Imperio Sanguinis
"Hay
quienes nacen para las delicias del día, nosotros nacimos para la noche
infiníta"
Jim
Morrison
~
I ~
Miho abrió los ojos
segundos después de haber sufrido la descarga suicida, a su lado, la agente
humeaba cocinada en sus jugos por el resplandor puro y albo de la electricidad
estática que servía de sangre a aquél leviatán acuático que las había amenazado
a ellas y a su progenie.
Miho estableció
contacto con sus hermanas telepáticamente lanzando de inmediato la orden de
ejecutar a todas las atacantes, en Oarai y en Heracles. La suerte de las
américanas estaba echada y la muerte había jugado la partida, Kay observó a
través de las action cams como aquéllos seres atacaban encajonando más y más a
sus soldados, tuvo el lujosísimo primer asiento en el destripamiento de las
cadetes, oyó en aquélla calidad escalofriantemente realista los berridos
salvajes y dementes de las B. U. G. S. Al ser evisceradas y comidas, fue cuando
la señál se perdió junto con el video. Un Impulso electromagnético borró de un
plumazo toda la evidencia del caso, Kay sudaba frío cuando la señál retornó y
ante su azorado rostro se vio la altiva faz de ébano de Maluna sosteniendo la
cabeza de una de las cadetes de Sawnders.
Escuchó la típica
cantaleta de siempre, puras bravuconerías, peroratas de malandro, pero
creíbles, las piratas somalíes eran terribles, pero ésas bestias eran mucho
peores, Kay, en su practicidad comenzó de inmediato a evaluár su situación,
bien, algo sabía, Maluna se estaba tirando a los perros por Miho, así que si
quería a la reina debía comenzar a capturar peones antes de que alguien más se
sume a la partida. Capturar e interrogar.
~ Te encontraré, te
hallaré en el sucio agujero de tierra que te ocultes y te secuestraré, te
llevaré lejos... Donde nadie te encuentre más... - murmuró Kay eróticamente con
una voz conmovedoramente seductora pasando el dedo por el monitor donde Maluna
parloteaba sin cesar, los ojos de la norteaméricana, sin embargo, lanzaban
destellos fulgurantes en su azúl volcánico, estaba rabiosa y con sed
indescriptible de venganza sangrienta.
~
II ~
975 D.C. Forlí, Italia.
La rojiza tonalidad del
cielo brillaba ardientemente en las alturas algodonosas de las nubes lejanas
apenas entrevistas a lo lejos.
Las sombras rojizas
auguraban una noche de sangre, los otomanos de Hakkim habían alcanzado las
lindes del rio que surcaba la citté, al sur.
Al norte, los
caballeros templarios bajo el servicio de Robert D' Sablè y los cruzados hijos
de Caín habían establecido su base de operaciones en la abadía de San
Merkuriale, una catedrál templaria en toda regla con simbolismo esotérico
incluído, Merkurio, Hermes, lo oculto.
Robert D' Sablè había
recibido la encomienda de preservar el templo ya que no podía dejarse que se
destapace el secreto cráter infernál que dormitaba bajo los sagrados sillares
del, entonces, altar mayor. Debajo del cuál había una boca del Hades llena de
pesadillas paganas hórridas. Los caballeros archivistas habían sellado aquella
boca ominosa colocando un sello de advertencia en dicha entrada.
Una cruz rojo sangre
envuelta en flamas igneas que se tocaban en sus extremos formando una aureola
circulár dentro de la cuál había un Baphomet. La simbología templaria era rica
y explícita, la cruz, castigo para asesinos, ladrones, herejes y enemigos del
estado, las flamas indicaban que era un alma condenada al fuego eterno, que no
debía ser liberada so pena de liberar un gran mal en la tierra, el pentagrama
inverso señalaba un sitio donde se realizó un solemne juramento, un sitio
sagrado.
Y Robert no quería que
aquél mál quedara libre, sabía que el loco Hakkim destruiría aquél muro solo
por la cruz, si lo hacían...
El sudor perló el
rostro del maestre del Temple mientras, ayudado por la tímida y dulce luz de
una téa, miraba el titánico tamaño de dicho símbolo en las entrañas de los
subterráneos de San Merkuriale, aquél lugar tan lleno de misterio en aquellas
catacumbas llenas de silencio y cráneos de otras eras, de polvo y recuerdos.
~ ¿Estás ahí? -
preguntó al muro resplandeciente de rojo, las marcas resplandecían con
destellos rubíes que le recordaban ríos de sangre...
Inquietantemente obtuvo
una respuesta, en aquél silencio escuchó un leve e improbable rascar de uñas
tras la losa, lejos de aterrarse, el francés sonrió inquietantemente.
