojos, el lechoso
resplandor blancuzco había dado paso a una noche lluviosa despejada, se levantó
y cubrió su desnudez con una abrigadora bata sueca en lustroso negro. Se acercó
al ventanal para cerrar las cortinas purpúreas pero se detuvo mirando al
frente.
A pesar de la abrigadora y gruesa bata un
gélido escalofrío sacudió su cuerpo,
durante un instante no supo qué hacer o pensar.
Pues afuera, bajo la lluvia helada de
aquella madrugada, estaban paradas varias sombras en pie, mirando hacia su
dormitorio, era imposible que alguna alumna estuviera en aquellas inusuales
circunstancias, pero aun así nada le parecía imposible a la inglesa, aquello
era inquietante, pues Darjeeling podría jurar que eran las siluetas de Miho
Nishizumi y el consejo estudiantil de Oarai.
La chica sacudió la cabeza imaginando algun
efecto debido a la lluvia, a la noche, a la niebla y a sus desbocadas
emociones.
Miró y tres siluetas se habían ido, sólo
quedaba una en pie, con coletas y de estatura pequeña.
-¿Anzu?
La miró con mayor detalle y notó que de los
brazos largos y espectrales colgaba un bulto de inquietante similitud humana.
La silueta esbozó, o bien una sonrisa o una mueca grotesca y amenazadora antes
de echarse a correr arrastrando lo que, Darjeeling notó, era un cadáver
flácido, la cabeza de éste latigueaba sin ton no son mientras era arrastrada
hacia la obscuridad.
Darjeeling quedó impávida, paralizada,
totalmente pálida.

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