~
¤ ~ ¤ ~
Tabbir Al Musshá,
dirigente otomano comía tranquilamente un plato de perdicez italianas fritas en
grasa de pato en una de las ka's forlivesas, los otomanos habían llegado para
acabár la resistencia musulmana y ahora barrían con las huestes cristianas, los
discípulos sarracenos de Nizár Al Muluk el hereje habíanse retirado hasta algún
vacío del desierto. Estaba satisfecho consigo mismo.
El otomano terminó su
cena medio borracho, la ortodoxia de la palabra nunca le había importado gran
cosa, lo suyo era la guerra, la juerga y las mozas...
El guerrero entró en su
tienda y, aún bajo los efectos del alcohól, se estremeció como sacudido por un
frío glacial, en su catre notó dos cosas, una; que la esclava que había elegido
para acompañarle aquella noche estaba muerta, horrible y completamente muerta,
eviscerada y cegada, con varios tajos supurantes de escarlata.
Y dos; una daga, una
daga argentína que podría pasar por plata, pero de una dureza aún mayor que la
del acero. Tabbir sabía lo que aquello significaba, era la daga flameante, el
puñál de la aceptación, el símbolo de los ocultos... Los nizaríes lo habían
marcado para morír, un fidai, quizá más, estabab tras su rastro, el sudor
inundó su frente mientras se recomponía.
~ Perros del infierno
tras mi rastro...
~
III ~
Cuando Kay se encontró
en cubierta del Saint Gloriana lo primero que hizo fue dirigirse hacia donde
Darjeeling estaba recluída, faltaban un par de horas para el amanecer y no
pensaba demorar en aquella empresa, había huído de Sawnders aprisa, a sabiendas
de que se armaría la de San Quintín en Sawnders al ver el video de las
somalíes.
Algo andaba mál en
Saint Gloriana, el silencio era totál, absoluto, lo envolvía todo como una
mortaja, había niebla y eso era raro, Kay sabía que el clima inglés sería claro
aquella noche. Sintió que el vello de la nuca se le erizaba al escuchar un
grito lejano. Luego, unos pies descalzos corriendo entre la niebla, en círculos alrededor de ella, Kay
desenfundó su beretta y decidió apurar el caso, el sonido de sus botas
avanzando a paso velóz hasta pegarse a la pared con la cabeza gacha hasta
alcanzár la pared de un edificio, Kay trató de leér el nombre de la calle.
~ Bachmann St. - leyó,
no estaba lejos de su meta.
Y escuchó entonces unos
jadeos y gemidos agónicos. Kay se odió a sí misma pero no había tiempo que
perder, debía hallár a Darjeeling y huír, si alguien tenía problemas, bueno,
esa era pena de otros y no suya.
Echó a correr con la
beretta y el corazón en la mano atravesando corredores siniestros y solitarios,
ignoró las tétricas pisadas descalsas que correteaban en aquella tiniebla.
Subió al fin por la
alfombrada escalera del dormitorio premiere donde Darjeeling yacía drogada y
ausente.
Abrió la puerta de una
patada tomando entre sus brazos la lánguida figura de la rubia inglesa, Kay
entonces corrió hacia el dique de desembarco donde desenganchó una chalupa de
exploración y se lanzó apresurada a la noche junto a la ex comandante inglesa,
no tuvo ningún encuentro con las guardias de la noche, supuso que aquellos
seres habían invadido Saint Gloriana.
Kay se mordió el labio
ante la perspectiva de que Sawnders pudiese pronto volverse un hervidero de
seres bestiales y ante diluvianos.
~
IV ~
Alissa, la artillera
segunda al mando en Sawnders recibió el nombramiento de lídereza junto con su
primera orden, detener a Kay y llevarla a una corte marcial por dicha
desastroza operación, pero Alissa no estaba dispuesta a entregar a su lidereza,
no aún, ella había visto lo que los engendros devoradores habían hecho, ¿como
fue posible que no se hubiera grabado lo que camaras y microfonos les habían
revelado tanto en la Oarai como la Heracles, y de todo aquello nada, ni una
palabra.
~ Look. Alice... - le
dijo Kay antes de irse en su propia lancha a un puerto o embarcación. - Hay
alguien a quien debo buscar después de eso deberé ir lejos, sé valiente...
Dirige a las chicas con nobleza... Te deseo suerte... - Dijo antes de
marcharse, ahora Alissa sabía a donde había ido Kay primero... Sait Gloriana...
Orange Peacook había
llamado a primera hora de la mañana para cuestionar por qué se habia avistado
una lancha encallada contra el casco, una lancha de Sawnders, Darjeeling había
escapado de su prisión aparente y se hallaba desaparecida. Dos mas dos son
cuatro.
~ Así que lady Kay se
halla indispuesta...
La noticia de la
deshonra de Kay aún no llegaban a oídos ingleses y aquello debía servír de
algo, un poco de tiempo.
~ No solo indispuesta,
se halla prófuga. El comité de defensa hará pública su destitución de un
momento a otro. Si fue ella quien llevo dicha lancha hasta Saint Gloriana no lo
sé, aunque no lo veo imposible, si fue ella quien liberó a lady Darjeeling
tampoco lo sé, aunque debieron estar coludidas ahora deben estar navegando en
un barco de bandera inglesa si dejaron la lancha en su academia.
~ Si su generál fuera
lista ya se habrían colgado ambas... - dijo secamente Orange Peacook antes de
cortar comunicación.
~ Esa mocosa es mas
fría que los malditos tímpanos de hielo de los polos. - Murmuró Alissa.
~
V ~
El inmenso mar y su
oleaje constante despertaron a Darjeeling, Kay maniobraba el bote con la
facilidad de una vida marinera.
~ ¿Kay? - murmuró medio
adormilada.
~ Despertaste, darling.
- dijo Kay animosamente.
~ ¿Kay? - preguntó un
tanto confusa aún. - ¿A dónde me llevas?
~ A un lugar seguro.
En realidad Kay
ignoraba si a dondea se dirigía sería un sitio neutro cuando menos, a
lontananza, negros nubarrones oscurecían mar y cielo, Katlyushka era la última
persona con la que quería lidiar, Anzio había mostrado una fraternál relación
con la Oarai y quería agotar sus recursos antes de recurrir a aliarse a Black
Forest Peak, si es que eso era posible ya.
A lo lejos apareció la
imponente sombra del Pravda, una inmensa mole metálica y sombría que la recibía
con imponensia y poder.
En lo alto, Katlyushka
de las Tempestades miraba con sardónica sonrisa a la barca que se le antojaba
tan insignificante.
La comandante se ajustó
un auricular sincronizado a la barca.
~ Aquí Pravda, Kay, sé
que es usted, entrégue el contról de la nave, preparese a ser abordada.
~ Solicitamos asilo
político, hemos descubierto inquietantes incidentes en torno a un foco común,
no puedo explicarlo por comunicador, necesitamos hablar con la generál en
privado.
Katlyushka meditó, pese
al tono semineutro de la americana pudo adivinar no sin cierta arrogancia que
Kay estaba desvalida, y mucho, aquella situación hubiera sido sublime, casi
orgásmica de no llenarla de inquietud.
~ Habla en plurál,
¿Cuántas la acompañan? - inquirió.
~ Somos dos, ex general
Kay de Sawnders...
~ Y - habló otra voz. -
ex generál de Saint Gloriana... Darjeeling.
Ahora si todo estaba
pies arriba, las liderezas occidentales caídas eran cesadas y ambas querían
hablar de horribles sucesos, un leve temor, sordo y lejano asomó su cabeza a lo
lejos. Había llegado la hora del vampiro.
~ Hablaremos en privado
si eso quieren, en base a eso sopesen la posibilidad de que no pienso
tolerarles la menor burla o información truculenta.
~ Si no tenemos pruebas
si tenemos un horrible esbozo de lo que puede ser una horrenda realidad. -
respondió Kay.
Katlyushka frunció el
ceño, no le gustaba que le ganaran la última palabra pero cuando supo qué
responder Kay había cortado y cerrado.
~ Mas vale que sea algo
bueno... - murmuró al silencio.
~
VI ~
Anneliese gorgeaba.
Ahora que la alborada despuntaba, la ex lidereza de la escuadra Alvorn sonreía
cansinamente satisfecha sosteniendo en sus ensangrentadas zarpas un manojo de
papeles garrapateadas con una caligrafía apresurada, era el esbozo de parte
judiciál que las guardias nocturnas debían reportar al relevebo matutino y de
ahí a los dormitorios del consejo estudiantil donde, un par de horas despues y
al calor de una rica y aromática taza de té, Orange Peacook leería el informe
de la noche en Saint Gloriana, salvo la chalupa norteaméricana, sin incidentes,
Ángela por su lado masticaba la carótida de Harlyn Gillespie, la última de las
guardias nocturnas del ala este, habían abrazado a ocho. Solo Harley había
sobrevivido tanto. Ahora agonizaba.
Ángela quería que la ignominia
y el descrédito recayeran sobre la cadete cuya cacería las había alejado de
Darjeeling enl tiempo suficiente para que Kay llegara y la secuestrara
llevándosela lejos.
~ Esto pudo haber
termonado diferente si sólo np hubieses sido tan terca, ¿Hubo diferencia? No.
Iguál te mueres... Encontraremos a lady Darjeeling y la haremos parte de las
Muchas... - habló Ángela en la obscura lengia del culto aún masticando la carne
de Harlyn.
Anneliesse se giró
hacia ambas, dobló las hojas y las guardó en su chaqueta rasgada cerrándola.
~ Pudiste ser parte de
algo grande. - dijo condenatoriamente Anneliesse sacando sus garras abriendo la
casaca de la cadete hundiendole después las garras en el ombligo.
Harlym boqueó lanzando
un gorgoteo enloquecido, guturál y dantesco, Anneliesse np se detovo hasta
torcer el codo, los ojos de la cadete se desorbitaron a la vez que su rostro se
desencajaba al sentír dentro de su pecho la garra abriéndose paso hasta cerrar
sus largas uñas en su acelerado y palpitante corazón, cuando Anneließe tironeó
de un jalón aquél trémulo músculo, la realidad de la cadete se trastocó
fluctuando a una locura insoportable que la despjaba de voluntad.
Un tronído resonó antes
de que la zarpa comenzara a deslizarse hacia afuera de ella aferrando con furia
aquél órgano pulsante y sangrante.
Harlyn se precipitó en
un pozo negro aunque no lo suficientemente rápido para perderse el espectáculo
de Anneliesse y Ángela dándole mordiscos a su dolorido corazón.
~
VII ~
Nadie sabía que Saint
Gloriana estaba muerta aquella mañana. Nada lo hacía preveér, la gente fue de
sus casas a sus ocupaciones como todos los días, las ilustres hijas de la
pérfida Albión asistieron al liceo académico como día tras día, nadie había
notado que la guardia nocturna, tras ser unidas a la cofradía, volvieron a la
vida atacando y agregando a su causa a la guardia matutina.
Para el mediodía,
varias guardias ojerosas, de rojos ojos enfermos, de pálidas faces y paso
vacilante salieron de paseo encontrándose con las liderezas de los clubes,
cuando el sol mandaba unos últimos destellos de oro y sangre sobre las aguas,
la primera parte del plan había sido alcanzado, Darjeeling había facilitado
tanto aquéllo. Miho sonrió al recibír el mensaje mentál de Ángela, pronto no
tendrían uno sino dos nidos para mayor gloria de Mater Neydn.
~ Alabada sea... -
pensó Miho, un creciente murmullo de recién llegadas al clán repitió el mensaje
como la feligrecía corearía el "Amén".
~
VIII ~
Kay fue puesta en un
cómodo cuarto junto a Darjeeling.
Dentro del salón había
una austera aunque interesante otomana con una mesita llena de libros.
~ Vaya, Fiodr
Dostoiewsky... - Observó Kay.
~ Preferiría leer al
bardo inmortál.
A la sola mención de la
inmortalidad Kay se estremeció lanzando una risita extraña, insana y guturál
que escapó de su garganta.
~ ¿Kay?
~ Disculpa mi faux
pass, darling, es que no pude evitar pensar... En la inmortalidad...
~ ¿Qué ocurre en la
Oarai? - preguntó la chica inglesa.
~ Sea lo que sea... No
son humanas... No pueden serlo. - Kay no quiso decirle que quizás Saint
Gloriana estuviese cayendo victima de aquello, aunque, según la lógica de la
norteaméricana, aquellos seres animalescos debían tener alguna habilidad u
conciencia que las dotaba de sigilo, hasta que, claro, fuese amargamente tarde.
Nonna apareció por la
puerta, iba sola.
~ Deberé escuchar
previamente lo que deban decir para decidir si informarle o no a Katlyushka, ya
que han solicitado asilo y no han demostrado hostilidad, Pravda acepta escuchar
sus argumentos, pero tengan cuidado de engañarnos.
~ Completamente claro.
IX
~ ¡Naga amus! - Rugió
Maluna a Yusuf, uno de sus soldados que había sugerido que, fingír la ejecución
de las B. U. G. S. Les acarrearía grandes pesares. - Las diosas pronto reinarán
en el agua, en la tierra y en los cielos, los occidentales están por ser
superados y no lo saben, no verán la mano ejecutora del verdugo cuando éste
afirme la soga a sus cuellos... No verán la mano destructora que los barra...
Yusuf y varios somalíes
dudaron pero, al ver el Kalashnikov cargado y sin seguro de su lidereza
decidieron callar, la leonesa somalí había rugido y los leones debían callar.

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